Los líquenes revelan la dispersión de cobre y zinc procedente plantas de reciclaje de neumáticos y cable

El reciclaje permite recuperar materias primas y reducir residuos, pero algunos procesos también pueden generar impactos ambientales. Un estudio de la Universidad de León (ULE) ha detectado una acumulación anómala de metales como cobre, zinc y aluminio en los alrededores de una planta de reciclaje de neumáticos y cables eléctricos situada cerca de la ciudad de León.

Líquenes ubicado en el entorno de la planta de reciclaje que asoma al fondo de la imagen.

La investigación, realizada por el grupo Taxonomía y Conservación de la Biodiversidad (TACOBI) de la Universidad de León, ha permitido reconstruir mediante líquenes como bioindicadores de contaminación cómo se dispersan las partículas metálicas procedentes de la instalación.

Los resultados muestran que la concentración de metales aumenta cuanto menor es la distancia a la planta de reciclaje, aunque cada elemento presenta un comportamiento diferente. El cobre destaca especialmente por las elevadas concentraciones detectadas en las proximidades de la instalación.

El cobre es el metal que más se acumula cerca de la planta de reciclaje

El hallazgo más destacado de la investigación corresponde al cobre, cuyas concentraciones fueron extraordinariamente elevadas junto a la planta y superiores a las registradas habitualmente en otros estudios europeos sobre contaminación industrial.

La presencia de este metal está directamente relacionada con una de las materias primas que se recuperan en la instalación: los cables eléctricos. Estos contienen grandes cantidades de cobre, que debe separarse mecánicamente de los materiales plásticos durante el proceso de reciclaje.

«Ese triturado genera partículas microscópicas capaces de permanecer suspendidas en el aire y desplazarse con el viento antes de depositarse sobre la vegetación», explica Rubén Pérez González, investigador del grupo TACOBI de la Universidad de León.

El proceso de trituración mecánica de cables eléctricos se convierte así en uno de los puntos relevantes para entender la dispersión de partículas metálicas alrededor de la planta. Una parte de estas partículas puede quedar depositada sobre la vegetación y acumularse con el paso del tiempo.

Dispersión de los metales en el entorno de la planta de reciclaje.

El zinc procede en buena medida del reciclaje de neumáticos

El segundo metal que aparece en mayor concentración en los líquenes analizados es el zinc, un elemento utilizado en la fabricación de neumáticos.

El zinc interviene en la vulcanización del caucho, un proceso que mejora la resistencia y durabilidad de los neumáticos. Cuando estos productos llegan al final de su vida útil y son sometidos a procesos de trituración para su reciclaje, una parte del zinc puede volver al entorno en forma de partículas.

«Cuando esos neumáticos llegan al final de su vida útil y son triturados para su reciclaje, parte de ese zinc vuelve al medio ambiente en forma de partículas».

El estudio muestra, por tanto, que la recuperación de materiales procedentes de neumáticos y cables eléctricos puede generar emisiones de partículas que deben ser controladas para minimizar su impacto ambiental.

Los líquenes actúan como sensores naturales de la contaminación

Para estudiar la dispersión de metales contaminantes en el entorno de la planta de reciclaje, los investigadores de TACOBI recurrieron a un bioindicador natural: el liquen Evernia prunastri.

La elección de los líquenes no es casual. A diferencia de las plantas, estos organismos no tienen raíces que filtren los nutrientes del suelo ni hojas protegidas por una cutícula. Los elementos que necesitan para vivir los obtienen directamente de la atmósfera.

Esta particularidad hace que los líquenes sean especialmente útiles para estudiar la contaminación atmosférica. A medida que crecen, pueden acumular partículas y elementos químicos procedentes del aire durante meses o incluso años.

Por eso, los investigadores pueden utilizarlos como una especie de registro natural de la contaminación ambiental, capaz de proporcionar información sobre la exposición acumulada durante largos periodos.

Un experimento para comparar contaminación acumulada durante años y cuatro meses

El equipo de la Universidad de León diseñó un experimento que permitió observar la contaminación desde dos perspectivas.

