La historia de la Tierra está marcada por cambios radicales en las condiciones de vida, que han facilitado la supervivencia de unas especies frente a otras. Un caso paradigmático es el de los dinosaurios, que desaparecieron del planeta casi de la noche a la mañana y su retirada dio paso a la consolidación de formas de vida nuevas. Sin embargo, en la actualidad, un colapso de tal calibre o un cambio abrupto en las condiciones ambientales traería consigo un colapso ecológico, debido a la debilidad de los ecosistemas.

La fragilidad de los ecosistemas ambientales y su poca capacidad para recuperarse de una gran perturbación ha sido destacada en un trabajo realizado por un equipo de investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), que ha estudiado la capacidad de adaptación de los ecosistemas del pasado a cambios ambientales abruptos.
Los investigadores han detallado cómo los grandes herbívoros ha podido amoldarse a cambios tan bruscos como glaciaciones o grandes seísmos, a partir del estudio de más de 3.000 fósiles de especies extintas que habitaron el planeta en los últimos 60 millones de años, cuyos resultados se pueden consultar en un artículo publicado en Nature Communications.
Por qué los ecosistemas actuales no resistirían un cambio abrupto en las condiciones ambientales
En la actualidad, un cambio abrupto en las condiciones ambientales haría colapsar los ecosistemas, debido al acelerado ritmo de extinción de especies, responsable de que unos animales no puedan retomar las funciones ambientales que dejaron de hacer los que desaparecieron por el evento catastrófico.
“Parece que lo importante no es tanto mantener las especies sino sus funciones e interacciones con el sistema. El problema en la actualidad es que el ritmo de extinción es tan acelerado que estamos poniendo en peligro al ecosistema en su conjunto”, alerta el investigador del MNCN-CSIC, Juan L. Cantalapiedra.
Desde los mastodontes hasta los antiguos rinocerontes lanudos y ciervos gigantes, los grandes herbívoros han moldeado los paisajes terrestres durante millones de años. Con su manera de actuar y alimentarse moldean la vegetación, dispersan semillas e influyen en todo, desde la salud del suelo hasta los patrones de incendios forestales. Son auténticos ingenieros de los ecosistemas y su desaparición los debilita.
El equipo internacional que ha desarrollado la investigación ha analizado los registros fósiles de más de 3.000 especies de grandes herbívoros que habitaron el planeta en los últimos 60 millones de años. “Descubrimos que estos ecosistemas se mantuvieron sorprendentemente estables durante largos periodos de tiempo, incluso cuando las especies iban y venían”, explica Fernando Blanco, investigador de la Universidad de Gotemburgo. “Pero en dos ocasiones la presión ambiental fue tan intensa que todo el sistema sufrió una reorganización global que alteró permanentemente la estructura ecológica de las comunidades de grandes herbívoros”, continúa Blanco.

Dos grandes perturbaciones globales
En la historia del planeta se han producido dos grandes perturbaciones globales. El primer gran cambio ocurrió hace aproximadamente 21 millones de años, cuando los movimientos tectónicos de Eurasia y África cerraron el antiguo mar de Tetis y formaron el conocido como puente terrestre de Gomphotherium que unió ambos continentes durante cuatro millones de años. Este nuevo corredor permitió una oleada de migraciones que remodelaron los ecosistemas en todo el planeta. Entre los migrantes estaban los antepasados de los elefantes modernos, que habían evolucionado en África y comenzaron entonces a expandirse por Europa y Asia. Pero el cambio fue mucho más allá de los elefantes: ciervos, cerdos, rinocerontes y muchos otros grandes herbívoros también se trasladaron a nuevos territorios, alterando el equilibrio ecológico.
El segundo gran cambio global llegó hace unos 10 millones de años, cuando el clima de la Tierra se volvió más frío y seco. La expansión de las praderas y la disminución de los bosques dieron lugar al auge de especies pastadoras con dientes más resistentes, y a la desaparición gradual de muchos herbívoros forestales. Esto marcó el inicio de un largo y sostenido declive en la diversidad funcional de estos animales, es decir, de cambios en los roles ecológicos que desempeñaban.
Menos especies, misma estructura
A pesar de estas pérdidas, los investigadores descubrieron que la estructura ecológica general de las comunidades de grandes herbívoros se mantuvo sorprendentemente estable. Incluso cuando muchas de las especies más grandes, como los mamuts y los rinocerontes lanudos, se extinguieron en los últimos 129.000 años, el marco básico de funciones dentro de los ecosistemas perduró. “Es como un equipo de fútbol que cambia de jugadores durante el partido, pero mantiene la misma formación”, apunta Ignacio A. Lazagabaster, investigador del Centro Nacional de Investigación en Evolución Humana (CENIEH) que también participa en el estudio. “Distintas especies entraron en juego y las comunidades cambiaron, pero cumplían roles ecológicos similares, así que la estructura general se mantuvo”, continúa.
Esta resiliencia ha perdurado durante los últimos 4,5 millones de años, superando glaciaciones y otras crisis ambientales hasta el presente. Sin embargo, la actual pérdida de biodiversidad, acelerada por la actividad humana, podría terminar por desbordar el sistema. “Nuestros resultados muestran que los ecosistemas tienen una asombrosa capacidad de adaptación. Pero hay un límite. Si seguimos perdiendo especies y funciones ecológicas, podríamos estar acercándonos a un tercer punto de inflexión global. Uno que nosotros mismos estamos ayudando a acelerar pese a que pone en peligro nuestra supervivencia”, concluye Cantalapiedra.














