La transición energética es un proceso imparable, gracias al que se reducirán de manera drástica, quizás no lo suficiente, las emisiones de gases invernadero que han provocado el calentamiento global. Este fenómeno es crucial para el medio ambiente, pero también tiene un conjunto de derivadas preocupantes. La investigadora del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante, Aurora Torres, reconoce que «promover la transición energética es imprescindible, pero no está exenta de riesgos».

En un artículo publicado en la revista científica Nature Reviews Biodiversity, Aurora Torres y un equipo internacional desgranan una visión más completa de los impactos de la extracción de los materiales necesarios para la transición energética con una panorámica amplia, desde el litio o el neodimio, “minerales críticos”, a los materiales de construcción más comunes, como la arena.
La investigación, en la que participa un equipo de expertos en biodiversidad, minería y justicia social, se trata del primer análisis que aúna la evidencia existente sobre los impactos en la biodiversidad y los conflictos socioambientales vinculados a la extracción de los materiales necesarios para la transición energética. A diferencia de trabajos anteriores, centrados únicamente en los llamados “minerales críticos”, este estudio incluye también materiales de construcción, fundamentales para levantar la infraestructura de un futuro bajo en emisiones.
Aurora Torres, investigadora del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante, coordina el equipo de expertos que incluye investigadores de las universidades de Gerona, Queensland (Australia), Oxford (Reino Unido), la consultora The Biodiversity Consultancy (Reino Unido) y los colectivos Fractal y Altekio.
El impacto de la transición energética
Mientras el mundo acelera la transición hacia un futuro con menos emisiones, la publicación advierte de que el debate político y académico suele centrarse en los llamados “minerales críticos”, pero pasa por alto los materiales de construcción (cemento, hormigón o acero, entre otros) y sus materias primas, como los áridos, que en realidad constituyen la mayor parte del volumen requerido para infraestructuras renovables. “Los áridos suelen percibirse como abundantes, de bajo valor y de origen local, lo que hace que pasen desapercibidos en los análisis globales sobre la extracción de recursos para la transición energética”, indica Torres.
La investigadora de la UA, que presentó su investigación sobre el nexo entre minería y biodiversidad la semana pasada en Ginebra, señala que “la transición energética, probablemente, reducirá el volumen total de materiales extraídos en comparación con el modelo económico actual basado en los combustibles fósiles”.
Por su parte, la investigadora Bora Aska, quien lidera el artículo y es doctoranda de la Universidad de Queensland bajo la cosupervisión de Torres, explica que “los materiales de construcción rara vez se incluyen en las evaluaciones de sostenibilidad relacionadas con la transición energética. Sin embargo, una transición energética justa requiere reconocer todos los recursos que la hacen posible”. “Ignorar estos materiales implica subestimar los impactos reales sobre la biodiversidad y sobre las comunidades que dependen de ella”, añade.
Los materiales para las renovables pueden afectar a ecosistemas y comunidades
La publicación ofrece perspectivas sobre cómo la diversidad de materiales necesarios para las energías renovables puede afectar ecosistemas y comunidades. En los últimos años, las investigaciones sobre minería y biodiversidad han crecido significativamente, lo que refleja un reconocimiento creciente de los impactos ecológicos de la minería en políticas nacionales e internacionales de conservación. Estos impactos se manifiestan tanto de forma directa, como la pérdida de hábitats, como en impactos indirectos, que serían la construcción de infraestructuras asociadas que facilitan la expansión agrícola, la deforestación o la caza ilegal.
En el mismo sentido, Aska apunta que “la minería en áreas sensibles puede alterar estos ecosistemas, lo que supone un riesgo tanto la biodiversidad como el bienestar humano”. Además, puntualiza que “aunque la extracción de minerales para la transición energética tiene impactos ecológicos, estos no se comparan con los daños para la biodiversidad y la sociedad que supone seguir consumiendo combustibles fósiles”.
El estudio establece las conexiones entre los impactos de la minería en la biodiversidad y los conflictos de justicia ambiental que surgen en los territorios donde se extraen materiales necesarios para la transición energética. A partir del análisis de más de 500 casos documentados en el Atlas de Justicia Ambiental, una iniciativa del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA-UAB) que recopila conflictos socioambientales en todo el mundo, la investigación ofrece una novedosa visión global sobre las causas, preocupaciones y consecuencias sociales y empresariales asociadas a estos conflictos.
Una transición no exenta de riesgos
“Promover la transición energética es imprescindible, pero no está exenta de riesgos. Es necesario reconocerlos y abordarlos, ya que, sin una planificación adecuada, el impulso hacia la descarbonización podría, de forma no intencionada, acelerar la pérdida de biodiversidad en algunas regiones y agravar las desigualdades sociales”, señala Torres.
El artículo plantea medidas para mitigar los impactos de la extracción de materiales como aumentar la eficiencia y reducir el consumo, impulsar la economía circular e implementar evaluaciones y restauraciones ecológicas de calidad y, al tiempo, destaca la importancia de la participación de comunidades locales e indígenas y el refuerzo de salvaguardas ambientales y sociales.
La investigadora de la UA concluye que “las agendas climática, minera y de conservación deben alinearse, no contraponerse, lo que subraya la necesidad de integrar de manera coherente los objetivos de sostenibilidad ambiental, justicia social y transición energética”.













