La inteligencia artificial ha entrado de lleno en las universidades españolas, pero el sistema educativo todavía no parece preparado para aprovechar todo su potencial. El 90% del alumnado universitario ya utiliza herramientas de IA y, sin embargo, el 62% asegura no haber recibido formación específica por parte de su universidad.

La situación es todavía más llamativa cuando se observa la respuesta institucional: el 65% de las universidades cree que la inteligencia artificial transformará radicalmente la universidad durante los próximos cinco años, pero solo el 17,5% dispone actualmente de una estrategia oficial de IA ya implementada.
Son algunas de las principales conclusiones del estudio La universidad española ante la inteligencia artificial realizado por la Fundación CYD, que analiza la formación digital, las competencias y su relación con el mercado laboral.
El informe también advierte de que la velocidad a la que cambia el empleo está superando la capacidad de adaptación de las universidades. La llegada de la IA está modificando los perfiles profesionales que buscan las empresas y aumentando la importancia de competencias como el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de adaptación.
La universidad sabe que la IA va a cambiarlo todo, pero todavía no tiene una estrategia
El estudio identifica una especie de contradicción en la respuesta de las universidades españolas. Existe una conciencia creciente sobre el impacto de la inteligencia artificial, pero esa percepción todavía no se traduce en estrategias institucionales suficientemente desarrolladas.
El 65% de los centros considera que la IA transformará radicalmente la universidad en los próximos cinco años, pero solo el 17,5% cuenta con una estrategia oficial implementada.
Aunque el 75% de las universidades dispone ya de una unidad específica de inteligencia artificial o prevé crearla, la incorporación de esta tecnología a la enseñanza sigue siendo desigual.
El 46,3% de los centros limita la formación en IA a los grados tecnológicos, mientras que solo el 29,3% ofrece formación de manera interdisciplinar.
Los datos sugieren que la inteligencia artificial sigue tratándose en buena medida como una cuestión propia de las titulaciones tecnológicas, pese a que su impacto se está extendiendo rápidamente a prácticamente todos los sectores profesionales.
El 90% de los estudiantes ya utiliza IA
La brecha resulta todavía más evidente cuando se observa lo que está ocurriendo entre los propios estudiantes. Según el informe sobre uso y percepción de la IA en el entorno universitario publicado en julio, el 90% del alumnado utiliza herramientas de inteligencia artificial, pero el 62% afirma que su universidad no le ha proporcionado formación específica para utilizarlas.
Además, el 46% considera que su universidad no promueve el uso de estas herramientas. La situación plantea una pregunta de fondo: mientras los estudiantes ya están incorporando la IA a sus tareas y procesos de aprendizaje, ¿están recibiendo las universidades las herramientas y orientaciones necesarias para enseñar a utilizarla de forma adecuada?
El estudio considera que el reto no consiste únicamente en introducir tecnología, sino en formar a los estudiantes para utilizarla de manera crítica y responsable.
El mercado laboral ya está cambiando por la inteligencia artificial
La transformación no se limita a las aulas. El mercado laboral también está modificando rápidamente sus demandas. Las ofertas dirigidas a profesionales de tecnologías de la información júnior cayeron un 5% entre 2025 y 2026, con un descenso especialmente acusado, del 33%, en los puestos de programación júnior. Al mismo tiempo, las vacantes para perfiles sénior aumentaron un 13%.
El cambio coincide con una fuerte expansión de los empleos relacionados con la inteligencia artificial. Durante el primer trimestre de 2026 se registraron 8.713 ofertas relacionadas con el desarrollo e integración de IA, un 64% más que en el mismo periodo de 2025 y un 178% más que en 2024.
Entre los perfiles técnicos más demandados se encuentran los diseñadores de sistemas inteligentes, científicos de datos y desarrolladores.
También crece la exigencia de saber trabajar con asistentes de IA y chatbots. Estas habilidades aparecieron en 3.847 ofertas durante el primer trimestre de 2026, un 45% más que un año antes.
Y el fenómeno ya no se limita al sector tecnológico. Aunque este concentra el 80% de esas ofertas, la demanda también se extiende a ingenierías, calidad e I+D, marketing y comunicación, administración de empresas y educación.
