El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) ha participado en la publicación del estudio de la Sala Keimada, uno de los recónditos santuarios de arte rupestre de la Cueva Palomera de Ojo Guareña (Merindad de Sotoscueva, Burgos), un lugar extremadamente frágil que todavía permanecía sin datar
Presenta 18 dataciones inéditas de la Sala Keimada que indican su frecuentación en el Paleolítico Superior, Neolítico, Calcolítico, Edad del Bronce y en la transición entre finales de la Edad del Hierro y la llegada del Mundo Romano a la Cordillera Cantábrica. Es decir, desde hace unos 13.500 años, hasta hace más de 2.000 años, poco antes del cambio de era
Tiene pinturas negras geométricas, multitud de grabados digitales y la cabeza de un zoomorfo. También una compleja estructura lítica erguida, a modo de protoescultura de aspecto zoomorfo, así como hoyos excavados con palos. Por último, se describen los restos de un pequeño cerdo doméstico que sería sacrificado, ya en la Edad del Hierro.

A. Mapa de situación de la Sala Keimada respecto a la entrada de Cueva Palomera y Sala de las Pinturas. B. Vista de la Sala con sus figuras geométricas negras en el centro de la imagen. C. Estrecha gatera de entrada hacia el Laminador de Acceso al santuario. D. El Laminador de Acceso enlazando con la bóveda de la Sala Keimada.
(Topografía G. E. Edelweiss, modificada A. I. Ortega. Fotografías M. Á. Martín).
La prestigiosa revista internacional Journal of Archaeological Science: Reports, de la plataforma ScienceDirect de la editorial científica neerlandesa Elsevier, acaba de publicar el 24 de mayo un trabajo de investigación sobre la Sala Keimada, uno de los santuarios de arte rupestre de Cueva Palomera, la principal cavidad del Complejo Kárstico de Ojo Guareña (Merindad de Sotoscueva, Burgos). En el estudio han participado seis investigadores de diferentes instituciones encabezados por la arqueóloga Ana Isabel Ortega Martínez, de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, Institución Fernán González.
El yacimiento, descubierto en 1976 por el G. E. Edelweiss, fue incluido en diferentes trabajos divulgativos de 1986 y 2013 por los dos primeros firmantes del actual estudio, pero hasta ahora había permanecido inédito en el ámbito científico, al tener un reducido acceso que obliga a reptar y no disponer de dataciones, por lo que la mayoría de los especialistas solo se referían a la Sala de las Pinturas, localizada frente a la Sala Keimada.
El presente estudio muestra una batería de 16 dataciones por radiocarbono AMS de C14, realizadas en la Unidad de Aceleración de Radiocarbono de Oxford (ORAU) y en Beta Analityc. Fechas que documentan, reiteradas visitas al yacimiento entre hace unos 13.500 y más de 2.000 años de antigüedad, es decir, desde finales del Paleolítico Superior a la Edad del Hierro.
El principal panel de pinturas geométricas negras, que recuerda a los triángulos de la Sala de las Pinturas, ha sido datado hace unos 13.500 años (finales del Paleolítico Superior). Tiene innumerables grabados sobre paredes y techos bajos, la mayoría realizados al deslizar las yemas de los dedos sobre la película arcillosa que recubre la roca, aunque también los hay incisos finos y algunos estriados. Varios grabados tienen superpuestos restos de carbones procedentes de antorchas, lo que ha proporcionado diferentes fechas mínimas que certifican que algunos también son del Paleolítico Superior, aunque otros podrían ser de la Prehistoria reciente (Neolítico, Calcolítico o Edad del Bronce). Una cabeza de zoomorfo grabada, asociada a un contorno negro ha proporcionado una datación de hace unos 7.500 años, en el Neolítico Antiguo. Los hoyos excavados con palos conservan restos de maderas datados entre el Neolítico y la Edad del Bronce, mientras que el único hogar claro es del Calcolítico.

Uno de los elementos más relevantes es una compleja estructura artificial formada por dos grandes losas de caliza erguidas, que se apoyan perpendicularmente entre ellas, siendo apuntaladas por otras lajas menores que facilitan su sustentación. La laja principal tiene 150 cm de longitud, 80 cm de altura y 20 cm de anchura máxima. Ambas caras de su arista superior están retocadas buscando un perfil afilado, de tal forma que parece una protoescultura de aspecto zoomorfo, con el hocico orientado hacia el panel principal de pinturas. Tanto la laja principal, como algunas de las menores presentan diferentes grabados y tizonazos que atestiguan su uso antrópico, aunque algunos podrían ser posteriores. Es muy similar, aunque algo mayor, a otra losa paleolítica publicada recientemente de la Cueva de Tito Bustillo (Ribadesella, Asturias).

Estructura lítica. A: Vista frontal de la laja 1, cuya cara principal recuerda la silueta de un zoomorfo, con el hocico decorado. Está erguida artificialmente y apoyada en la laja 2. B: Vista lateral en la que se observa su apuntalamiento con las lajas menores 3, 4 y 5. C: Vista posterior con las lajas 4 y 5 en primer plano y recubiertas por una capa arcillosa. D: Detalle de la laja 3, decorada con grabados digitales y otros hechos con palos estriados. E: Detalle de la decoración en torno al hocico de la figura zoomorfa. F: Planta de la estructura a partir de fotogrametría en 3D. (Fotografías M. Á. Martín. Planta 3D F. Ruiz).
También se ha podido constatar la presencia de restos de un pequeño cerdo doméstico, de apenas tres meses de edad, en uno de los gours del centro de la sala, junto a una extraña “estalagmita” cuadrangular aparentemente antropizada. Su datación, en el momento previo a la romanización de este territorio después de las Guerras Cántabras, parece avalar que estaríamos ante un último momento ritual en el uso del santuario, máxime conociendo el simbolismo que, tanto el cerdo como el jabalí, tenían entre los rituales de ofrendas típicos entre las gentes de la Edad del Hierro.
Autorización y Financiación
La Junta de Castilla y León ha autorizado la realización de los trabajos en la Sala Keimada y, a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural, ha financiado 7 de las dataciones ahora presentadas, gracias al Proyecto de Dataciones de Ojo Guareña, desarrollado a través de sucesivos convenios de colaboración con la Fundación Atapuerca, que permitieron a Ana Isabel Ortega Martínez llevar a cabo y coordinar esta investigación mientras formaba parte del CENIEH. Las otras 11 dataciones fueron financiadas por el Ministerio de Ciencia e Innovación a través del proyecto Un presente eterno: la atemporalidad del arte rupestre paleolítico de Marcos García Diez de la Universidad Complutense de Madrid.













