El cambio climático no solo altera el comportamiento y la distribución de las abejas. También podría acelerar su envejecimiento. Un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana (CSIC) ha comprobado que el aumento de las temperaturas y la menor disponibilidad de flores tienen una mayor influencia sobre el desgaste fisiológico de estos polinizadores que factores como la urbanización o la contaminación ambiental.

La investigación, publicada en la revista Global Change Biology, analiza la longitud de los telómeros, unas estructuras que protegen los extremos de los cromosomas y que se consideran uno de los principales marcadores biológicos del envejecimiento.
El calor y la falta de flores afectan más que la contaminación
El declive de las poblaciones de abejas en todo el mundo ha convertido en una prioridad comprender cómo los cambios ambientales afectan a su salud y supervivencia.
«Este estudio es novedoso porque analiza simultáneamente distintos componentes del cambio global, como el clima, la urbanización, la contaminación y los recursos florales, a lo largo de un gradiente ambiental muy amplio, de unos 1.000 kilómetros», explica Pablo Burraco, investigador de la Estación Biológica de Doñana y autor principal del trabajo.
El científico añade que «la mayoría de los trabajos anteriores habían estudiado un único factor ambiental o se habían realizado a escalas geográficas mucho menores. Además, esta información era prácticamente inexistente en insectos y otros invertebrados».
Casi mil abejas analizadas para medir su envejecimiento
El equipo estudió más de 980 abejas obreras procedentes de casi 60 puntos distribuidos en nueve localidades de Argentina.
En cada zona analizaron las condiciones climáticas, el grado de urbanización, la cantidad y diversidad de flores y la presencia de más de 40 contaminantes orgánicos en el polen. Después midieron la longitud de los telómeros a partir de muestras de ADN y utilizaron modelos estadísticos para determinar qué factores tenían una mayor influencia sobre el envejecimiento de las abejas.
Los resultados muestran que las abejas domésticas parecen ser capaces de amortiguar parcialmente algunos efectos directamente relacionados con la actividad humana, como la urbanización o determinados contaminantes, probablemente gracias a su elevada movilidad y a la organización social de las colonias.
Sin embargo, los efectos indirectos del cambio climático, especialmente el incremento de las temperaturas y las alteraciones en la disponibilidad de flores, aparecen como los factores con mayor influencia sobre su desgaste fisiológico.
Un problema que puede afectar también a la agricultura
Los investigadores consideran que ahora será necesario comprobar si este envejecimiento biológico se traduce en una menor supervivencia, un peor funcionamiento de las colonias o un descenso de las poblaciones de abejas.
«También será importante conocer hasta qué punto estas alteraciones pueden afectar a la polinización de plantas silvestres y cultivos, y cuantificar sus posibles consecuencias económicas», señala Pablo Burraco.
Si estos efectos se confirman, el impacto del cambio climático podría ir más allá de la conservación de los polinizadores y afectar directamente a la producción agrícola y a los ecosistemas que dependen de ellos.
Un estudio internacional para entender el futuro de los polinizadores
El trabajo ha sido posible gracias a una colaboración entre instituciones de España, Argentina, Bélgica, Nigeria y Reino Unido, que permitió integrar datos moleculares, climáticos, ecológicos, paisajísticos y toxicológicos en uno de los estudios más completos realizados hasta la fecha sobre la relación entre las condiciones ambientales y el envejecimiento de un insecto polinizador.
«El estudio pone de manifiesto la importancia de combinar grandes muestreos de campo con herramientas moleculares para entender cómo el cambio global puede afectar a procesos fisiológicos que, como el envejecimiento, influyen en la salud y el futuro de las poblaciones animales», concluye Burraco.













