Por qué colapsa una ladera tras varios días de lluvia: la ciencia explica qué ocurre bajo el suelo

¿Por qué una ladera puede derrumbarse de forma repentina después de varios días de lluvia? Aunque pueda parecer que el terreno cede de un momento a otro, el proceso comienza mucho antes. A medida que el agua se infiltra en el suelo, este pierde estabilidad hasta alcanzar un punto crítico en el que basta un pequeño desencadenante para provocar un deslizamiento de tierra.

El Dr. José Miguel Montenegro, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explica que la clave está en cómo responde el terreno cuando acumula grandes cantidades de agua.

El agua va debilitando el terreno poco a poco

Cuando las lluvias son intensas o prolongadas, el agua no solo discurre por la superficie. Una parte importante penetra en el terreno y aumenta progresivamente su contenido de humedad.

Ese proceso modifica las propiedades mecánicas del suelo hasta reducir su capacidad para mantenerse estable. «Cuando el suelo se satura, disminuye su resistencia al corte, lo que favorece la ocurrencia de remociones en masa«, señala el especialista.

En otras palabras, el agua actúa como un factor que debilita la cohesión del terreno. Conforme aumenta la saturación, la ladera pierde capacidad para soportar su propio peso y el de los materiales que contiene.

El momento en el que una ladera termina colapsando

El colapso se produce cuando el terreno alcanza un punto en el que las fuerzas que empujan la ladera hacia abajo superan la resistencia que mantiene unidos los materiales del suelo.

A partir de ese instante pueden desencadenarse deslizamientos de tierra o remociones en masa, fenómenos que movilizan grandes volúmenes de suelo, rocas y vegetación ladera abajo.

En las quebradas, además, el riesgo aumenta porque el agua puede adquirir gran velocidad y arrastrar barro, piedras, troncos y otros materiales, formando flujos de detritos con capacidad para afectar viviendas, carreteras e infraestructuras.

El papel de los árboles para evitar deslizamientos

La vegetación desempeña un papel esencial en la estabilidad de las laderas. Los árboles interceptan parte de la lluvia antes de que llegue al suelo y, además, absorben agua mediante sus raíces, reduciendo la cantidad que consigue infiltrarse en el terreno.

«Cuando esa cobertura desaparece, por ejemplo tras un incendio forestal, una mayor cantidad de agua ingresa al terreno, aumentan las presiones de agua en el suelo y disminuye aún más su resistencia. Como consecuencia, aumenta la probabilidad de deslizamientos, especialmente durante lluvias intensas o prolongadas», advierte Montenegro.

Esta es una de las razones por las que las zonas afectadas por grandes incendios forestales suelen ser mucho más vulnerables a los deslizamientos cuando llegan las lluvias.

Las señales que alertan de un posible derrumbe

Aunque estos fenómenos pueden producirse de forma rápida, en muchas ocasiones el terreno ofrece señales de aviso. Entre ellas destacan la aparición de grietas, pequeños desprendimientos, árboles o postes inclinados, así como un aumento repentino del caudal de las quebradas o de la cantidad de barro y sedimentos que transportan.

El especialista recomienda prestar especial atención a estas señales, especialmente en áreas donde ya se han registrado deslizamientos en el pasado.

«En sectores donde anteriormente se han registrado deslizamientos o remociones en masa, es fundamental estar preparados para una evacuación preventiva y seguir oportunamente las instrucciones de las autoridades», sostiene.

Cómo ayuda la tecnología a prevenir deslizamientos

Además de la vigilancia sobre el terreno, el investigador destaca la importancia del monitoreo continuo de las laderas mediante instrumentos como los piezómetros, capaces de medir el nivel de agua existente en el subsuelo.

«Contar con esa información permite evaluar mejor el riesgo y apoyar la toma de decisiones preventivas antes de que ocurra un deslizamiento«, concluye.

Conocer cómo evoluciona la humedad del terreno permite anticipar situaciones de riesgo y mejorar la capacidad de respuesta antes de que una ladera alcance el punto crítico y termine colapsando.