Durante unas horas, Marte ha estado un poco más cerca de Almería. El desierto de Tabernas ha servido este jueves como escenario para una de las campañas de pruebas con las que la Agencia Espacial Europea (ESA) prepara su próxima gran misión de exploración planetaria: ExoMars Rosalind Franklin.
Sobre el terreno almeriense se ha movido Charlie, un rover de seis ruedas que no viajará al planeta rojo, pero que tiene una misión fundamental: permitir que los equipos europeos comprueben en la Tierra cómo funcionarán algunas de las tecnologías y procedimientos que tendrá que utilizar Rosalind Franklin cuando llegue a Marte.
La campaña ha contado con la participación de la ESA, Airbus y otros socios europeos y ha puesto el foco en algunos de los problemas que plantea conducir y hacer ciencia con un vehículo situado a millones de kilómetros de distancia. Entre ellos están la navegación autónoma, la identificación de obstáculos, la selección de rutas y la ejecución de operaciones científicas.
Un rover al que se dirige desde Italia
Una de las claves de las pruebas realizadas en Tabernas ha sido precisamente reproducir la distancia que separará algún día a los científicos y operadores del vehículo.
Charlie ha recorrido el desierto almeriense mientras las operaciones se han coordinado desde Turín, en Italia. La experiencia permite comprobar cómo se comportan los sistemas cuando quienes manejan el rover no están a su lado y tienen que trabajar siguiendo procedimientos similares a los que se emplearán durante la misión marciana.
La navegación autónoma ocupa un lugar central en estos ensayos. Rosalind Franklin no podrá recibir instrucciones continuamente desde la Tierra, porque las comunicaciones entre nuestro planeta y Marte sufren un retraso de varios minutos.

El rover tendrá que tomar muchas decisiones por sí mismo. Deberá interpretar las imágenes que captan sus cámaras, reconocer obstáculos y calcular qué camino puede seguir con seguridad.
Rosalind Franklin está diseñado para avanzar unos 100 metros por sol marciano. Para hacerlo utilizará cámaras estereoscópicas capaces de construir mapas tridimensionales del terreno y ayudar al vehículo a elegir las rutas más adecuadas.
Perforar dos metros para buscar señales de vida
La gran misión de Rosalind Franklin comenzará, si se mantiene el calendario previsto, a finales de 2028, cuando está previsto su lanzamiento. El rover llegaría a Marte aproximadamente dos años después.
Su objetivo será estudiar el planeta en busca de posibles evidencias de vida pasada o presente. Y para hacerlo contará con una herramienta que lo diferencia de muchos otros vehículos enviados a Marte: un taladro capaz de penetrar hasta dos metros bajo la superficie.
La profundidad es importante porque la superficie marciana está sometida a radiación y a procesos químicos que pueden destruir moléculas orgánicas. Bajo tierra, en cambio, el material puede haber permanecido mejor protegido durante miles de millones de años.
Rosalind Franklin recogerá muestras del subsuelo y las llevará a su laboratorio interno, donde serán analizadas por diferentes instrumentos.
No se trata únicamente de buscar organismos vivos. Los científicos intentarán encontrar indicios que permitan determinar si en algún momento Marte tuvo condiciones adecuadas para la vida y si esas posibles señales han quedado conservadas en sus materiales.

Un antiguo Marte cubierto de agua
El destino del rover será Oxia Planum, una extensa región situada en Marte que presenta depósitos de arcillas formados en presencia de agua líquida en un pasado muy remoto.
Estas arcillas resultan especialmente interesantes porque pueden conservar información sobre las condiciones ambientales de aquella época. Estudios recientes han apuntado, además, que estos depósitos podrían ocupar una superficie mucho mayor de lo que se había calculado anteriormente.
La misión combinará diferentes técnicas para investigar la región. Rosalind Franklin contará con cámaras para observar el terreno, espectrómetros para conocer su composición, un radar capaz de estudiar lo que se encuentra bajo la superficie y un laboratorio para analizar las muestras obtenidas mediante perforación.
La combinación de todas estas herramientas permitirá estudiar Marte tanto desde el exterior como desde el subsuelo.

España también participa en la misión
La presencia de ExoMars en Almería tiene además un componente que va más allá de las pruebas realizadas en Tabernas. España participa directamente en el desarrollo de tecnología que viajará a Marte.
La empresa española Sener ha diseñado y fabricado las cuatro patas desplegables del módulo de aterrizaje de ExoMars. También ha participado en el sistema de separación y en diferentes componentes relacionados con el taladro del rover.
Las patas tendrán que soportar uno de los momentos más delicados de toda la misión: el aterrizaje. Para ello incorporan amortiguadores capaces de absorber parte del impacto y sensores que permiten detectar el instante en que la plataforma entra en contacto con el suelo.
La ESA ya ha probado estos sistemas con un modelo a escala real del módulo de aterrizaje. Las pruebas han incluido impactos sobre superficies duras y sobre materiales preparados para reproducir las características del terreno marciano.












