José Calvo: «La novela histórica exige libertad para ficcionar, pero jamás para alterar los hechos»

Una novela histórica puede inventar personajes, situaciones y diálogos, pero hay una frontera que la ficción no debería cruzar: alterar los hechos que conocemos del pasado. Esa es una de las principales reflexiones planteadas por José Calvo, doctor en Historia Moderna por la Universidad de Granada (UGR) y director del encuentro Historia y novela histórica, celebrado en Jerez de la Frontera dentro de los Cursos de Verano de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), en colaboración con el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera y la Universidad de Cádiz (UCA).

José Calvo.

La cuestión parece sencilla, pero encierra uno de los grandes desafíos del género: ¿cómo puede un escritor contar una historia que mantenga al lector en vilo cuando ese lector ya conoce el desenlace? Y, al mismo tiempo, ¿cuánta libertad puede permitirse la literatura cuando reconstruye una época real?

Para Calvo, la respuesta pasa por distinguir claramente entre la investigación histórica y la creación literaria.

«En un libro de historia no se puede alterar lo que la documentación y los medios arqueológicos señalan. El historiador tiene la obligación de ser honrado y transmitir al público únicamente aquello que la documentación le permite afirmar», explica el especialista.

La novela histórica funciona con reglas diferentes. En ella existe un espacio mucho mayor para la imaginación, pero ese margen tiene límites cuando la narración se presenta como una recreación de acontecimientos reales.

«Existe mucha más libertad para ficcionar y crear elementos no reales», señala Calvo. Sin embargo, añade una condición: «El límite que no se puede cruzar jamás en una novela histórica es alterar el hecho histórico. Aunque se puedan escribir ucronías sobre lo que habría ocurrido si el pasado hubiese sido distinto, en la novela histórica hay que mantenerse fiel al acontecimiento real».

El reto de contar una historia cuyo final ya conocemos

La fidelidad histórica plantea, paradójicamente, un problema específicamente literario. Si el lector conoce el acontecimiento que sirve de escenario a la novela, conoce también buena parte de su desenlace.

«El lector que conoce la historia sabe de antemano el final del acontecimiento, por lo que el autor debe valerse de todos sus recursos narrativos para mantener la atención», apunta el historiador.

La clave está, por tanto, en que la novela no necesita modificar el acontecimiento histórico para resultar imprevisible. Puede construir la tensión alrededor de los personajes, sus conflictos, sus decisiones y las circunstancias que rodearon los hechos.

El escritor puede imaginar aquello que la documentación no recoge, pero debe hacerlo sin convertir la ficción en una falsificación del pasado.

El peligro de mirar el pasado con los ojos del presente

Otro de los riesgos que plantea la novela histórica es el anacronismo: introducir en una época determinada valores, comportamientos o formas de pensar propios de otro momento histórico.

«Una buena novela histórica debe enmarcar la acción dentro del marco real en el que se produce. Se pueden introducir personajes ficticios, pero estos deben estar ambientados según los valores y el perfil de su época. Por ejemplo, en el siglo XV el honor era un valor predominante, mientras que en el siglo XXI prima el dinero», expone Calvo.

La cuestión no afecta únicamente a los comportamientos. El historiador considera necesario respetar también el lenguaje, la espiritualidad y la mentalidad de cada época, evitando juzgar a las personas del pasado exclusivamente desde los valores del presente.

Ese ejercicio puede resultar incómodo, pero es precisamente una de las dificultades de recrear históricamente una sociedad: comprenderla dentro de las circunstancias en las que existió, en lugar de trasladar automáticamente las categorías actuales a varios siglos atrás.

Cuando la novela histórica también combate los mitos

Calvo utiliza sus propias obras para explicar cómo puede abordarse este compromiso con el rigor histórico. En La ruta infinita, recuerda el reto de poner el foco en Juan Sebastián Elcano como artífice de la primera vuelta al mundo después de la muerte de Magallanes.

También reivindica una lectura alejada de determinados relatos simplificados sobre la Guerra de Sucesión: «No fue una guerra de España contra Cataluña, sino un conflicto dinástico y civil por situar en el trono a un Borbón o a un Austria».

Más allá de la interpretación que cada lector pueda hacer de estos episodios, el ejemplo sirve para ilustrar uno de los problemas que aparecen cuando la ficción histórica se encuentra con una memoria histórica cargada de relatos posteriores: una novela puede ser imaginativa, pero no debería utilizar la ficción para presentar como hechos realidades que la documentación histórica no sostiene.

«El historiador no puede tomarse las libertades del novelista, pero el novelista histórico sabe que está condicionado a ser estrictamente respetuoso con los hechos acaecidos», resume Calvo.

Una forma de acercarse a la historia de España

Para el director del encuentro, la literatura puede desempeñar además un papel relevante a la hora de acercar el pasado al público.

«La lección principal que debemos extraer es reivindicar los momentos particularmente brillantes de nuestra historia apasionante sin quedarnos únicamente en los momentos oscuros. Somos herederos de un pasado extraordinario del cual no debemos sentirnos avergonzados, sino aprender a poner en valor lo que hicieron nuestros antepasados», concluye.

La relación entre universidad, historiografía y literatura de consumo masivo es precisamente uno de los elementos que la UNIA pretende poner sobre la mesa con este tipo de encuentros. La novela histórica puede llevar a millones de lectores hacia determinados periodos y personajes, pero esa capacidad divulgativa también plantea una responsabilidad: buena parte del público puede acercarse al pasado a través de la ficción antes que mediante un libro de historia.

Por eso, conocer dónde termina la documentación y dónde comienza la imaginación resulta especialmente importante.

Historia y novela histórica, un diálogo entre escritores e historiadores

El encuentro Historia y novela histórica se celebra del 15 al 17 de septiembre dentro de los Cursos de Verano de la UNIA en Jerez de la Frontera. Su objetivo es analizar la importancia del elemento histórico, además del literario, en las novelas de este género y abordar hasta dónde llega la libertad del escritor cuando recrea acontecimientos históricos.

El programa reúne a escritores como Javier Moro, Luis Zueco Jiménez, Rosario Raro, Sandra Aza, Gonzalo Giner, Francisco Javier Negrete y Jorge Molist, junto a docentes universitarios como Gloria Lora, de la Universidad de Sevilla (US), y José Luis Corral Lafuente, de la Universidad de Zaragoza (UNIZAR).

El debate plantea, en definitiva, una cuestión que va mucho más allá de las novelas: cómo contamos el pasado cuando necesitamos hacerlo atractivo sin dejar de respetar aquello que realmente ocurrió. La literatura puede llenar los huecos que deja la documentación, imaginar personajes y construir emociones. Pero, cuando se presenta como novela histórica, el pasado real sigue siendo el marco que no debería desaparecer bajo la ficción.