Hace aproximadamente 1,5 millones de años, el altiplano granadino no se parecía en nada al paisaje árido actual. En su lugar, la cuenca de Baza albergaba un enorme humedal de más de 1.000 km², con un ecosistema húmedo y fértil que recordaba más a algunas regiones del África subtropical que al sureste de la península ibérica.

Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Málaga ha permitido reconstruir parte de ese paisaje perdido a partir del análisis de fósiles de aves hallados en el yacimiento de Venta Micena, en el Geoparque de Granada.
Un ecosistema húmedo en pleno corazón del sureste peninsular
La investigación, publicada en la revista científica Swiss Journal of Palaeontology, se basa en el estudio de decenas de miles de fósiles recuperados en el yacimiento, entre los que se han identificado restos atribuibles a tres especies de aves: un pato, una grulla y un cuervo.
Estos pequeños restos óseos, aparentemente fragmentarios, han resultado clave para reconstruir cómo era el humedal del Pleistoceno en Baza, un entorno alimentado por sistemas fluviales procedentes de Sierra Nevada y por manantiales hidrotermales ricos en sales.
Aves fósiles que revelan cómo funcionaba el antiguo humedal
Entre los hallazgos destaca el tarro blanco (Tadorna tadorna), un tipo de pato que hoy puede verse ocasionalmente en humedales del sureste peninsular. Su presencia en Venta Micena sugiere que este animal no solo invernaba en la zona, sino que probablemente se reproducía en la cuenca de Baza durante el Pleistoceno, lo que indica la existencia de charcas estacionales con variaciones de salinidad.
Según el catedrático de Paleontología de la Universidad de Málaga, Paul Palmqvist, el estudio de su dieta ayuda además a reconstruir el entorno: “Estos caracoles viven en aguas de salinidad variable, por lo que la presencia del pato nos indica que en las inmediaciones del gran lago de Baza habría charcas sujetas a una intensa evaporación”.
Una grulla gigante y un cuervo en el ecosistema prehistórico
El segundo hallazgo corresponde a una grulla de gran tamaño, posiblemente relacionada con las llamadas grullas gigantes del Pleistoceno. El fósil encontrado sugiere un animal más pesado que las especies actuales, asociado a ecosistemas de humedales y ríos.
El tercer registro es un cuervo antiguo (Corvus corax antecorax), considerado el fósil más antiguo de este tipo en la península ibérica. Su papel en el ecosistema habría sido clave como carroñero, influyendo en la dinámica de consumo de restos animales junto a otros depredadores.
Un paisaje muy distinto al actual: elefantes, hipopótamos y grandes depredadores
La reconstrucción del entorno muestra un escenario radicalmente diferente al actual. Donde hoy predominan los paisajes áridos de los badlands de Guadix-Baza, existía un ecosistema húmedo con precipitaciones mucho más elevadas.
En ese entorno convivían hipopótamos, elefantes de gran tamaño, grandes herbívoros y depredadores como tigres dientes de sable y hienas carroñeras, configurando un ecosistema comparable al de algunas sabanas africanas actuales.
Incluso se han encontrado evidencias de la presencia de los primeros humanos en Europa occidental en yacimientos cercanos, asociados a herramientas líticas y marcas de actividad sobre huesos.
Por qué es tan difícil encontrar fósiles de aves
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que los fósiles de aves son extremadamente raros.
Esto se debe a que sus huesos son ligeros, huecos y muy frágiles, adaptados al vuelo, lo que reduce enormemente su conservación en el registro fósil. Además, al no tener dientes, carecen de estructuras duras altamente mineralizadas, lo que explica por qué estos hallazgos son excepcionales.












