Numerosos estudios han demostrado las consecuencias negativas de la obesidad juvenil para la salud. Entre otras muchas, se relaciona con la diabetes y al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, pero todavía puede ser más grave. Un equipo de la Universidad de Chile ha descubierto un vínculo entre la obesidad juvenil sostenida y el envejecimiento biológico acelerado, de manera que estas personas sienten los síntomas del envejecimiento mucho antes.

Así lo describen Paulina Correa Burrows y Christian González Billault, en un artículo publicado en JAMA Network Open. La investigación utilizó datos de la cohorte epidemiológica de nacimiento más antigua de Chile, que ha seguido a sus participantes desde el nacimiento hasta la adultez. Con esa base, el equipo analizó a 205 adultos jóvenes de entre 28 y 31 años, comparando trayectorias de IMC a lo largo de la vida.“Seguir a las personas desde etapas tempranas permite mirar trayectorias: no es lo mismo una fotografía puntual que una exposición prolongada en el tiempo”, enfatiza la Dra. Correa Burrows.
Para la estimación del envejecimiento biológico, los investigadores aplicaron relojes epigenéticos basados en metilación del ADN (Horvath y GrimAge) y sumaron mediciones complementarias como longitud telomérica y biomarcadores inflamatorios (entre ellos hs-CRP e IL-6), con el objetivo de observar si la obesidad sostenida se asocia a señales moleculares típicamente vinculadas al envejecimiento.
La obesidad juvenil rombe el reloj biológico
Los resultados mostraron diferencias consistentes entre quienes mantuvieron un IMC en rangos saludables y quienes presentaron obesidad sostenida desde etapas tempranas. “En promedio, la brecha fue del orden de 15 %–16 %, y en algunos casos la diferencia entre edad biológica y cronológica llegó a un 48 %”, señala la académica.
Además, la investigadora agrega: “Observamos que la obesidad sostenida puede asociarse a una edad biológica mayor que la edad cronológica incluso antes de los 30 años”. El análisis también describió que el grupo analizado estaba completamente sano, es decir, no tenía otras enfermedades diagnosticadas.
Huellas tempranas
La Dra. Correa-Burrows subraya que los hallazgos aportan a un giro en cómo se aborda la obesidad: “Este estudio refuerza un cambio de enfoque: la obesidad no solo implica riesgo futuro, también puede asociarse a señales biológicas medibles en personas jóvenes”.
En ese marco, el trabajo contribuye a comprender por qué algunos procesos vinculados a enfermedades crónicas podrían comenzar a manifestarse de manera temprana, incluso antes de la aparición de diagnósticos clínicos tradicionales. Desde una perspectiva sanitaria, el hallazgo refuerza la relevancia de intervenir oportunamente. “En jóvenes esto puede ser clínicamente silencioso, pero a nivel biológico deja señales relevantes para prevención y planificación en salud pública”, advierte.
Así, la evidencia puede aportar a fortalecer estrategias preventivas desde la infancia y adolescencia, considerando que la duración de la exposición al exceso de peso podría influir en el desgaste biológico acumulado. Además, abre nuevas líneas de investigación: seguir a estos participantes en el tiempo para observar si la brecha entre edad biológica y cronológica se mantiene, aumenta o podría reducirse, profundizar en los mecanismos que explicarían estas asociaciones y evaluar si intervenciones sostenidas sobre el estado nutricional y metabólico se reflejan en estos marcadores.
Entre los próximos pasos, el equipo plantea profundizar en los mecanismos biológicos implicados y continuar el seguimiento para observar cómo evoluciona esta brecha a lo largo del tiempo, además de evaluar cómo intervenciones preventivas podrían influir en marcadores asociados al envejecimiento biológico.