El futuro laboral exige algo más que saber utilizar una IA
El estudio señala que la transformación del empleo no está generando únicamente una demanda de conocimientos tecnológicos. También está aumentando el valor de las denominadas competencias transversales.
Más de 285.000 ofertas de empleo, un 17% más que un año antes, incluyeron habilidades humanas. Entre ellas destacan capacidades como el pensamiento crítico y la creatividad, especialmente relevantes en un escenario en el que las herramientas de IA pueden generar grandes cantidades de información y contenido en segundos.
Sin embargo, existe una desconexión entre las competencias que actualmente promueven las universidades y las que el nuevo mercado laboral considera especialmente importantes.
El trabajo en equipo es la competencia más promovida por las universidades, con un 80%, mientras que otras habilidades esenciales para desenvolverse en un entorno marcado por la IA, como el pensamiento crítico o la comunicación, presentan una presencia menor.
El informe considera que esta situación obliga a revisar los planes de estudio para formar perfiles capaces de combinar conocimientos especializados, competencias digitales y habilidades humanas.
Ocho de cada diez universidades creen que deben cambiar sus planes de estudio
La necesidad de adaptación es reconocida por las propias universidades. El 80% considera necesario modificar los planes de estudio ante la irrupción de la inteligencia artificial. La evaluación aparece como uno de los puntos que más preocupa: el 63,9% de los centros sitúa su adaptación como la prioridad más urgente.
La cuestión es especialmente relevante porque la expansión de la IA está obligando a replantear no solo qué se enseña, sino también cómo se comprueba que un estudiante ha adquirido realmente los conocimientos y competencias necesarios.
La formación del profesorado constituye otro de los desafíos. El 57,8% de las universidades ofrece formación específica en IA a sus docentes, pero en el 69,2% de estos centros ha participado menos de la mitad de la plantilla.
Entre los principales obstáculos aparecen la falta de recursos económicos, señalada por el 57,8% de las universidades, y la falta de personal especializado, mencionada por el 48,9%.
Públicas y privadas avanzan a ritmos diferentes
El análisis también encuentra diferencias entre universidades públicas y privadas. Las públicas muestran una mayor percepción del impacto disruptivo de la IA: el 73,1% considera que tendrá un efecto transformador, frente al 36,8% de las privadas. También lideran la oferta de microcredenciales y conceden mayor prioridad a la adaptación de los sistemas de evaluación.
Las universidades privadas, por su parte, muestran mayor agilidad en determinados ámbitos. El 52,6% dispone de unidades específicas de IA, frente al 30,8% de las públicas, y ofrecen mucha más formación interdisciplinar fuera de las ingenierías: 47,4% frente al 11,5%.
También colaboran en mayor medida con empresas para integrar la inteligencia artificial, con un 73,7% frente al 57,7% de las universidades públicas.
La universidad española tiene un problema de velocidad
La conclusión general del estudio es que el principal problema de la universidad española no es la falta de acceso a la tecnología, sino su capacidad para incorporarla con suficiente rapidez.
Las universidades son conscientes de que la IA va a transformar la educación y el mercado laboral. Los estudiantes ya utilizan estas herramientas y las empresas empiezan a demandar nuevas competencias, pero la adaptación institucional avanza a un ritmo más lento.
El informe define esta situación como una «ansiedad de adopción»: existe una elevada conciencia sobre el impacto de la IA, pero todavía son pocas las universidades que han conseguido convertir esa preocupación en una estrategia institucional plenamente implantada.
El estudio plantea que las universidades deben superar una respuesta centrada exclusivamente en cuestiones como la integridad académica o los nuevos sistemas de evaluación y avanzar hacia una incorporación de la IA que transforme también la enseñanza, el aprendizaje y la investigación.
Eso implica extender la formación en inteligencia artificial más allá de las titulaciones tecnológicas y desarrollar perfiles híbridos capaces de combinar conocimientos especializados con competencias digitales avanzadas.
En paralelo, será necesario reforzar habilidades como el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de adaptación, especialmente importantes en un mercado laboral en el que la tecnología cambia a una velocidad cada vez mayor.
En definitiva, el estudio dibuja una universidad que ya sabe que la inteligencia artificial va a cambiarla, pero todavía no ha encontrado la velocidad necesaria para adaptarse.













