Durante décadas, buena parte del paisaje megalítico del sureste de la Península Ibérica ha permanecido oculto a los ojos de la arqueología. No porque no existiera, sino porque el terreno abrupto, la erosión y el paso del tiempo habían borrado casi cualquier rastro visible. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Granada ha demostrado que la combinación de tecnología digital y trabajo de campo puede cambiar radicalmente nuestra forma de entender este pasado remoto.

El estudio, liderado por Carolina Cabrero, se centra en el entorno de Fonelas, en el valle del río Fardes (Granada). Ha logrado identificar nuevas estructuras funerarias prehistóricas y documentar con precisión un asentamiento fortificado de la Edad del Cobre, del que en su día habló el padre de la arqueología, Luis Siret, pero cuya ubicación no detalló adecuadamente. Este hallazgo ha sido posible gracias al uso conjunto de tecnología LiDAR, fotogrametría con drones y verificación directa sobre el terreno.
Un paisaje megalítico poco conocido
El llamado “fenómeno megalítico del sureste ibérico” se caracteriza por una alta densidad de dólmenes y túmulos, generalmente de pequeño tamaño y con una gran diversidad tipológica. Se trata de monumentos “generalmente de pequeñas dimensiones, con cámaras de menos de dos metros y túmulos que rara vez superan los 20 metros de diámetro”, lo que dificulta enormemente su detección.
En el caso de Fonelas, las fuentes históricas hablaban desde hace más de un siglo de decenas de tumbas, pero sin localizaciones precisas ni cartografía fiable. Esta falta de datos no solo ha limitado la interpretación científica, sino también la protección del patrimonio, especialmente desde que estas necrópolis fueron declaradas Bien de Interés Cultural.

Mirar el pasado desde el aire
Para superar estas limitaciones, el equipo diseñó una metodología innovadora basada en un proceso iterativo. Primero, se analizaron modelos digitales del terreno obtenidos mediante tecnología LiDAR y fotografías aéreas históricas. A partir de ahí, se identificaron anomalías circulares compatibles con túmulos funerarios.
“En una primera revisión digital se detectaron 40 anomalías que coincidían en tamaño y forma con los túmulos conocidos en la zona”, explican los autores de esta investigación. Estas señales, invisibles a simple vista, se convirtieron en el mapa que guió después el trabajo de campo.
La verificación sobre el terreno confirmó que la mitad de esas anomalías correspondían realmente a estructuras arqueológicas. Algunas conservaban restos de ortostatos, otras eran túmulos muy erosionados, pero todas encajaban en el patrón funerario prehistórico de la región. Este porcentaje de acierto, del 50%, es especialmente elevado en estudios de este tipo, según destacan los investigadores.

Drones para documentar la prehistoria
El siguiente paso fue el uso de drones para generar modelos tridimensionales de alta resolución. Esta fotogrametría aérea permitió documentar con gran precisión tanto las tumbas como un hallazgo inesperado: un asentamiento fortificado de la Edad del Cobre, conocido como Cerro Leal.
Según los autores de esta investigación, el lugar presenta “alineaciones concéntricas de muros de mampostería, con posibles refuerzos semicirculares”, además de abundante material arqueológico en superficie, como molinos de mano, cerámica y herramientas relacionadas con la metalurgia del cobre. Todo apunta a un poblado con una compleja organización interna y una clara función defensiva.
La posición del asentamiento no es casual. Desde lo alto del cerro se controla visualmente el valle del río Fardes, una vía natural de comunicación y un espacio agrícola clave. “Su localización ofrece un dominio estratégico del territorio y de los recursos”, subrayan los investigadores.
Megalitos, poder y territorio
Más allá de los hallazgos concretos, el estudio aporta una visión renovada sobre el papel social de los megalitos. Lejos de ser simples tumbas aisladas, formarían parte de un paisaje cuidadosamente organizado para marcar el territorio y reforzar la identidad de las comunidades de la Edad del Cobre.
Como señalan los autores de esta investigación, la asociación entre necrópolis megalíticas y asentamientos fortificados “refuerza la idea de sociedades estables, jerarquizadas y con un control efectivo del espacio”. Un modelo que encaja con otros grandes enclaves del sureste peninsular, como Los Millares, y que ayuda a comprender mejor la complejidad social de estas comunidades prehistóricas.
Una metodología con futuro
El trabajo desarrollado en Fonelas no solo amplía el inventario arqueológico de Granada, sino que propone un modelo replicable para estudiar paisajes complejos. La combinación de detección digital, verificación completa sobre el terreno y documentación aérea demuestra que la tecnología puede ser una aliada clave para proteger y comprender un patrimonio frágil y, hasta ahora, parcialmente invisible.
En palabras de los autores de esta investigación, se trata de “un marco metodológico transferible para la identificación precisa de estructuras megalíticas en entornos difíciles”. Un paso más para que el pasado, por fin, deje de estar enterrado.













