La inteligencia artificial obliga a la universidad a reinventarse: cambia la forma de enseñar, estudiar y evaluar

Las universidades quedan descolocadas ante el impacto de la inteligencia artificial. Esta tecnología abre la puerta a un nuevo modelo que puede ser exitoso si las instituciones académicas saben aprovecharlo.

El 89 por ciento de los estudiantes universitarios reconoce el uso habitual de las herramientas de inteligencia artificial en su rutina académica. Estas herramientas han abierto una nueva etapa para la universidad, que necesita un cambio urgente de modelo. ¿Está preparada la universidad española para la transformación que plantea la inteligencia artificial? Para muchos, llega tarde y, si no se apresura, puede haber otras instancias que le quiten su papel como garante del conocimiento.

La inteligencia artificial ha dinamitado la manera habitual de estudiar, redactar textos e incluso investigar. Pone al alcance de alumnado y docentes un sinfín de posibilidades: personalización de la enseñanza, aprendizaje colaborativo con máquinas y un tutor disponible las 24 horas del día para resolver cualquier duda. Las distintas variantes de inteligencia artificial generativa representan una oportunidad como pocas veces se ha presentado en la historia para potenciar el conocimiento.

Pero la reacción de las universidades no fue la esperada. Tal transformación llevó a las instituciones académicas a reaccionar con preocupación y a tratar de limitar su uso para velar por la integridad académica. Tras los primeros intentos de restringir su utilización, llegó una reflexión que ha derivado en una apertura a esta tecnología en la dinámica de las clases, así como en el trabajo individual de los estudiantes. Asimismo, entendieron su obligación de formar al alumnado en el uso de una tecnología que ya es una realidad en las empresas.

La inteligencia artificial supone la culminación del proceso de adopción de la tecnología digital acelerado con la pandemia. Sin embargo, su calado trasciende la adopción de una serie de herramientas. Abre la puerta a un nuevo paradigma lleno de dudas y una sola certeza: la inteligencia artificial transformará profundamente el modelo de universidad actual y abrirá una etapa nueva para la que hay que estar preparado.

Andrés Pedreño.

La inteligencia artificial pone en cuestión el modelo tradicional de universidad

Esta tecnología ha sumido a la universidad en una crisis como hacía décadas que no se recordaba. Ha terminado con una concepción de la universidad mantenida durante décadas y dejado anticuados los modelos docentes y de evaluación.

El exrector de la Universidad de Alicante (UA) y autor de El futuro de la IA, Andrés Pedreño, tiene claro que los modelos de inteligencia artificial y la actual inteligencia artificial agéntica han llegado para cambiar el modelo de universidad. Pero, para que esto ocurra, las instituciones deben pisar el acelerador y soltar mucho lastre.

«Tendríamos que ser lo suficientemente inteligentes y responsables para ver que nuestra universidad no es la del siglo XIX o la del XX, es una universidad digital. Debemos cambiar el paradigma. Las universidades se han convertido en diplodocus que se mueven lentamente, pero necesitamos hacer cambios valientes», afirma Andrés Pedreño.

La primera versión de ChatGPT se lanzó en noviembre de 2022. Entonces era poco más que un «loro estocástico», pero demostró que la inteligencia artificial tenía un gran dominio del lenguaje natural. La inteligencia artificial generativa ha evolucionado.

«Los modelos iniciales han evolucionado y han dado pasos de gigante hasta llegar a un cerebro central con toda la información de la humanidad, con el que podemos hacer tareas, automatizar procesos… La universidad no puede mirar hacia otro lado ante instrumentos de este tipo. No hay una sola razón que lo justifique», razona Pedreño.

La llegada de esta tecnología ha revolucionado las clases y la forma de aprender. Pero por sí misma es una herramienta vacía si no viene acompañada de un cambio en la actitud del profesorado.

El aula universitaria cambia con la inteligencia artificial

La inteligencia artificial facilita la implantación del aula invertida, una fórmula docente que devuelve el interés por las clases presenciales, que se transforman en espacios para el debate socrático, la contraposición de ideas y el aprendizaje colaborativo.

El director del Centro de Inteligencia Digital de Alicante (CENID) y exrector de la UA, Manuel Palomar, opina que la inteligencia artificial abre un tiempo nuevo en la universidad.

