Los osos pardos (Ursus arctos) intensifican y adelantan algunas de las señales que utilizan para comunicarse cuando aumenta el número de ejemplares con los que comparten hábitat. Así lo demuestra una investigación liderada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), cuyos resultados se publican en la revista Royal Society Open Science.
Durante la época de apareamiento, los machos buscan atraer a las hembras y mantener alejados a posibles rivales mediante señales químicas y visuales que transmiten información sobre identidad, tamaño o estatus reproductivo.
Sin embargo, cuando crece el número de competidores, también aumenta la intensidad de esta comunicación: los machos realizan más señales, adelantan su actividad hacia horas diurnas e incluso se acercan más a áreas con mayor presencia humana.
El estudio analiza ocho años de comportamiento del oso pardo cantábrico
La investigación se desarrolló entre 2016 y 2024 en la población cantábrica de oso pardo y se basa en más de 15.000 días de grabación obtenidos mediante cámaras trampa instaladas en 14 árboles de marcaje.
Estos árboles funcionan como auténticos centros de comunicación animal, donde los osos dejan señales olfativas y visuales para informar a otros individuos de su presencia.
“Nuestros resultados muestran que la comunicación entre individuos no es un comportamiento fijo, sino muy flexible que depende sobre todo del contexto social y ecológico”, explica Vincenzo Penteriani, investigador del MNCN.
“Cuando aumenta el número de osos que usan un mismo árbol, los machos invierten más tiempo y esfuerzo en dejar señales, probablemente porque la competencia por las hembras es mayor”, puntualiza.

El marcaje de pedal, la señal que más aumenta con la competencia
Los osos utilizan huellas olorosas, mordiscos y arañazos para declarar su presencia, aunque no todas las señales cambian igual.
Las marcas visuales en árboles apenas varían, ya que transmiten información relativamente estable como el tamaño corporal. En cambio, el frotamiento corporal, las señales olorosas y especialmente el marcaje de pedal aumentan de forma significativa a medida que crece la densidad de población.
El marcaje de pedal, exclusivo de machos adultos, consiste en retorcer las patas al caminar para impregnar el suelo con olor.
“Con un aumento en el número de individuos que frecuentaban una determinada zona de marcaje, estas fueron las señales que más se repitieron”, explica David Alonso, también investigador del MNCN.
“Este comportamiento parece cumplir una doble función: atraer a las hembras y, al mismo tiempo, advertir a otros machos, por eso cuando el riesgo de encontrarse con rivales es mayor, los machos la refuerzan, lo que le otorga rol en la mediación de la competencia y la reducción de conflictos directos”, matiza.
Los osos adelantan su actividad y asumen más riesgo cerca de humanos
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que, a medida que aumenta el número de osos que visitan un árbol de marcaje, las señales se producen cada vez más temprano.
Este incremento de la actividad diurna sugiere que los animales dejan de restringir su comportamiento a horas nocturnas incluso en zonas humanizadas.
“Este resultado indica que los osos están dispuestos a asumir un mayor riesgo y marcar durante el día para maximizar la eficacia de sus señales”, apunta Penteriani.
Implicaciones para la conservación del oso pardo
Los investigadores advierten de que estos cambios tienen implicaciones directas para la conservación del oso pardo cantábrico, cuya población ronda actualmente los 400 individuos.
“Los resultados de esta investigación tienen importantes implicaciones para la conservación del oso pardo en paisajes humanizados porque indica que podría aumentar la probabilidad de que se produzcan encuentros entre osos y personas, especialmente en zonas con uso recreativo o forestal”, alerta Alonso.
Este conocimiento puede ayudar a anticipar conflictos y diseñar estrategias de gestión adaptativa, como restricciones temporales al acceso humano en áreas clave de marcaje durante el periodo reproductor.
Más allá del caso del oso pardo, el estudio aporta nuevas claves sobre cómo la densidad de población modifica la comunicación animal.
“Comprender estos mecanismos es fundamental para interpretar el comportamiento animal y mejorar las estrategias de conservación en un mundo en el que cada vez hay más seres humanos”, concluye Penteriani.













