Las universidades españolas e hispanoamericanas buscan un punto de encuentro que permita potenciar un espacio común, similar al que existe en Europa. Foros como las cumbres americanas, al máximo nivel político, o encuentros de rectores como el celebrado estos días en Perú o en Chile muestran el interés por crear una unión académica y científica. El rector de la UNED, Ricardo Mairal, como responsable de la parcela de Internacionalización y Cooperación de Crue Universidades Españolas tiene mucho que decir en este sentido.

Mairal defiende la consolidación del Espacio Iberoamericano del Conocimiento. Lo defiende por las oportunidades que abre en cuanto a movilidad de estudiantes y profesores, para la creación de redes de investigación y de cara a la puesta en marcha de un modelo universitario abierto.
En esta entrevista, el rector de la UNED aporta las claves para entender mejor el significado del encuentro entre realidades universitarias y las oportunidades que abre para los campus de uno y otro lado del Atlántico.
Pregunta – ¿Qué aportaría crear un espacio de educación superior común con Iberoamérica?
Respuesta – La creación de un espacio común de educación superior con Iberoamérica supondría consolidar de manera estructural lo que ya es una realidad histórica, cultural y académica compartida. Hablamos de articular plenamente el Espacio Iberoamericano del Conocimiento (EIC) como un ecosistema integrado de movilidad, reconocimiento de títulos, cooperación científica y transformación digital.
En primer lugar, aportaría una mayor cohesión regional basada en la confianza mutua entre sistemas universitarios. Facilitaría la movilidad de estudiantes, profesorado e investigadores, no como experiencias aisladas, sino como parte de itinerarios académicos plenamente reconocidos. Además, reforzaría la dimensión internacional de nuestras universidades en un contexto geopolítico donde las alianzas estratégicas son clave.
Desde el punto de vista científico, permitiría crear redes estables de investigación capaces de competir globalmente y de abordar conjuntamente los grandes retos compartidos: transición ecológica, digitalización, salud global o cohesión social.
Supondría proyectar un modelo universitario propio, basado en valores como la cooperación horizontal, la reciprocidad, la calidad y la inclusión. Y, finalmente, supondría disponer de una herramienta clave para fomentar el desarrollo social por medio de una economía basada en el conocimiento.
P.- Desde CRUE, ¿qué pasos se dan en ese sentido?
R.- Desde Crue Universidades Españolas hemos intensificado en los últimos años una estrategia de diplomacia académica activa con nuestros homólogos iberoamericanos. Un ejemplo claro son las cumbres bilaterales celebradas con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior de la República Mexicana (ANUIES), la Asociación Colombiana de Universidades de Colombia (ASCUN) y el Consejo de Rectores y Rectoras de las Universidades Chilenas (CRUCH), y las previstas en los próximos meses con otras asociaciones nacionales de rectores y rectoras como el Encuentro Perú-España en marzo.
Estas cumbres no son meros encuentros protocolarios, sino espacios de trabajo donde se comparten agendas estratégicas sobre calidad, digitalización, inteligencia artificial, ciencia abierta o movilidad. Además, hemos reforzado la colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores para impulsar programas de movilidad académica y profesional en el espacio iberoamericano.
En paralelo, participamos activamente en redes y estructuras como la Asociación Universitaria Iberoamericana de Postgrado (AUIP), la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), la Red Iberoamericana para el Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior (RIACES) o el Sistema Iberoamericano de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (SIACES), promoviendo la convergencia en materia de aseguramiento de la calidad y reconocimiento de acreditaciones. El objetivo es claro: pasar de una cooperación basada en proyectos puntuales a una integración estructural y sostenible.
P.- Lo fundamental es armonizar títulos, ¿cuáles son los retos y cómo se está haciendo?
R.- Efectivamente, la armonización y el reconocimiento ágil de títulos es uno de los grandes desafíos pendientes. El principal reto es la heterogeneidad normativa: los sistemas educativos iberoamericanos presentan estructuras, duraciones y procedimientos de acreditación distintos, no sólo con respecto al sistema universitario español, sino también dentro de los diferentes países que lo conforman. A ello se suma la complejidad burocrática de los procesos de homologación, que muchas veces desincentiva la movilidad.