Por una parte, recogieron líquenes que habían crecido durante años de forma natural alrededor de la fábrica. Estos ejemplares permitían conocer la acumulación de metales producida durante un periodo prolongado.

Por otra, trasladaron líquenes procedentes de un bosque sin contaminación y los colocaron durante cuatro meses en diferentes puntos del entorno industrial.

La comparación entre ambos grupos permitió determinar tanto la contaminación acumulada durante años como la cantidad de metales depositada en un periodo mucho más corto. Los resultados mostraron una relación clara entre la proximidad a la instalación y la presencia de metales.

«Cuanto más cerca se encontraban los líquenes de la planta, mayor era la concentración de metales», afirma Rubén Pérez. El patrón es compatible con la existencia de una fuente puntual de contaminación atmosférica, aunque los investigadores observaron diferencias en la forma en que cada elemento metálico se dispersaba por el entorno.

La contaminación no se distribuye de forma uniforme

La investigación no se ha limitado a determinar qué metales están presentes. Los científicos también han estudiado cómo se desplazan y distribuyen las partículas contaminantes alrededor de la planta de tratamiento de residuos.

Para ello utilizaron modelos estadísticos, mapas y técnicas de interpolación espacial, herramientas que permitieron representar la distribución de los contaminantes y establecer las zonas donde su presencia era mayor.

El resultado es un mapa de dispersión de metales en el entorno de la planta de reciclaje, que permite visualizar cómo las partículas pueden desplazarse desde la instalación y depositarse en sus alrededores.

La dispersión depende de diferentes factores, entre ellos las condiciones meteorológicas, el viento y las características de los procesos industriales. Por este motivo, la contaminación no presenta necesariamente una distribución homogénea alrededor de la fuente de emisión.

Líquenes empleados en el estudio.

El estudio no apunta necesariamente a un riesgo sanitario inmediato

Los investigadores llaman a interpretar los resultados con cautela. La presencia de concentraciones elevadas de determinados metales no significa necesariamente que exista un riesgo sanitario inmediato para las poblaciones cercanas.

Rubén Pérez señala, no obstante, la importancia de conocer estos procesos para poder reducir la emisión de partículas y limitar sus posibles efectos sobre la salud de los habitantes de la zona y los cultivos próximos a la industria.

El objetivo del estudio es precisamente llamar la atención sobre un aspecto menos conocido del reciclaje: los propios procesos de recuperación de materias primas también pueden generar impactos ambientales que deben ser vigilados y reducidos.

El coste ambiental del reciclaje también forma parte de la economía circular

Rubén Pérez González, investigador de la Universidad de León.

El trabajo de la Universidad de León plantea una cuestión que va más allá de una planta concreta: cómo conseguir que la economía circular sea cada vez más sostenible.

El reciclaje permite recuperar materiales que de otro modo terminarían como residuos y evita parte de la necesidad de extraer nuevas materias primas. Sin embargo, las operaciones necesarias para recuperar esos materiales —como la trituración, separación y manipulación— pueden producir polvo y partículas.

«El reciclaje evita la extracción de nuevas materias primas, reduce el volumen de residuos y disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero eso no significa que esté exento de impactos», afirma el investigador.

Por tanto, reciclar y reducir el impacto ambiental no son objetivos contrapuestos, sino dos partes de un mismo proceso. El reto está en conseguir que las instalaciones de recuperación de residuos reduzcan al mínimo las emisiones generadas durante sus operaciones.

En el caso estudiado por TACOBI, conocer la distribución de cobre, zinc, aluminio y otros elementos metálicos proporciona información útil para identificar los puntos de mayor impacto y plantear medidas de control.

La investigación de la Universidad de León pone así de manifiesto que la transición hacia una economía circular no termina con recuperar un material de un residuo. También es necesario controlar los impactos ambientales asociados a su tratamiento para avanzar hacia procesos de reciclaje más eficientes, sostenibles y seguros.