La inteligencia artificial ya puede ayudar a comprobar de forma rápida, precisa y sin productos químicos si un aceite de girasol contiene realmente la cantidad de ácido oleico que indica su etiqueta. Un equipo de investigadores de la Universidad de Granada (UGR) ha desarrollado un modelo predictivo capaz de analizar este producto en menos de dos minutos, una herramienta que podría facilitar el control de calidad y combatir el fraude alimentario.

El sistema ha sido entrenado con más de 300 mezclas de aceites de girasol pertenecientes a las categorías convencional, medio oleico y alto oleico, demostrando una elevada precisión para estimar el contenido de ácido oleico y diferenciar entre los distintos tipos comerciales.
Una tecnología rápida y sostenible para analizar el aceite de girasol
La investigación combina espectroscopia Raman con desplazamiento espacial (SORS) y herramientas de quimiometría apoyadas por inteligencia artificial para obtener resultados comparables a los del método oficial, basado en cromatografía de gases con detector de ionización de llama (GC-FID).
La principal ventaja es la rapidez del procedimiento. El equipo permite clasificar los aceites como convencionales, medio oleicos o alto oleicos mediante un análisis que dura menos de dos minutos.
«Además, la comprobación de las muestras se hace sin utilizar reactivos químicos ni disolventes orgánicos y mediante una técnica alineada con los principios de la química analítica verde», explica Guillermo Jiménez Hernández, investigador del Departamento de Química Analítica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada y responsable del estudio.
El investigador añade que «estas características convierten a la nueva metodología en un recurso prometedor para el control de calidad, la autenticidad y la verificación del etiquetado de los aceites de girasol en el contexto del nuevo Real Decreto 351/2025″.

Una herramienta para detectar errores y prevenir el fraude alimentario
La nueva metodología permitirá realizar controles de calidad rápidos directamente en plantas de producción, centros de envasado, laboratorios internos e incluso puntos de venta.
Esto facilitará la detección temprana de errores de etiquetado, alteraciones en la composición del producto o posibles problemas de autenticidad, reduciendo costes y acelerando los procesos de verificación.
«No pretendemos sustituir al método oficial, sino actuar con una herramienta de cribado rápido que ayuda a decidir cuándo es necesario realizar análisis confirmatorios más exhaustivos», destaca Guillermo Jiménez Hernández.
La reciente entrada en vigor del Real Decreto 351/2025, que regula las menciones facultativas del aceite de girasol según su contenido en ácido oleico, incrementa el interés práctico de esta tecnología y favorece su futura implantación en empresas y organismos de control alimentario.

La tecnología podría aplicarse a otros alimentos
Los investigadores consideran que esta metodología no se limita al aceite de girasol. La combinación de equipos espectroscópicos portátiles y modelos de inteligencia artificial podría extenderse al control de calidad de otros aceites vegetales y de numerosos productos alimentarios.
«Además de agilizar la verificación de la autenticidad y el etiquetado de los aceites de girasol, la metodología abre más posibilidades para el control rápido de calidad en otros aceites vegetales y productos alimentarios«, recuerda Guillermo Jiménez Hernández.
El investigador concluye que «las técnicas que proponemos son extrapolables a programas de control de calidad, contribuyendo a una industria más eficiente, transparente y sostenible. Para el consumidor, su uso supondría una garantía adicional de que las características indicadas en el etiquetado se corresponden realmente con la composición del producto adquirido».