«Esta tecnología ha cambiado el proceso tradicional de la enseñanza: el profesor explica, el estudiante estudia y demuestra sus conocimientos en un examen. Ahora hay menos transmisión por parte del profesor y hay más criterio, más discusión, más transmisión de experiencia y hay más pensamiento crítico».

Ante esta realidad surge una duda: ¿el profesorado está preparado para este cambio de enfoque en su manera de enseñar y afrontar los contenidos en las clases universitarias?

¿El profesorado está preparado para el cambio implantado con la inteligencia artificial?

Buena parte de los especialistas consultados reconocen que se realizan esfuerzos, pero no los suficientes. Reclaman formación para el profesorado en el manejo de las herramientas de inteligencia artificial, pero, sobre todo, un cambio de mentalidad para adaptarse a la realidad que marcan estas aplicaciones.

El catedrático del Departamento de Informática de la Universidad de Almería (UAL), José Luis Guzmán Sánchez, opina que buena parte del profesorado se ha quedado atrás. Este profesor, que destaca a nivel internacional por sus trabajos en el ámbito del control automático, vio la importancia de incorporar la inteligencia artificial a sus clases.

Desde la aparición del primer ChatGPT y de herramientas similares, no solo permitió el uso de esta tecnología en sus clases, sino que potenció el trabajo conjunto con ella, porque se trata de una realidad a la que no se le puede dar la espalda, porque ya forma parte del trabajo diario en empresas e instituciones.

José Luis Guzmán es un firme defensor del aula invertida y del uso de la inteligencia artificial, y no teme al fraude.

«A la mayoría de los docentes les ha pasado por encima y no han sabido o querido adaptarse a tiempo. Se han quedado en su zona de confort, en un sistema docente que apenas ha cambiado en los últimos 15 o 20 años. Entonces, han optado por la prohibición. Pero se están equivocando», afirma José Luis Guzmán.

Cómo reaccionaron las universidades ante la inteligencia artificial

De forma generalizada, la primera reacción de las universidades ante la inteligencia artificial fue el miedo, principalmente porque se multiplicaron las posibilidades de fraude académico. Sin embargo, esa postura se corresponde con la solución fácil y las universidades deben explorar respuestas complejas.

José Luis Guzmán.

En la polémica por el uso de estas herramientas en la universidad se ha señalado claramente al alumnado, al que de forma generalizada se le ha tratado como sospechoso de hacer un uso poco ético de la tecnología. Sin embargo, no se ha puesto el foco en parte del profesorado, que ha llegado tarde a un cambio que le ha superado.

«Nos enfrentamos a unas generaciones que vienen de un uso digital masivo, debemos intentar estar a su altura y motivarlos para que hagan uso de los recursos digitales de forma adecuada y tratar de que activen el pensamiento crítico, que aprendan a trabajar en equipo, a explotar la creatividad. Aparte, los profesores debemos motivarlos y enseñarles el valor del esfuerzo y el sacrificio como medio para alcanzar las metas», añade José Luis Guzmán.

La inteligencia artificial obliga a cambiar la evaluación universitaria

Otra de las cuestiones que más preocupan es la del sistema de evaluación universitario, porque ya no tiene sentido mantener el mismo modelo en una época en la que la inteligencia artificial resuelve problemas mejor que cualquier ser humano.

Manuel Palomar está convencido de que se necesitan estrategias nuevas, para pasar del qué sabe el alumno al qué sabe hacer con lo que conoce.

«Si la inteligencia artificial es capaz de programar, resolver ejercicios mejor que cualquier persona, la evaluación tradicional pierde su sentido. Hay que hacer evaluaciones distintas para que el alumno resuelva problemas reales con la ayuda de la inteligencia artificial, para que haga presentaciones orales, para que haga tareas en clase y para que utilice el razonamiento», añade el director del CENID.

El debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en la universidad está abierto y a él se están sumando diferentes instituciones universitarias.

En un encuentro celebrado en Almería, la Red de Defensorías Universitarias de Andalucía (REDUAN) advirtió de que el cambio impulsado por estas herramientas es tan rápido que retrasar las decisiones puede dejar a las universidades sin capacidad para dirigir esta transformación.

Los defensores universitarios coincidieron en que la inteligencia artificial obliga a replantear aspectos esenciales de la educación superior. Entre ellos, los modelos docentes tradicionales, los sistemas de evaluación, la relación entre profesorado y alumnado e incluso la manera en la que se genera y valida el conocimiento científico.