Para avanzar, se está trabajando en varios frentes. Por un lado, el nuevo Convenio Regional de Reconocimiento impulsado en el marco del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe ofrece una arquitectura jurídica moderna basada en principios de calidad, transparencia y confianza institucional. Por otro, el fortalecimiento de mecanismos regionales como el Sistema Iberoamericano de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (SIACES) permite avanzar hacia estándares compartidos y reconocimiento mutuo de acreditaciones.
Asimismo, las declaraciones conjuntas surgidas de las cumbres académicas insisten en la necesidad de crear sistemas armonizados de evaluación y de desarrollar instrumentos comparables, respetando siempre la diversidad nacional. No se trata de uniformizar, sino de hacer compatibles nuestros sistemas.
P.- Parece que, en esta cuestión, las universidades están más interesadas que los propios estados, ¿a qué lo atribuye?
R.- Las universidades, por su propia naturaleza, son instituciones abiertas y con vocación internacional. Están en contacto directo con estudiantes, personal investigador y redes científicas internacionales, y perciben de forma inmediata las barreras existentes. Los Estados, en cambio, deben conciliar prioridades múltiples -legislativas, presupuestarias, administrativas- que a veces ralentizan los procesos. No obstante, creo que cada vez existe mayor conciencia política de la importancia estratégica del Espacio Iberoamericano del Conocimiento.
Históricamente, muchos avances en educación superior han sido impulsados primero por la comunidad académica y posteriormente asumidos por los gobiernos. En este sentido, las universidades estamos actuando como motor propositivo, generando consensos técnicos que faciliten después decisiones políticas más ambiciosas.

P.- ¿Qué oportunidades abriría un espacio así para la universidad española en su conjunto?
R.- Para la universidad española, un espacio iberoamericano plenamente articulado supondría una oportunidad estratégica de primer orden. En primer lugar, reforzaría su posicionamiento internacional, consolidando a España como puente natural entre Europa y América Latina, también en conexión con el Espacio Europeo de Educación Superior.
En segundo lugar, ampliaría las oportunidades de captación de talento y de proyección de nuestro estudiantad0 y personal docente en un ámbito cultural y lingüísticamente cercano, favoreciendo trayectorias académicas compartidas. En tercer lugar, fortalecería la cooperación científica en áreas estratégicas, facilitando la participación conjunta en programas internacionales de investigación y transferencia.
Permitiría avanzar hacia modelos innovadores como las microcredenciales compartidas, los doctorados conjuntos o la movilidad híbrida, alineando la oferta académica con las demandas sociales y empresariales de ambos lados del Atlántico. Y, finalmente, mejorar el impacto económico del sistema universitario español, dinamizando el mercado laboral y favoreciendo el emprendimiento.
En definitiva, no hablamos solo de internacionalización, sino de construir una comunidad académica iberoamericana más integrada, competitiva y comprometida con el desarrollo sostenible y el progreso social.
P.- ¿Cómo se vería beneficiada la UNED?
R.- Todas estas ventajas afectarían también a la universidad que tengo el honor de presidir, la UNED, consolidando la tarea que ya hemos venido realizando a lo largo de nuestros 54 años de existencia con los países iberoamericanos, a través de nuestros Centros y Aulas UNED en el exterior, nuestras cuatro Cátedras UNESCO y los numerosos proyectos de cooperación y convenios de colaboración que ya tenemos con distintas instituciones y universidades latinoamericanas como por ejemplo la UNAM (México) , la UBA (Argentina) o la PUCP (Perú).
