Manuel Palomar: «La universidad debe aportar la interacción humana que no da la IA»

Ex rector de la Universidad de Alicante (UA), una de las voces más autorizadas a nivel nacional en el área de tecnología del lenguaje y director del Centro de Inteligencia Digital de la Provincia de Alicante (CENID), Manuel Palomar, está convencido de que la inteligencia artificial va a dar un impulso al conocimiento como nunca antes se había visto.

Manuel Palomar.

Reconoce el avance y la aceleración que permite en la parcela científica; asimismo, remarca la nueva etapa que abre en el aprendizaje, como «copiloto» de un proceso de enseñanza diferente, en el que el alumnado se marca sus tiempos y el profesorado cambia su papel: deja de ser el tenedor del conocimiento, para transformarse en un impulsor del debate y del pensamiento crítico.

En esta entrevista, Manuel Palomar reflexiona sobre el impacto de la inteligencia artificial sobre la universidad y de cómo las instituciones académicas pueden aprovechar esta revolución tecnológica.

Pregunta. La inteligencia artificial ha llegado para quedarse, ¿las universidades están preparadas?

Respuesta. Todas las universidades tienen en mente la IA y están llevando a cabo cambios importantes en el nuevo modelo de la universidad.

P. ¿Cuál es la mayor transformación que debe afrontar la universidad en la era de la IA?

R. La universidad debe cambiar el sentido propio de la universidad, porque ahora mismo, con todas estas herramientas un estudiante puede pensar que no tiene sentido ingresar en la universidad, porque tiene todo el conocimiento a su alcance. La universidad tiene que aportar algo diferente a lo que da la inteligencia artificial: la interacción humana, la experiencia, la investigación, el pensamiento crítico, las redes profesionales y todo lo que tiene que ver con la formación de una identidad intelectual del estudiante.

P. ¿Cómo debe utilizarse en el proceso de aprendizaje?

R. Cualquier herramienta de inteligencia artificial debe ser usada como un copiloto del proceso educativo. Ahora, esta tecnología ha cambiado el proceso tradicional de la enseñanza: el profesor explica, el estudiante estudia y demuestra sus conocimientos en un examen. Esto ya no existe, porque se ha multiplicado el acceso al conocimiento. Ahora hay menos transmisión por parte del profesor y hay más criterio, más discusión, más transmisión de experiencia y hay más pensamiento crítico.

P. ¿Cuál es el mayor cambio introducido por la IA?

R. El acceso al conocimiento, que no es a través del profesor. Tiene que haber menos explicación, más criterio, más orientación sobre la búsqueda de información, más orientación sobre el manejo de los modelos… hay que discutir más y llegar a un modelo de interacción.

P. Si cambia la forma de aprender también debe hacerlo la de evaluar, ¿de qué forma?

El gran cambio es que a mí ya no me interesa lo que el estudiante sabe, sino lo que puede hacer con lo que conoce. Si la inteligencia artificial es capaz de programar, resolver ejercicios mejor que cualquier persona, la evaluación tradicional pierde su sentido. Hay que hacer evaluaciones distintas para que el alumno resuelva problemas reales con la ayuda de la inteligencia artificial, para que haga presentaciones orales, para que haga tareas en clase y para que utilice el razonamiento.

P. ¿Qué cambios a nivel normativo debe impulsar la universidad para adaptarse a la nueva tecnología?

R. Para la adaptación del modelo educativo y la forma de enseñar no es necesario que haya un cambio normativo. Eso depende de los profesores y áreas de conocimiento. Con la evaluación ocurre lo mismo. Y en la investigación ya se está aplicando.

La resistencia puede estar en la gestión universitaria. Es necesario aplicar los modelos de inteligencia artificial para el manejo de grandes volúmenes de datos, los contratos…

P. ¿Qué está suponiendo para la investigación?

R. En el plano de la investigación, la inteligencia artificial ha permitido un avance y una aceleración en el proceso científico sin precedentes. El uso de la IA generativa para la búsqueda de bibliografía, análisis de documentos, explorar datos, generar códigos, buscar variables, resumir artículos… ha resultado en un aumento brutal de la productividad científica.

Por ejemplo, cuando yo hacía mi tesis en los años 90 tardaba meses en hacer una revisión bibliográfica; ahora, esa misma revisión bibliográfica la puedo hacer en diez o quince minutos.

Ahora, Europa ha impulsado convocatoria Inteligencia Artificial para la Ciencia, para el desarrollo de infraestructuras de apoyo a la ciencia y eso se está aplicando en todas las universidades. Nosotros lo aplicamos en Alicante.