En un día, un neonato puede enfrentar hasta 17 procedimientos potencialmente incómodos o dolorosos, como por ejemplo la toma de signos vitales, los cambios o la fijación de tubos o catéteres con adhesivos, las frecuentes punciones para análisis de sangre, la intubación y los cambios de postura. Mediante el análisis de la gesticulación facial, la edad gestacional y las variaciones en la frecuencia cardíaca y la saturación de oxígeno, la aplicación Pain Rose estima con un 80 % de eficacia el dolor de los bebés, haciendo de la valoración un acto de precisión clínica, y sobre todo de humanización.

Aunque dichos procedimientos médicos son necesarios, constituyen una fuente de dolor y malestar para un sistema nervioso inmaduro, y su acumulación puede tener repercusiones a corto plazo, como el aumento del 35 % en el riesgo de hemorragia intraventricular, el incremento del 28 % en estancias hospitalarias prolongadas, y hasta un 42 % más probabilidades de mortalidad.
A largo plazo, la exposición constante a situaciones estresantes no solo altera la manera en que el cerebro maneja las emociones, sino que además puede modificar su estructura física. Transformaciones como la reducción del volumen en áreas como el tálamo y la sustancia blanca, que conectan distintas regiones cerebrales, terminan afectando la coordinación entre pensamiento y movimiento.
En la práctica, esto se manifiesta en dificultades para concentrarse, aprender o controlar los impulsos, así como en menor agilidad en las respuestas físicas. Con el tiempo, también aumenta la vulnerabilidad a trastornos del ánimo como la depresión o la ansiedad.
Por eso es necesario encontrar herramientas que permitan medir el dolor de manera fiable durante los primeros 1.000 días del nacido, etapa en la que se sientan las bases de las capacidades futuras. Para ello, las profesoras Lucía Marcela Vesga, Jenny Andrea Solano, Noridia Rátiva Martínez y Luz Patricia Díaz, de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), desarrollaron la aplicación móvil Pain Rose, la cual utiliza la escala PIPP-R (Perfil de dolor del lactante prematuro revisado), una herramienta clínica que permite medir el dolor en recién nacidos prematuros observando su expresión facial, frecuencia cardiaca, oxigenación y edad gestacional. La aplicación adapta este método al contexto nacional para facilitar su uso en hospitales y unidades neonatales.
Tres mediciones para determinar el dolor del recién nacido
La aplicación guía al profesional en 3 pasos: gestacional, conductual y fisiológico. El primero es la contextualización por medio del registro de la edad gestacional, un ajuste fundamental, ya que permite interpretar las respuestas con base en la madurez neurológica del bebé, pues mientras una respuesta puede ser normal a las 28 semanas, no lo es a las 40.
El segundo es la evaluación conductual, mediante la cual se cronometra y evalúan 3 gestos faciales específicos y universales del dolor neonatal: el fruncimiento del ceño, el apretamiento de los ojos y la elevación del surco nasolabial. Con Pain Rose se puede medir cuántos segundos duran estas expresiones, lo que es un indicio directo de la intensidad del dolor.
El tercer paso es la evaluación fisiológica, que integra las alteraciones corporales invisibles al ojo, por lo que se pide registrar la frecuencia cardíaca y la saturación del oxígeno antes y después del procedimiento. Esto es relevante, ya que el dolor provoca de manera natural un aumento del ritmo cardíaco y puede causar desaturaciones que obligan a incrementar el soporte de oxígeno.
“Al cruzar estos datos, la aplicación genera en cuestión de segundos una clasificación que segmenta el dolor en leve, moderado o severo”, explican las creadoras de la aplicación.
Esto le permite al equipo profesional actuar con mejor criterio para aliviar el dolor, pues una dolencia leve o moderada se puede y se debe manejar con estrategias no farmacológicas –como la administración de sacarosa o la lactancia materna, que promueven la liberación de endorfinas–, mientras que un dolor severo indica la necesidad de intervención farmacológica analgésica. La gran ventaja es que, al usar las primeras, la necesidad y dosis de las segundas se puede reducir significativamente, minimizando efectos secundarios.
Para demostrar la efectividad de la aplicación, la profesora Vesga realizó un estudio con 44 recién nacidos (de entre 29 y 40 semanas de gestación) de la Unidad Neonatal del Hospital de Meissen, en donde cada bebé fue su propio control, pues era observado en un momento sin dolor y durante un procedimiento necesario, especialmente la punción del talón.
“El desafío metodológico fue encontrar un patrón para contrastar la escala; en este caso el electroencefalograma resultó ser la mejor opción, pues este procedimiento registra un patrón específico de ondas cerebrales asociado con el estímulo doloroso. A la par, se registró en video la expresión facial del bebé”, anota la experta.
La escala utilizada en la aplicación demostró una sensibilidad del 80 %, es decir que es posible identificar 8 de cada 10 casos en los que el bebé está sintiendo dolor. “La especificidad, aunque con margen de mejora, indica que la herramienta es lo suficientemente robusta para ser útil en el campo clínico”, afirma la profesora.

Un cerebro sin “pavimentar”
Para comprender la importancia de esta herramienta es esencial entender la neurofisiología del recién nacido: “durante los primeros 1.000 días, el bebé está en un estado de construcción cerebral, las neuronas están creando conexiones, pero aún les falta ‘pavimentar’. Este pavimento es la mielina, capa lipídica que recubre los axones o neuronas y permite que los impulsos nerviosos viajen de forma rápida y eficiente”, explica la académica.
Aunque el proceso de mielinización es una parte crucial del neurodesarrollo, en un recién nacido estas vías están sin “pavimentar”, por lo que un estímulo doloroso, como la punción de una aguja para extraer sangre, sí se genera, pero viaja lentamente por el sistema nervioso (en construcción), lo que explica por qué la respuesta conductual, como el llanto o el gesto, puede no ser inmediata o tan explosiva como se esperaría, lo que históricamente llevó a subestimar la experiencia dolorosa de los neonatos.
Los aportes de la profesora Vesga y sus colegas se expusieron durante el Simposio “Una mirada hacia el cuidado científico y humanizado materno-neonatal”, organizado por la Facultad de Enfermería de la UNAL.













