Suspensos en seguridad: describen enormes brechas en dos de los robots comerciales más populares

El Grupo de Robótica de la Universidad de León ha analizado los sistemas de ciberseguridad de dos de los robots comerciales más populares y descubre brechas importantes que comprometen tanto su funcionamiento como la seguridad de quienes los utilizan. Estos robots suspenden en seguridad, pese a su enorme potencial y la cantidad de tareas que pueden realizar.

Adrián Campazas, investigador de la ULE, con un robot Unitree A1.

Se pueden ver en tareas de atención a los asistentes a convenciones de otro tipo; algunos bares los han empleado como camareros, en un ejercicio más de exposición pública que de efectividad; incluso también ejercen de ‘terapeutas’ en sesiones con niños autistas; y en materia de seguridad realizan una labor fundamental en la búsqueda de desaparecidos en casos de catástrofes o en tareas de exploración de terrenos peligrosos para las personas, como campos minados.

Los robots se han convertido en unos aliados fundamentales en multitud de tareas y esto solo acaba de empezar, ya que con el desarrollo de nuevos avances en materia de inteligencia artificial, los robots se encargarán de nuevas tareas para las que todavía no están preparados.

Sin lugar a dudas, estos aparatos aportan una ayuda muy estimable, sin embargo, ¿cuentan con los sistemas de seguridad adecuados que garanticen un uso seguro para las personas y el blindaje frente ataques cibernéticos?

Los robots suspenden en seguridad

Robot Pepper del grupo de la ULE.

El Grupo de Robótica de la Universidad de León ha realizado un estudio en el que analiza la ciberseguridad de dos robots de uso habitual, y las conclusiones obtenidas sobre su seguridad son bastante preocupantes. Estos robots presentan brechas de seguridad por las que se podría colar cualquier persona con unos conocimientos de informática avanzados y tomar el control de estas unidades.

El estudio ha estado liderado por el investigador del Grupo de Robótica, Adrián Campazas Vega, y en él resalta la falta de barreras internas con las que cuentan estos dispositivos robóticos, optimizados para potenciar su funcionamiento, pero no tanto para resistir ataques maliciosos.

Los investigadores de la Universidad de León han trabajado con una unidad de Pepper y otra de Unitree A1, a la que ellos llaman «Tuercas», porque son dos robots populares en el mercado, pero su trabajo no ha quedado ahí; también han realizado una auditoría de seguridad de un robot cuadrúpedo de uso militar, aunque de este último no pueden aportar datos debido al contrato de confidencialidad firmado con la empresa que lo comercializa.

Barreras de seguridad de robots comerciales

«En los robots que hemos estudiado nos hemos encontrado que la seguridad se basa en la seguridad perimetral», afirma Adrián Campazas. «Los desarrolladores de los robots asumen que si protegen la red interna de los robots ya se solucionan todos los problemas de ciberseguridad», añade.

Sin embargo no ocurre de esa manera, tal y como ha comprobado este grupo de investigación, y los robots están sorprendentemente expuestos. La protección de perimetral que presentan de fábricas es robusta, aunque no del todo inviolable. El verdadero problema desde el punto de vista de la ciberseguridad viene cuando se ha superado es barrera, porque el robot no dispone de ningún tipo de sistema adicional.

«Una vez que acabamos entrando en la red internad del robot nos encontramos con una serie de vulnerabilidades que nos permiten hacernos con el control del robot, que sin duda es lo peor que puede pasar», afirma.

Por lo general, los ataques a sistemas informáticos tienen la finalidad del robo de datos, sin embargo, en el caso de la robótica, los intrusos pretenden detenerlo o hacerse con el control del aparato. Y en el caso de los robots estudiados, los objetivos de los atacantes se logran de manera sencilla una vez que se ha vulnerado la seguridad de la red interna.

Además, por su complejidad y la cantidad de sistemas que equipan, los robots ofrecen una «superficie de ataque enorme», que los hace todavía más vulnerables y difícil de proteger.

Grupo de Robótica de la Universidad de León.

A qué se debe la vulnerabilidad de los robots

En la robótica se trabaja con la máxima de ofrecer un rendimiento máximo al menor coste computacional posible. Esto choca de frente con la seguridad, para la que se requiere capas de programación adicionales, criptografías que ralentizan el funcionamiento del robot, obligan a incrementar el volumen de recursos para el manejo de esa información y ponen el riesgo la respuesta en tiempo real que se necesita de los dispositivos robóticos.

Además, todos los sistemas adicionales de seguridad hacen que se dispare el consumo energético y, consecuentemente, baje la autonomía del robot. Así, los fabricantes se mueven en ese delicado equilibrio entre funcionalidad y seguridad, y generalmente se decantan por poner en el mercado dispositivos más potentes desde el punto de vista de la operatividad, aunque puedan plantear riesgos desde el punto de vista de la ciberseguridad.

«Necesitamos que avance la tecnología, que los robots sean cada vez más potentes, pero necesitamos que ese avance vaya de la mano también de una mejor en seguridad, porque si queremos integrar robots en nuestro día a día tenemos que asegurarnos que nadie los jaquee, porque un robot puede poner en riesgo la vida de una persona», concluye Adrián Campazas.

La seguridad de los robots es un asunto sumamente delicado, por la penetración creciente de la tecnología en la sociedad y su relación tan cercana con las personas. Por eso la importancia de investigaciones como la del Grupo de Robótica de la Universidad de León, que saca a la luz un problema preocupante.