El defensor universitario de la UAL, Bernardo Claros, remarcó la necesidad de «repensar de forma muy profunda cuál es el papel que en el futuro van a jugar las universidades, el papel de los docentes, el nuevo proceso de enseñanza-aprendizaje que la inteligencia artificial implanta».

Manuel Palomar.

La universidad debe ofrecer algo que la inteligencia artificial no puede sustituir

La universidad debe repensarse a sí misma hasta reinventarse, porque si no, puede verse superada por otras plataformas de aprendizaje que aportan el conocimiento que busca el estudiante.

«Ahora mismo, con todas estas herramientas un estudiante puede pensar que no tiene sentido ingresar en la universidad, porque tiene todo el conocimiento a su alcance. La universidad tiene que aportar algo diferente a lo que da la inteligencia artificial: la interacción humana, la experiencia, la investigación, el pensamiento crítico, las redes profesionales y todo lo que tiene que ver con la formación de una identidad intelectual del estudiante», afirma Manuel Palomar.

En este contexto, una decena de universidades, entre ellas las de Jaén, Alicante y Granada, han comenzado a marcar unas reglas definidas sobre el uso de estas herramientas en el aprendizaje y la investigación.

Han constituido ConfIA, la Red Interuniversitaria de Centros de Excelencia en Inteligencia Artificial Confiable y Responsable, una iniciativa que reúne a algunos de los principales centros de investigación en inteligencia artificial del país con el objetivo de fortalecer la colaboración científica, coordinar iniciativas estratégicas y contribuir al desarrollo de una inteligencia artificial responsable, confiable y alineada con los valores europeos.

La Universidad de Jaén apuesta por incorporar la IA a toda la comunidad universitaria

En el panorama universitario ha habido instituciones que apostaron desde un principio por la incorporación de la inteligencia artificial a todos sus procesos. La Universidad de Jaén (UJA) destacó en este sentido y fue la primera del país en solicitar a Google cuentas de pago para toda su comunidad universitaria: estudiantes, investigadores y personal de servicios.

Esta decisión ha sido seguida por otras instituciones académicas del país, que actualmente facilitan a sus respectivas comunidades un acceso privilegiado a estas herramientas.

El vicerrector de Formación Permanente, Tecnologías Educativas e Innovación Docente de la UJA, Francisco Roca, recuerda cómo los responsables de Google se echaron las manos a la cabeza cuando les pidió licencias para toda la comunidad universitaria: ninguna otra institución lo había hecho antes.

«Cuando llegamos al Rectorado, acababa de salir ChatGPT. En aquel entonces, los profesores nos pedían herramientas para prohibir o controlar el uso de la inteligencia artificial por parte de los alumnos. Nuestra respuesta fue que sí, que íbamos a dar herramientas, pero no para prohibirla, sino todo lo contrario», afirma Francisco Roca.

Desde la UJA entendieron que incorporarse a esta transformación era fundamental para no quedarse atrás y tener un papel protagonista en el proceso de transformación profunda por el que atraviesa la universidad. Es más, los responsables de la UJA entendieron en ese momento la formación en inteligencia artificial como una «obligación ineludible» de la universidad.

A partir de entonces, el cambio experimentado en la institución ha sido notable. Ha permitido que el alumnado y el profesorado dispongan de herramientas propias inimaginables hace tan solo unos años.

«Con la inteligencia artificial se le da la vuelta al modelo de universidad. El alumnado tiene una capacidad de formarse o ayudarse en su formación como nunca. Ahora existe la posibilidad de una formación tan personalizada que con una buena orientación de los docentes se puede llegar más lejos. El cambio es radical», opina.

El modelo de uso de la inteligencia artificial de la UJA fue bautizado como GenIA y es tan innovador que el propio Google ha invitado a responsables de esta universidad para darlo a conocer en México, Reino Unido e Italia.

«La base de GENIA es la formación, porque estamos dando herramientas superpotentes para las que se necesita una preparación. El proyecto incluye grupos de trabajo, que haya retroalimentación entre los diferentes grupos. Esto hace que tengamos unos proyectos en docencia potentísimos».

Universidad de Málaga: una integración de la IA más prudente

La línea abierta por la UJA ha ido llegando a otras instituciones, pero no todas reciben esta tecnología con el mismo entusiasmo. Los recelos todavía están ahí.

