¿Se puede conducir con depresión o ansiedad? Un informe lo desaconseja

Las personas con depresión, ansiedad u otros trastornos del estado de ánimo presentan un riesgo de sufrir accidentes de tráfico un 72 % superior al de la población sin estas patologías. Sin embargo, solo el 0,63 % de quienes renuevan el permiso de conducir comunican padecer algún trastorno mental en los Centros de Reconocimiento de Conductores, una cifra que apunta a una importante infraestimación del problema.

Accidente de tráfico en Cartagena. Foto: Bomberos de Cartagena.

Esta es una de las principales conclusiones del informe ‘Condiciones psicofísicas de los conductores con trastorno de estados de ánimo y ansiedad’, elaborado por investigadoras de la Universidad de Granada (UGR), integradas en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC), para la Dirección General de Tráfico (DGT).

La depresión y la ansiedad pueden afectar a la conducción

La revisión científica concluye que los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad pueden alterar funciones cognitivas esenciales para conducir con seguridad.

En el caso de la depresión mayor, los estudios analizados muestran un deterioro de la atención sostenida, la velocidad de reacción y la toma de decisiones. En las personas con ansiedad se han observado dificultades para mantener el control atencional y una menor confianza al volante, mientras que quienes padecen trastorno bipolar pueden mantener alteraciones en la atención y el procesamiento de la información incluso durante los periodos de estabilidad clínica.

No obstante, el informe también recoge resultados esperanzadores. Diversos experimentos con simuladores y pruebas en carretera indican que las personas con depresión parcialmente remitida pueden recuperar una capacidad de conducción similar a la de conductores sin esta patología cuando mantienen una adecuada estabilidad clínica y funcional.

El papel de los antidepresivos y las benzodiacepinas

Uno de los apartados más relevantes del trabajo analiza cómo determinados psicofármacos pueden influir en la seguridad vial.

Las investigadoras advierten de que algunos antidepresivos con efecto sedante, así como las benzodiacepinas y los hipnóticos, pueden producir somnolencia, disminución del estado de alerta, ralentización psicomotora, problemas de coordinación y una mayor inestabilidad en la trayectoria del vehículo.

El informe señala que algunos antidepresivos sedantes aumentan la desviación lateral del vehículo —conocida como Standard Deviation of Lateral Position (SDLP)— hasta niveles comparables a los registrados en conductores con elevadas tasas de alcohol en sangre.

Además, la combinación de antidepresivos y benzodiacepinas incrementa todavía más el deterioro de la conducción y el riesgo de accidente, especialmente entre conductores jóvenes y personas mayores.

Por el contrario, los antidepresivos no sedantes no parecen provocar alteraciones relevantes en el rendimiento al volante.

La medicación no impide automáticamente conducir

Las autoras insisten en que seguir un tratamiento farmacológico no debe interpretarse como una contraindicación automática para conducir.

La aptitud para ponerse al volante debe evaluarse de forma individualizada, teniendo en cuenta la situación clínica de cada paciente, su adaptación a la medicación y el seguimiento realizado por los profesionales sanitarios.

Una evaluación más precisa y sin estigmatizar a los pacientes

El informe revisa también el Reglamento General de Conductores, que establece que los trastornos graves del estado de ánimo pueden ser incompatibles con la conducción salvo que exista un informe médico favorable, lo que puede implicar permisos de duración limitada y revisiones periódicas.

Las investigadoras consideran necesario incorporar herramientas estandarizadas de cribado psicológico, pruebas neuropsicológicas y evaluaciones funcionales más precisas, especialmente en conductores profesionales y personas de mayor edad.

«La investigación defiende un enfoque multidisciplinar que combine prevención, salud mental y seguridad vial, evitando la estigmatización de las personas con trastornos psicológicos y promoviendo campañas de concienciación sobre el consumo de psicofármacos y sus posibles efectos», detalla la catedrática de Psicología Cándida Castro Ramírez, responsable del estudio.

Según concluye la investigadora del CIMCYC, «la seguridad vial no puede abordarse exclusivamente desde factores técnicos, sino que requiere considerar también variables emocionales, cognitivas, laborales y psicosociales».

Una revisión de más de 280 investigaciones científicas

El informe ha sido dirigido por Cándida Castro Ramírez, junto a David A. Salazar-Frías, Antonia P. Pacheco-Unguetti y María Blasa Sánchez Barrera.