La Fundación Séneca financia el desarrollo de un nuevo portainjerto para tomates, con el que se logra reducir a la mitad el consumo de agua y fertirriego, sin comprometer el crecimiento de la planta y la calidad del fruto. Esta innovación se ha probado con variedades comerciales y en un para de años estará en el mercado.

Paradójicamente, el cultivo de tomates se concentra en las regiones más áridas de la Península Ibérica. Las provincias de Almería, Granada y Murcia surten de tomates a todo el país y a más de media Europa, gracias a sus sistemas de cultivo intensivo bajo invernadero. En estos espacios controlados se aprovecha hasta la última gota de agua, pero la falta de precipitaciones, el aumento de las temperaturas y el agotamiento de las reservas hídricas a ponen en jaque el modelo, que necesita respuestas más avanzadas.
La Fundación Séneca de la Región de Murcia financia el desarrollo de una solución para mantener el cultivo de tomates en los niveles actuales, sin comprometer los recursos hídricos. Un equipo del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC) trabaja en nuevos portainjertos, con los que se logra reducir a la mitad el consumo de agua y de fertilizantes.
Este modelo de portainjerto se desarrolla en colaboración con empresas del sector de semillas y representa una novedad con respecto a las otras soluciones para injertos que hay en el mercado.
Portainjerto para reducir el consumo de agua y fertilizantes en cultivos de tomates
El portainjerto en el que trabaja el CEBAS-CSIC aporta vigor y resistencia a enfermedades del suelo, pero a diferencia de los que ya se pueden adquirir en los semilleros, da un paso más, porque además de esa propiedades, incorpora otras para mantener los rendimientos con un aporte reducido de agua y fertilizantes.
«Estamos desarrollando injertos específicos para reducir el uso de nutrientes y agua, algo en lo que somos pioneros, porque no hay ningún injerto a nivel comercial con estas característica. Hasta ahora, los que se han hecho han estado dirigidos a incrementar el vigor de la planta y a hacerla resistente a enfermedades, pero no para resistir las condiciones del cambio climático», explica la investigadora principal de este proyecto, Cristina Martínez Andújar.
Los nuevos portainjertos están siendo resultado del trabajo realizado a lo largo de la última década por este equipo de investigación, para explorar, identificar, caracterizar y seleccionar una amplia biodiversidad genética del género Solanum sp, para aumentar específicamente el uso eficiente de los principales fertilizantes, así como del agua de riego.

Dónde reside el éxito de este nuevo portainjerto
La clave del éxito de este portainjertos reside en las raíces, «en un ideotipo radicular que se ha denominado DLT», explica la investigadora del CEBAS-CSIC. Tras el estudio de variedades de tomates domesticadas y salvajes se ha conseguido un híbrido con unas raíces realmente profundas, con una capacidad asombrosa para extraer del suelo los recursos que necesita la planta.
Se trata de un conjunto de raíces que profundizan más en el terreno, lo que les permite una captar los nutrientes y el agua con una mayor facilidad, lo que se traduce en que la planta adquiera el mismo vigor que las convencionales, pero con la mitad de recursos hídricos y de fertilizantes.
Gracias a que las raíces del portainjerto son de naturaleza más delgadas, la planta invierte todos sus recursos en la producción del fruto y no tanto en el crecimiento de la raíz. Además, gracias a este ideotipo radicular, la planta presenta una fotosíntesis mejorada.
«En el contexto de cambio climático, creemos importante poder producir más con menos, es decir, tener plantas que necesiten menos agua y menos fertilizantes, que supongan un ahorro económico para los agricultores, reduzcan la contaminación ambiental por fertilizantes», explica Cristina Martínez Andújar.

Estudio de más de 200 tipos de tomate domesticado y silvestre
El grupo de investigación del CEBAS-CSIC ha llegado a este tipo de portainjerto novedoso después de analizar más de 200 tipos de tomate cultivado y silvestre, y seleccionar las variedades que mejores respuesta ofrecían en condiciones de estrés hídrico y nutricional. Con las líneas de tomate seleccionadas han obtenido unos híbridos que han mejorado el comportamiento de las líneas parentales.
El trabajo se encuentra en fase de validación en un entorno comercial, en colaboración con una empresa con el sector, con el objetivo de comprobar la viabilidad de estos portainjertos a una escala real, mucho más allá de las pruebas de laboratorio realizadas por el grupo de Cristina Martínez Andújar.
El equipo del CEBAS-CSIC ha realizado ensayos en condiciones de invernadero con una reducción del fertirriego del 50 y del 25 por ciento, y en ambos casos la planta se ha desarrollado adecuadamente y ha dado unos frutos con la calidad exigida a nivel comercial, por lo que si estas mismas condiciones se repiten en semillero, se puede decir que se está ante un avance que puede suponer un punto de inflexión en la agricultura intensiva del tomate.
Una vez comprobada la adecuación de estos portainjertos para su implantación a escala comercial, se iniciará un proceso de protección, mediante solicitud de patente, y esta solución para hacer más sostenible el cultivo de tomates podría estar en el mercado en un plazo de unos dos o tres años. Además se puede aplicar a otros cultivos que aceptan injerto y que, además de en invernadero, se cultivan al aire libre, como melón y sandía.













