La Universidad Católica Santísima Concepción ha presentado un proyeto para transformar aceite usado de frituras y grasas residuales de la industria cárnica en combustibles gaseosos renovables

Transformar aceite usado de frituras y grasas residuales de la industria cárnica en combustibles gaseosos renovables es el objetivo de un nuevo proyecto liderado por el Centro de Energía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC). La iniciativa, dirigida por la Dra. Laura Azócar, busca desarrollar una tecnología capaz de producir gas licuado renovable (GLr) y gas natural renovable (GNr) a partir de residuos disponibles a nivel local.
El proyecto corresponde al único FONDEF IDeA Investigación Tecnológica adjudicado por la UCSC en esta convocatoria y da continuidad a una línea de trabajo que el Centro de Energía ha desarrollado en torno al biopropano y al gas licuado renovable.
La investigación aborda una problemática estratégica para el país: la fuerte dependencia de combustibles gaseosos de origen fósil importados. De acuerdo con los antecedentes del proyecto, cerca del 69% del GLP consumido en Chile proviene de Estados Unidos y el resto de Argentina, situación que expone al mercado nacional a fluctuaciones de precios internacionales y mantiene una dependencia de fuentes asociadas a emisiones de gases de efecto invernadero.
«Buscamos desarrollar un proceso tecnológico capaz de transformar residuos de aceites y grasas, como el aceite usado de frituras o grasas residuales de la industria de procesamiento de la carne, en dos combustibles gaseosos: gas licuado renovable y gas natural renovable», explicó la Dra. Laura Azócar.
De biopropano a una plataforma más amplia
El nuevo proyecto se sustenta en avances previos desarrollados por la UCSC. A través del proyecto FONDEF IT23I0053, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), el Centro de Energía construyó un prototipo funcional para transformar aceites residuales de fritura, incluso aquellos con alta acidez y escasas posibilidades de valorización, mediante procesos termoquímicos.
Ese desarrollo, realizado junto a Gasco GLP y Covemar, se concentró en la obtención de biopropano, un compuesto químicamente equivalente al propano convencional, pero producido desde una fuente renovable.
El proceso integra la conversión de los aceites en carboxilatos, la optimización de la pirólisis, el uso de nanocatalizadores para mejorar el rendimiento y sistemas de separación mediante membranas para purificar el gas.
En esta nueva etapa, el grupo busca avanzar un paso más. Según detalló la Dra. Azócar, las investigaciones previas permitieron obtener GLr con altos rendimientos, pero también generaban una fracción importante de gases residuales.
«La solución técnica busca producir GLr con el método ya investigado y, adicionalmente, producir GNr con los gases residuales obtenidos», señaló.
El proceso considera varias etapas. Primero, los residuos grasos serán acondicionados mediante un proceso químico para convertirlos en un precursor sólido. Luego, este material será sometido a descomposición térmica en un reactor termoquímico y, finalmente, los gases resultantes pasarán por un sistema de purificación y reacciones adicionales utilizando hidrógeno verde.
La incorporación de grasas residuales como materia prima amplía además el espectro de insumos disponibles localmente y refuerza el componente de economía circular del proyecto.
Tres empresas para una cadena completa
La iniciativa considera la participación de Gasco GLP S.A. como empresa asociada y de Covemar Ltda. y Mödinger Hermanos S.A., Cecinas Llanquihue, como entidades colaboradoras.
Gasco, que según los antecedentes del proyecto concentra un 26,5% del mercado nacional de GLP, aportará conocimiento técnico y comercial para orientar la investigación hacia condiciones cercanas a una futura aplicación industrial. Además, una vez finalizado el proyecto y validados sus resultados, podría licenciar la tecnología para escalarla utilizando su infraestructura de distribución existente.
«Una de las ventajas es que una alternativa renovable de este tipo podría incorporarse sin necesidad de modificar la infraestructura de distribución y almacenamiento que ya existe para el GLP convencional», explicó la Dra. Azócar.
Por su parte, Cecinas Llanquihue, empresa de la Región de Los Lagos con más de 170 años de trayectoria en la industria cárnica, aportará grasas residuales provenientes de sus procesos productivos. Este insumo permitirá diversificar la base de materias primas y disminuir la dependencia exclusiva de aceites de fritura.
Covemar, empresa de la Región del Biobío especializada en la recolección y disposición sostenible de aceites vegetales usados, actuará como proveedor directo de aceite residual y aportará trazabilidad regional al abastecimiento. La empresa cuenta con capacidad de acopio de aproximadamente 40 mil litros y experiencia previa de colaboración con el equipo investigador de la UCSC.
La participación de ambas compañías permitirá configurar una cadena de suministro local y diversificada, mientras Gasco aportará la conexión con la validación industrial y comercial.
Menor dependencia y mayor valorización de residuos
El potencial impacto del proyecto apunta a varios niveles. Uno de ellos es reducir la dependencia de importaciones mediante la producción local de GLr y GNr a partir de residuos.
También busca aportar a la descarbonización de un mercado de gran escala. Según los antecedentes de la investigación, los sectores de GLP y gas natural en Chile movilizan cerca de USD 2.300 millones anuales, con demandas que han mostrado crecimiento.
La Dra. Azócar destacó que el uso de la infraestructura existente podría permitir avanzar hacia combustibles de menor huella de carbono sin exigir nuevas redes de distribución.
El componente de economía circular también resulta central. Parte del aceite residual de fritura recolectado en Chile se exporta actualmente para producción de biodiésel, con precios cercanos a los USD 950 por tonelada. El proyecto busca, en cambio, generar valor local a partir de estos residuos y articular una nueva cadena entre las regiones del Biobío y Los Lagos.
«Esto puede contribuir al desarrollo de capacidades de I+D, empleo especializado y una nueva cadena de suministro regional asociada a combustibles renovables», afirmó la investigadora.
El impacto potencial se extiende tanto a hogares como a industrias. De acuerdo con los antecedentes del proyecto, los hogares concentran cerca del 50% del consumo de GLP y la industria alrededor de un 29%, por lo que una alternativa renovable podría contribuir a disminuir la huella de carbono manteniendo una experiencia de uso similar a la del combustible convencional.
Una hoja de ruta hacia el escalamiento
El proyecto considera una hoja de ruta de entre cinco y ocho años, desde la validación experimental hasta una eventual planta industrial operada por Gasco.
La proyección contempla que la tecnología desarrollada en Chile, respaldada por patentes propias de la UCSC, pueda transformarse en una solución comercial y eventualmente proyectarse hacia otros mercados latinoamericanos, entre ellos Brasil y Colombia.
Para el Centro de Energía UCSC, esta adjudicación permite profundizar una línea tecnológica que combina valorización de residuos, producción de combustibles renovables y capacidades de ingeniería de procesos, avanzando desde la obtención de biopropano hacia una plataforma más amplia de gases renovables con potencial de aplicación industrial.













