Un corredor ambiental lleno de buitres que es un ejemplo de turismo sostenible y está en España

La mayoría de las ocasiones resulta muy complicado alcanzar un equilibrio entre el disfrute de la naturaleza y su conservación. Basta que haya más visitantes de la cuenta, que se ocupen algunas zonas por error o el mismo estrés generado en los animales por la actividad humana, para que la armonía se vaya al traste. Un corredor ambiental en España, donde los buitres campan a sus anchas, es un ejemplo a nivel europeo de turismo sostenible y de que ese equilibrio puede alcanzarse.

 El Corredor Ambiental de Extremadura es una iniciativa liderada por la UNESCO que conecta cuatro territorios con un alto valor ecológico y cultural: la Reserva de la Biosfera de La Siberia, el Geoparque Mundial Villuercas-Ibores-Jara, la Reserva de la Biosfera de Monfragüe y la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Tajo/Tejo Internacional. Además, a estos se une el Real Monasterio de Guadalupe, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Un estudio reciente de la Universidad de Extremadura, realizado por Rocío Blanco Gregory, Marcelo Sánchez-Oro Sánchez y Margarita Calleja Aldana, del Grupo de Investigación DELSOS (Desarrollo Local y Sostenible) de la Facultad de Empresa, Finanzas y Turismo, analiza cómo la gobernanza turística puede convertirse en una herramienta clave para la sostenibilidad social y ambiental.

Corredor ambiental y modelo de turismo sostenible a nivel europeo

Tal y como explica una de sus autoras, Rocío Blanco, “un corredor ambiental es un área o zona que conecta espacios naturales valiosos para la flora y la fauna, y que facilita procesos ecológicos clave como el intercambio genético y la migración de especies. Mediante esta designación, la UNESCO busca promover el turismo sostenible y la conservación del medio ambiente, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de explorar la diversidad de ecosistemas de nuestra comunidad.”

De la necesidad de evaluar su gobernanza turística, es decir, la manera en que se gestiona y dirige el desarrollo turístico en estos territorios, surge el actual trabajo, que demuestra que una gobernanza participativa fortalece un desarrollo turístico sostenible.

Qué atrae a los visitantes

Para desentrañar los pormenores de este modelo de éxito en gestión ambiental, el grupo de la Universidad de Extremadura realizó más de 400 encuestas a turistas y a actores locales, y se organizaron cuatro grupos de discusión con agentes locales, como empresarios, técnicos municipales y responsables institucionales. El análisis permitió conocer tanto los patrones de comportamiento de los turistas como el grado de desarrollo de los mecanismos de gobernanza en cada territorio.

Los resultados muestran que la mayoría de los visitantes eligen estos destinos por su riqueza natural, su tranquilidad y la posibilidad de realizar actividades como senderismo, observación de aves o visitas a espacios patrimoniales. Los turistas suelen alojarse en casas rurales, organizar sus viajes en familia o en pareja y obtener información a través de Internet o por recomendación de conocidos. La experiencia global es valorada muy positivamente, especialmente en lo relativo al entorno natural, la gastronomía y la hospitalidad local.

Participación de actores locales en la toma de decisiones

En términos de gobernanza, los autores detectaron avances importantes en algunos aspectos, como la existencia de planes estratégicos turísticos y la celebración de consultas a actores locales en la elaboración de dichos planes. También se identifican mecanismos de coordinación entre sectores públicos y privados, aunque su desarrollo es desigual entre territorios.

En su estudio, los investigadores llaman la atención sobre la toma en cuenta de las posiciones de ayuntamientos, asociaciones empresariales, colectivos ciudadanos, técnicos de turismo y gestores de espacios protegidos, que participan en procesos de gobernanza colaborativa, lo cual aumenta la implicación de la comunidad local, promueve la equidad, fortalece la planificación estratégica y fomenta la cohesión territorial.

Sin embargo, también señalan desafíos pendientes, como la escasa atención a la diversidad funcional, es decir, la adecuación de la oferta turística a personas con discapacidades, así como la perspectiva de género. “Es necesaria una mayor inclusión de la perspectiva de género y la diversidad funcional, meta que podría lograrse con una financiación más adecuada, un impulso a la digitalización y una ampliación del compromiso institucional”, señala Rocío Blanco.

El trabajo destaca la importancia de una planificación turística inclusiva y coordinada para garantizar un desarrollo equilibrado y respetuoso con el entorno y las comunidades locales en estos territorios rurales.  “Creemos que sus resultados pueden aplicarse como modelo en otros territorios protegidos que busquen equilibrar turismo, naturaleza y sostenibilidad social”, concluye.