Así, un Espacio Iberoamericano del Conocimiento podría aportar aún más oportunidades estratégicas para la UNED, tales como la creación de robustas alianzas con universidades e instituciones de investigación de América Latina, mayor movilidad académica y de estudiantes, acceso a plataformas compartidas de conocimiento. Iniciativas como REDIB (Red Iberoamericana de Innovación y Conocimiento Científico) sirven ya como plataformas de acceso a publicaciones científicas y académicas de toda la región. La participación en estos sistemas permite que profesores y estudiantes de la UNED accedan a una enorme base de recursos, amplificando su visibilidad y el impacto de su producción científica.
La UNED ya es un actor clave en Iberoamérica en materia de educación a distancia, y con el Espacio Iberoamericano del Conocimiento podría reforzar aún más su papel protagónico en el mundo académico de la región, participando en proyectos innovadores y en el desarrollo de títulos conjuntos y programas formativos en general, adaptados a desafíos compartidos, tales como la educación digital, la sostenibilidad o la inteligencia artificial. De hecho, esto ya se ha impulsado y se sigue impulsando a través de la AIESAD (Asociación Iberoamericana de Educación Superior a Distancia), dentro de la cual la UNED es miembro del Consejo Directivo.
Al integrarse en un espacio que articula educación superior y ciencia con prioridades de desarrollo (como estipula la agenda de cooperación iberoamericana), la UNED no sólo amplía su impacto académico, sino que también puede influir en políticas públicas, capacitación de personal investigador y soluciones a desafíos sociales y económicos en la región.
En síntesis, un Espacio Iberoamericano del Conocimiento no es una idea aislada, sino una oportunidad para reforzar la internacionalización, cooperación científica, movilidad y visibilidad de la UNED, potenciando su liderazgo en educación superior y abriendo nuevas vías de colaboración con toda Iberoamérica.

P.- ¿Qué peso tiene el alumnado americano en la UNED?
R.- En general, en los últimos años la movilidad con Iberoamérica en el sistema universitario español ha aumentado significativamente. La UNED, a través de sus Centros en el exterior y debido a su metodología a distancia, ofrece oportunidades de educación superior a estudiantes de todos los continentes, sean españoles o extranjeros, y una proporción considerable (alrededor de 5000) de estos estudiantes procede de países iberoamericanos.
Al ser la única universidad española y una de las pocas europeas que mantiene una red estable de Centros en el extranjero (con 25 Centros y Aulas de examen distribuidos por Europa, América y África), tiene ya una posición de liderazgo en el espacio iberoamericano, considerando además que los lazos históricos, culturales y lingüísticos con estos países facilitan la integración sustancialmente. De esos 25 Centros y Aulas UNED en el exterior, 9 están en ciudades de Iberoamérica (México, San José de Costa Rica, Caracas, Bogotá, Quito, Lima, Sao Paolo, Buenos Aires y Santiago de Chile), y 2 en Estados Unidos (New York y Seattle), sirviendo en este último caso también a un gran número de estudiantes españoles y latinoamericanos residentes en este país norteamericano.
Pero además de los matriculados residentes en el extranjero, la UNED, a través de su servicio de UNEDasiss, ofrece las pruebas de acceso a la universidad española a la comunidad internacional, permitiéndoles así a la vez el acceso al Espacio Europeo de Educación Superior tanto a estudiantes latinoamericanos como de cualquier otro país. En el año 2024, la UNED organizó más de 44 000 exámenes en 62 países, abarcando estudiantes de reconocidos sistemas educativos de todo el mundo. Los sistemas educativos de países como Colombia, Perú, Ecuador, México, Argentina y otros —todos iberoamericanos— figuran entre los más representados en la participación internacional en exámenes y servicios de la UNED, lo cual sugiere que hay una amplia demanda desde Iberoamérica tanto para estudiar como para validar estudios o acceder a titulaciones españolas a través de la UNED.
Debido a su reputado modelo metodológico, la UNED permite que estudiantes de más de 120 países estén conectados y matriculados en su espacio. La demanda de estudios en la UNED por parte de estudiantes extranjeros (incluyendo iberoamericanos) ha crecido en los últimos años, duplicándose en solicitudes tanto para el acceso a estudios de grado como de posgrado.













