Un estudio internacional ha identificado por primera vez diferencias genéticas asociadas al sexo en la esclerodermia, una enfermedad autoinmune rara que afecta principalmente a mujeres, pero que suele manifestarse de forma más grave en hombres.

La investigación, publicada en The Lancet Rheumatology, analizó el genoma completo de más de 10.000 pacientes y demuestra que hombres y mujeres presentan factores genéticos diferenciados vinculados al desarrollo y severidad de esta enfermedad.
El hallazgo podría cambiar la forma en la que se estudia y trata la esclerosis sistémica, abriendo la puerta a estrategias terapéuticas más precisas y personalizadas.
Por qué la esclerodermia afecta más a mujeres, pero suele ser más grave en hombres
La esclerodermia o esclerosis sistémica es una enfermedad rara en la que el sistema inmunitario ataca tejidos del propio organismo, provocando fibrosis y alteraciones que pueden afectar gravemente a la piel, pulmones, corazón y otros órganos internos.
Aunque afecta sobre todo a mujeres, con una proporción aproximada de 8 casos por cada hombre, la enfermedad suele evolucionar con mayor gravedad en pacientes masculinos.
Hasta ahora, las hipótesis para explicar estas diferencias se centraban principalmente en factores hormonales, respuesta inmune y cromosomas sexuales.
“Hasta ahora, la mayor parte de las hipótesis para explicar estas diferencias entre hombres y mujeres se habían centrado en la respuesta inmunológica, factores hormonales o la influencia de los cromosomas sexuales”, explica Marialbert Acosta Herrera, autora principal del trabajo.
“Sin embargo, este trabajo demuestra que el sexo también modifica el efecto de las variaciones genéticas presentes en los cromosomas no sexuales”, añade.
El análisis separado por sexo revela factores de riesgo ocultos
El estudio comparó el genoma de 10.653 pacientes con esclerosis sistémica frente al de 18.043 personas sanas, utilizando muestras recogidas durante dos décadas gracias a una colaboración internacional entre Europa, Australia y Estados Unidos.
Los investigadores realizaron un estudio de asociación de genoma completo (GWAS), una técnica que permite identificar variantes genéticas relacionadas con enfermedades complejas. La principal novedad es que, por primera vez en esta patología, el análisis trató el sexo como variable central.
Los resultados muestran que analizar conjuntamente a hombres y mujeres puede ocultar señales genéticas clave.
De hecho, el equipo identificó ocho regiones genéticas asociadas de forma específica al sexo: siete vinculadas exclusivamente a mujeres; y una asociada únicamente a hombres, hasta ahora desconocida y posiblemente relacionada con la mayor gravedad observada en varones.
Para el equipo, este hallazgo demuestra que algunos factores de riesgo permanecían invisibles en estudios previos por no diferenciar adecuadamente entre sexos.
Nuevas vías para tratamientos más eficaces
Además de mejorar el conocimiento sobre la enfermedad, el trabajo abre posibles nuevas líneas terapéuticas. “Al descubrir señales que solo predisponen a la enfermedad en un sexo específico, estamos revelando una capa de riesgo genético que nunca se había tenido en cuenta”, explica Javier Martín, también autor del estudio.
“Esto es especialmente importante porque hoy en día sabemos que los fármacos desarrollados con una base genética conocida tienen el doble de probabilidades de llegar a fases avanzadas en los ensayos clínicos”, añade.
El sexo deja de ser un dato secundario en investigación biomédica
Los resultados tienen implicaciones que van más allá de la esclerodermia. Este enfoque podría aplicarse al estudio de otras enfermedades autoinmunes con fuerte sesgo por sexo, como el lupus eritematoso sistémico o la artritis reumatoide, además de otras patologías complejas.
“La incorporación del sexo como variable en investigación biomédica podría mejorar la identificación de factores de riesgo, la clasificación de pacientes y el diseño de futuras estrategias terapéuticas”, señala Inmaculada Rodríguez Martín, primera firmante del estudio.
La investigadora añade que “este estudio muestra lo importante que es dejar de tratar el sexo como un simple dato demográfico y empezar a entenderlo como una realidad biológica central en la investigación”.
Este hallazgo apunta hacia una medicina más precisa, personalizada y adaptada a las diferencias biológicas entre pacientes.













