Especialistas analizan en la UJA el aprendizaje-servicio universitario y cómo llevar el conocimiento de las aulas a los problemas reales

El aprendizaje universitario no termina en el aula. Puede continuar en un barrio, una asociación, un colectivo vulnerable o cualquier otro espacio donde exista una necesidad social a la que aplicar los conocimientos adquiridos durante una carrera o un máster. Esa es la idea que centra el II Congreso Internacional de la Red Andaluza de Aprendizaje-Servicio Universitario (ApSU), que reúne en la Universidad de Jaén a profesorado, estudiantado, personal técnico y entidades sociales y comunitarias.

El objetivo de este modelo es conectar la formación académica con las necesidades de la sociedad y convertir el conocimiento en una herramienta para intervenir sobre problemas reales. Pero el aprendizaje-servicio universitario persigue algo más que aplicar conocimientos: busca que el alumnado desarrolle empatía, pensamiento crítico, responsabilidad social y compromiso ciudadano.

El rector de la Universidad de Jaén, Nicolás Ruiz, lo ha definido como “el proceso por el cual el conocimiento arraiga en el suelo real de nuestra sociedad, hunde sus raíces en los problemas de la comunidad y aprende a resistir los embates del mundo cotidiano”.

“Podemos compartir que el aprendizaje no es pleno cuando se queda encerrado entre las paredes del aula; el verdadero aprendizaje fructifica cuando sus raíces se entrelazan con el territorio y nutre a las personas que lo habitan”, ha apuntado.

Del aprendizaje académico al aprendizaje ético

Una de las principales aportaciones del aprendizaje-servicio universitario es precisamente ampliar el concepto de formación. El estudiante no solo adquiere conocimientos relacionados con su futura profesión, sino que aprende a utilizarlos para responder a necesidades concretas de su entorno.

Nicolás Ruiz considera que esta metodología aporta algo “inestimable” a la enseñanza universitaria: transformar el aprendizaje académico en aprendizaje ético.

“Cuando un estudiante aplica lo aprendido en su grado o máster para mejorar la vida de un colectivo vulnerable o para dar respuesta a una necesidad comunitaria, no solo está fijando conocimientos teóricos, sino que está desarrollando empatía, sentido crítico y responsabilidad cívica. No solo aprende una profesión; aprende a ser un ciudadano/a global. Tenemos claro que el conocimiento cobra su verdadero valor por la capacidad que tiene de florecer e impactar en los demás”.

La propuesta conecta así la formación universitaria con una idea de universidad abierta a su entorno. Tanto la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) como la Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible plantean el papel de las universidades como instituciones capaces de establecer alianzas con actores locales y promover la inclusión y la justicia social.

Universidad y voluntariado: dos caminos que se complementan

El aprendizaje-servicio también mantiene una relación estrecha con el voluntariado universitario. La experiencia de participar directamente en iniciativas sociales permite al alumnado conocer realidades diferentes a las que encuentra en el entorno académico y poner sus conocimientos al servicio de otras personas.

La delegada territorial de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía, Ángela Hidalgo, ha afirmado que “desde la Junta de Andalucía entendemos el voluntariado como una expresión fundamental de la participación y de la solidaridad ciudadana”.

“En nuestras universidades, además, el voluntariado constituye una oportunidad extraordinaria para que los estudiantes conozcan de primera mano otras realidades, se acerquen a personas y colectivos que necesitan apoyo y desarrollen una ciudadanía activa y comprometida. El aprendizaje-servicio viene a reforzar esa dimensión porque el voluntariado aporta algo esencial: la experiencia directa, la implicación y la voluntad de contribuir”.

En este sentido, Hidalgo ha explicado que voluntariado y aprendizaje-servicio se complementan y que esta es una de las razones por las que la Consejería de Servicios Sociales, Familias e Igualdad ha incorporado el aprendizaje-servicio como una línea de trabajo dentro del Observatorio Andaluz del Voluntariado Universitario.

La conexión entre ambas iniciativas permite que la participación social no quede desligada de la formación. El estudiante puede implicarse en una necesidad concreta de su comunidad y, al mismo tiempo, desarrollar competencias relacionadas con sus estudios.

Una universidad conectada con su territorio

El modelo parte de una premisa: el conocimiento adquiere valor cuando puede aplicarse para mejorar la realidad que rodea a quienes lo generan y reciben.

Por eso, los proyectos de aprendizaje-servicio requieren la colaboración entre diferentes actores. El alumnado y el profesorado aportan el conocimiento universitario; las entidades sociales y comunitarias conocen las necesidades sobre el terreno; y las administraciones pueden contribuir a articular y sostener estas iniciativas.

El II Congreso Internacional de la Red Andaluza de Aprendizaje-Servicio Universitario pone precisamente el foco en estas alianzas. Bajo el lema ‘Responsabilidad Social Universitaria y ApSU: alianzas para una ciudadanía global sostenible’, el encuentro plantea un espacio de comunicación entre profesorado, estudiantado, personal técnico de gestión y administración y servicios, y las entidades sociales y comunitarias que colaboran con las universidades andaluzas.

La apuesta se enmarca además en el Año Internacional del Voluntariado 2026, cuyo lema es ‘El voluntariado para el Desarrollo Sostenible’.

El aprendizaje-servicio busca formar ciudadanos, no solo profesionales

El Aprendizaje-Servicio Universitario fue institucionalizado por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas en 2015 como una estrategia vinculada a la Responsabilidad Social Universitaria. Su finalidad es reforzar el compromiso cívico tanto del profesorado como del alumnado mediante actividades curriculares relacionadas con la sostenibilidad social y el desarrollo de competencias para actuar con responsabilidad social y ética.

La propuesta plantea, por tanto, una transformación de la propia idea de aprendizaje. Una carrera universitaria puede proporcionar conocimientos para ejercer una profesión, pero el contacto con problemas sociales puede ayudar a comprender para qué y para quién se utilizan esos conocimientos.

Ese es el debate que atraviesa el congreso de la Red Andaluza de Aprendizaje-Servicio Universitario: cómo conseguir que la universidad mantenga una relación más estrecha con su entorno y que el conocimiento académico no permanezca encerrado entre las paredes del aula, sino que pueda convertirse también en una herramienta de participación, compromiso y transformación social.