Este es el caso de la Universidad de Málaga (UMA). La institución ha comenzado a regular el uso de la inteligencia artificial en todos sus ámbitos. Y lo ha hecho con dos objetivos claros: reducir las posibilidades de fraude y evitar la fuga de datos sensibles.

El delegado del Rector para las Tecnologías de la Información y Estrategia Digital de la UMA, Joaquín Canca, reconoce el cambio de modelo impulsado por esta tecnología, pero prefiere ser «prudente» en su implantación.

«Hace un año nos planteamos el uso de la IA y hemos creado un documento que es Modelo de Integración de la IA en la Universidad de Málaga, pero seguimos poniendo en valor el papel de lo humano. El uso de esta tecnología será prudente: no la vamos a prohibir, pero tampoco fomentar que se use en todas partes. Queremos que se haga un uso ético».

Joaquín Canca, en el centro de la imagen, durante la presentación de un aula de docencia avanzada en la UMA.

La UMA dispone de licencias para su comunidad universitaria con Microsoft y Google, que implican un compromiso de estas corporaciones para no usar las conversaciones generadas en la institución para entrenar sus modelos.

«El profesorado usa la IA para elaborar materiales docentes, pero insistimos en la seguridad y protección de datos», afirma Canca.

La preocupación por la seguridad y la protección de los datos es compartida por la profesora de la UMA, Violeta Cebrián. Esta especialista en didáctica dirigió el curso de verano de la Universidad Internacional de Andalucía, TecnologIA educativa, celebrado en Málaga, donde varios expertos reflexionaron sobre cómo esta tecnología cambiará la formación universitaria y del resto de etapas educativas.

Cebrián reconoce que el alumnado necesita una formación más técnica en el uso de la inteligencia artificial.

«Vemos que hacen preguntas muy genéricas, en vez de tener una idea inicial de lo que se tiene que hacer y cocrear el trabajo en colaboración con la inteligencia artificial».

Los universitarios ya utilizan la inteligencia artificial para estudiar

Los egresados el pasado junio fueron la primera promoción que ha estudiado con la inteligencia artificial, pero, debido a la novedad de esta herramienta, la falta de formación y las trabas encontradas, no han podido sacarle todo el partido a esta tecnología.

No obstante, la emplearon para resolver dudas, recopilar información, redactar o corregir textos, planificar tareas académicas, generar contenido visual, traducir y programar, según el estudio Inteligencia Artificial y Universidad, elaborado por la Fundación CYD.

Este mismo documento recoge que las aplicaciones más usadas han sido ChatGPT, Gemini, generadores de presentaciones como Canva y herramientas de análisis de datos.

El dato refleja hasta qué punto la inteligencia artificial ya está integrada en la vida académica de los estudiantes. El debate, por tanto, ya no gira únicamente en torno a si las universidades deben permitir su uso, sino a cómo enseñar a utilizarla correctamente, cómo evaluar el aprendizaje y qué papel debe conservar el profesor.

La inteligencia artificial agéntica abre una nueva etapa

Las herramientas de inteligencia artificial evolucionan continuamente y en la actualidad ya ofrecen soluciones sorprendentes, como la denominada inteligencia artificial agéntica, que va mucho más allá de las conversaciones con ChatGPT.

La inteligencia artificial agéntica permite crear diferentes agentes que trabajan de forma paralela. Por ejemplo, un agente se encarga de procesar la parte teórica, mientras que otro genera cuestiones y problemas de autoevaluación, y un tercero trabaja en la planificación del trabajo.

«El sistema trabaja solo, no necesitas interactuar con el chat y tú luego observas cómo trabajas. Es como si tienes a una persona que sintetiza la información en segundos, sacando esquemas, los puntos clave de la asignatura en base a la guía docente suministrada… y en frente, el estudiante hipotético que intercambia opiniones con ese otro agente como si fuera un profesor», explica José Luis Guzmán.

La inteligencia artificial ha abierto un nuevo capítulo en la historia de la universidad, unas instituciones que deben tomar un papel activo para no quedarse atrás y verse superadas por una tecnología que está cambiando el mundo.

Es un tiempo lleno de incertidumbres, pero también de certezas sobre la magnitud del cambio que se ha iniciado y el poder de esta tecnología para extender los límites del conocimiento, el aprendizaje y la investigación.

Vivir a espaldas de la inteligencia artificial no tiene sentido, pero hay que abrazarla con el mismo espíritu crítico, humano y transformador que las universidades han sabido aportar a lo largo de sus siglos de historia.