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El hombre ha alterado el patrón natural de distribución de las especies carroñeras en el mundo, según un estudio

La Universidad de Granada y la Universidad Miguel Hernández participan en una investigación internacional que explica los factores que condicionan la riqueza de los carroñeros en el planeta.

Una investigación internacional en la que participa la Universidad de Granada (UGR) señala que el ser humano ha alterado el patrón natural de distribución de las especies carroñeras a nivel global. Los resultados de este trabajo han sido publicados en la revista Global Change Biology.

Según el estudio, realizado por 45 investigadores en 43 localidades de 17 países de los cinco continentes, la riqueza de vertebrados consumidores de carroña está principalmente condicionada por la presión antropogénica. Esto tiene importantes consecuencias ecológicas, socioculturales y económicas, ya que los animales carroñeros desempeñan funciones únicas en los ecosistemas y prestan servicios clave a los humanos.

Una persecución a animales carroñeros

En general, la riqueza de especies de un determinado gremio ecológico aumenta conforme nos alejamos de los polos y nos acercamos a los trópicos. Durante décadas, los ecólogos han postulado distintas hipótesis que tratan de explicar este patrón general.

Sin embargo, los resultados de este estudio indican que, en el caso del gremio de los vertebrados carroñeros, los humanos hemos alterado su patrón natural de distribución a través de la persecución directa (por ejemplo, por envenenamiento) y otros impactos indirectos (por ejemplo, por electrocución en tendidos eléctricos). Así, la riqueza de especies no se relaciona con variables naturales como la temperatura o la productividad vegetal, sino que es menor en lugares con mucha huella humana, y viceversa.

El número de especies que componen las comunidades de carroñeros varió considerablemente entre las localidades de estudio, entre 4 y 30. La distribución de carroñeros clave como los buitres y los grandes mamíferos carnívoros se ha visto especialmente mermada en las últimas décadas. Las introducciones voluntarias e involuntarias de especies invasoras han contribuido también a modelar las comunidades actuales de carroñeros.

“Estos resultados dan una idea del enorme potencial invasor y destructor de nuestra especie, capaz de alterar los procesos naturales a escala planetaria. Somos tantos, y demandamos tantos recursos, que nuestro mundo ya es muy diferente de lo que era hace apenas unos siglos. El escenario actual de pandemia nos recuerda, más que nunca, que conservar el resto de especies y mejorar nuestro bienestar necesita de acción urgente y global”, señala Marcos Moleón Paiz, del departamento de Zoología de la Universidad de Granada, coautor del artículo.

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