El consumo de alimentos ultraprocesados durante el embarazo por parte de la madre se asocia con una mayor ingesta de estos productos por parte de los hijos durante la infancia y el inicio de la adolescencia. Pasar más tiempo frente a la televisión, realizar menos actividad física y determinadas condiciones socioeconómicas también se relacionan con un consumo más elevado.

Así lo muestra un estudio de la Unidad de Epidemiología de la Nutrición (EPINUT) de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), realizado en el marco del Proyecto INMA Infancia y Medio Ambiente y publicado en BMC Public Health. Aunque las asociaciones varían según la edad y el sexo, los resultados pueden orientar medidas de prevención adaptadas a cada etapa.
Los ultraprocesados representan una cuarta parte de la alimentación a los 8 años
En España, los alimentos ultraprocesados aportan alrededor de un tercio de la energía diaria consumida por la población infantil. Un consumo elevado se ha relacionado con cambios asociados a la obesidad y con un mayor riesgo de diabetes, como un mayor índice de masa corporal, un mayor perímetro de cintura y niveles más altos de glucosa en sangre.
Sin embargo, se sabe menos sobre los factores familiares, sociales y relacionados con el estilo de vida que se asocian al consumo de ultraprocesados durante la infancia y la adolescencia.
En el marco del proyecto INMA, el equipo estudió a 1.565 parejas madre-hijo cuando los menores tenían alrededor de 8 años y a 314 cuando tenían aproximadamente 12 años.
“Los alimentos ultraprocesados son aquellos productos industriales que suelen incorporar aditivos, aromas, colorantes u otras sustancias que no aportan valor nutricional; por ejemplo, refrescos, aperitivos envasados, carnes procesadas, bollería industrial, platos preparados y algunas salsas comerciales”, concreta Laura Compañ Gabucio, investigadora del Grupo de Epidemiología de la Nutrición, y también del Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante (ISABIAL) y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP).
A los 8 años, los ultraprocesados —principalmente dulces y bebidas— representaban, en promedio, el 25,4 % del total de alimentos y bebidas consumidos al día. A los 12 años, su contribución media descendía al 20,2 % y los productos dulces eran el principal grupo de ultraprocesados consumido. A los 8 años, además, los niños presentaban un consumo superior al de las niñas, una diferencia que ya no era significativa a los 12 años.
“Si bien no existe un porcentaje a partir del cual podamos decir que el consumo de ultraprocesados es seguro o deja de serlo, deberían ocupar un lugar reducido en la alimentación y esta debe basarse principalmente en alimentos frescos o mínimamente procesados”, interpreta la investigadora.
El consumo de ultraprocesados de la madre durante el embarazo aparece como uno de los factores asociados
Los análisis permitieron identificar distintos factores relacionados con un mayor consumo de ultraprocesados en niños y adolescentes. A los 8 años, este era más frecuente entre los menores cuyas madres habían consumido más ultraprocesados durante el embarazo y entre aquellos cuyas madres pertenecían a categorías ocupacionales más desfavorecidas.

El consumo elevado también se asociaba con ser niño y con pasar más tiempo viendo la televisión. A los 12 años se mantenían las asociaciones con el consumo materno de ultraprocesados durante el embarazo y con el tiempo frente al televisor. En cambio, una mayor actividad física y que la madre tuviera estudios universitarios se asociaban con una menor probabilidad estadística de encontrarse entre quienes más ultraprocesados consumían.
Los investigadores subrayan que estos resultados muestran factores asociados al consumo de ultraprocesados, pero no permiten establecer que unos sean la causa de los otros.
Televisión, actividad física y condiciones sociales también influyen en el consumo
Los resultados apuntan a que el consumo de ultraprocesados durante la infancia y la adolescencia está relacionado con un conjunto de factores familiares, sociales y de estilo de vida. El tiempo que los menores pasan frente al televisor aparece asociado a un mayor consumo tanto a los 8 como a los 12 años. En los adolescentes, además, una mayor actividad física se relaciona con una menor probabilidad de encontrarse entre quienes presentan un consumo más elevado.
Las condiciones socioeconómicas también aparecen relacionadas con la alimentación infantil. A los 8 años, el consumo elevado era más frecuente entre los menores cuyas madres pertenecían a categorías ocupacionales más desfavorecidas, mientras que a los 12 años los estudios universitarios de la madre se asociaban con una menor probabilidad estadística de presentar un consumo elevado.
El estudio apunta a medidas de prevención adaptadas a cada edad
El estudio permite identificar qué características se relacionan con el consumo de ultraprocesados en diferentes momentos de la infancia y la adolescencia. Los autores consideran que estos resultados pueden contribuir al diseño de intervenciones de salud pública que combinen educación nutricional, apoyo a las familias, reducción de las desigualdades socioeconómicas y medidas destinadas a disminuir la exposición infantil a la publicidad de alimentos poco saludables.
Además de Laura Compañ Gabucio, Sandra González Palacios y Jesús Vioque López, participan los investigadores de EPINUT UMH Alejandro Oncina Cánovas, Laura Torres Collado, Carolina Ojeda Belokon y Manuela García de la Hera.












