Los estudiantes españoles dependen más de sus familias y reciben menos apoyo público que los europeos

El 48,5% de los ingresos de los estudiantes de educación superior en España procede de sus familias, mientras que el apoyo público apenas representa el 6,9%, menos de la mitad de la media europea. Al mismo tiempo, estudiar resulta algo más caro en España que en el conjunto de los países europeos analizados y uno de cada cuatro estudiantes asegura afrontar dificultades financieras serias o muy serias.

Son algunos de los datos que dibujan la situación socioeconómica del alumnado de educación superior español a partir de los resultados de EUROSTUDENT 8, el estudio europeo que analiza las condiciones económicas y sociales de los estudiantes de 25 países entre 2021 y 2024.

El análisis de los datos para España, realizado por la Fundación CYD, muestra un sistema de educación superior con algunas características singulares respecto al conjunto europeo: mayor presencia de estudiantes de primera generación, una fuerte dependencia económica de las familias, menor apoyo público y problemas relacionados con el bienestar y el sentimiento de pertenencia.

La familia sostiene buena parte de los estudios universitarios

La dependencia económica de los progenitores es uno de los rasgos más destacados del alumnado español. El 51,2% de los estudiantes de educación superior vive con sus padres, frente a un 21,7% que comparte piso con otras personas, un 17,6% que vive con su pareja o hijos, un 5,4% que vive solo y un 4,1% que reside en una residencia universitaria.

España se encuentra así entre los países europeos donde más estudiantes viven con sus progenitores, solo por detrás de Azerbaiyán, Georgia y Malta. Al mismo tiempo, el uso de residencias universitarias es uno de los más bajos de toda la muestra.

“España se sitúa entre los países europeos con una mayor proporción de estudiantes de educación superior que viven con sus padres, sólo superada por Azerbaiyán, Georgia y Malta. Además, el uso de las residencias universitarias es el más bajo de todos los países participantes junto a Malta, lo que podría estar relacionado con una menor disponibilidad de este tipo de alojamiento. Compartir piso con otras personas se convierte en la principal vía de emancipación, con uno de los porcentajes más altos de la muestra europea”, explica Alejandra Suárez Gironza, del gabinete técnico de la Fundación CYD.

La dependencia familiar también aparece cuando se analiza de dónde procede el dinero para afrontar los estudios y la vida cotidiana. La contribución familiar representa el 48,5% de los ingresos del alumnado español, mientras que los ingresos propios alcanzan el 39,7%.

El apoyo público, en cambio, supone únicamente el 6,9% de los ingresos, frente al 14% de media en Europa.

Estudiar en España cuesta más, pero el apoyo público es menor

El gasto medio mensual de un estudiante de educación superior español asciende a 1.148 euros, una cifra que incluye vivienda, alimentación, transporte, actividades sociales y ocio y los costes relacionados con los estudios.

La cantidad supera los 1.112 euros de media registrados en los países europeos participantes en EUROSTUDENT 8.

Además, el 47,1% de ese gasto se financia mediante transferencias de personas del entorno del estudiante, lo que sitúa a España como el cuarto país de la muestra con mayor proporción de gastos financiados de esta manera.

Esta estructura económica tiene consecuencias. El 24,8% del alumnado español afirma afrontar dificultades financieras serias o muy serias para cubrir sus necesidades materiales, un porcentaje similar al promedio europeo.

El empleo tampoco compensa completamente esta dependencia. España presenta una de las tasas de empleo estudiantil más bajas del conjunto analizado y solo el 33,3% del alumnado trabaja de forma continuada durante el curso.

Más estudiantes de primera generación llegan a la educación superior

El estudio muestra, sin embargo, otra característica relevante del sistema español: la presencia de estudiantes cuyos padres tienen un nivel educativo bajo es mayor que en la mayoría de países europeos.

El 14,6% del alumnado de educación superior procede de familias cuyos progenitores cuentan, como máximo, con estudios obligatorios. El porcentaje duplica la media europea. En el extremo contrario, solo el 28,9% tiene progenitores con estudios universitarios, frente a cerca del 50% de media en Europa.

“En comparación con la mayoría de los países europeos, el estudiantado español procede con mayor frecuencia de familias con menor nivel educativo, lo que sugiere una mayor presencia potencial de estudiantes de primera generación en la educación superior”, señala Alejandra Suárez Gironza.

El acceso a la educación superior se produce además a una edad relativamente temprana: el 77,9% de los estudiantes tiene menos de 20 años.

El sistema español presenta, en cambio, un menor grado de internacionalización. Solo el 4,1% del alumnado que accede a la educación superior cuenta con estudios acreditados en otro país. El 81% no presenta antecedentes migratorios y los estudiantes de primera generación nacidos en otro país representan el 10,2%, frente al 12,5% de media europea.

El bienestar de los estudiantes también muestra señales de alerta

Los problemas no se limitan a la economía. Los datos de EUROSTUDENT 8 muestran también diferencias importantes en la percepción que tienen los estudiantes españoles sobre su experiencia en la educación superior.

El 31,4% afirma sentir que no encaja en este nivel educativo, la proporción más alta de los países europeos analizados y prácticamente el doble de la media europea, situada en el 18,3%.

Además, el 31,9% declara haber sufrido situaciones de discriminación, mientras que el 36,9% asegura haber experimentado comportamientos hostiles durante el último año.

Pese a estos indicadores, la intención de abandonar los estudios en España se mantiene en niveles similares a la media europea, con un 8,3%.

La percepción sobre la propia salud tampoco resulta especialmente positiva. Solo el 54% de los estudiantes españoles califica su estado de salud general como bueno o muy bueno, situándose entre las valoraciones más bajas de la muestra.

El 23,8% declara tener alguna discapacidad, problema de salud o limitación funcional. Entre estos estudiantes, el 43,4% considera “nada suficiente” el apoyo que recibe.

Una universidad más accesible, pero todavía muy apoyada en las familias

Los datos dibujan así una situación con varias caras. Por una parte, España presenta una proporción elevada de estudiantes procedentes de familias con menor nivel educativo, lo que apunta a una mayor presencia de jóvenes que son la primera generación de sus familias en acceder a la educación superior.

Pero, por otra, la permanencia en la universidad continúa descansando en gran medida sobre los recursos familiares. Los estudiantes españoles gastan de media más que el promedio europeo y reciben un apoyo público considerablemente menor.

A esto se suman problemas relacionados con el sentimiento de pertenencia, la discriminación, la salud y el apoyo a estudiantes con discapacidad o problemas de salud.

“El nuevo análisis de la Fundación CYD sobre la situación socioeconómica del estudiantado de educación superior muestra que el acceso y la permanencia en la educación superior en España descansan en mayor medida sobre los recursos familiares que sobre los mecanismos públicos de apoyo; y que persisten desafíos en ámbitos como el bienestar, el sentimiento de pertenencia, la inclusión y el apoyo al estudiantado. En conjunto, estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de reforzar las políticas orientadas a garantizar una experiencia educativa más equitativa, inclusiva y de mayor calidad”, concluye Alejandra Suárez Gironza, autora del estudio.