Nueva teoría sobre la desecación del Mediterráneo escondida en los yesos de Almería

Un equipo de la Universidad de Almería ha encontrado vestigios en los yesos de Sorbas que aportan datos nuevos sobre la crisis salina del Messienense y muestran que los cambios climáticos provocados por desviaciones en la órbita terrestre contribuyeron a la desecación del Mediterráneo hace cinco millones de años.

El investigador de la UAL, Fernando Gázquez, en el interior de una de las cuevas de Sorbas.

El municipio almeriense de Sorbas es conocido en todo el mundo por sus cuevas kársticas y sus canteras de yeso, de donde se obtiene el 76 por ciento de toda la producción nacional. Sin embargo el entorno de este municipio es mucho más. Sus formaciones de yeso esconden un registro que aporta datos de gran valor sobre la crisis salina del Messienense, la desecación que experimentó el Mar Mediterráneo hace más de cinco millones de años.

Un equipo científico de la Universidad de Almería y la Universidad de Cambridge ha combinado técnicas isotópicas de última generación para reconstruir cómo eran las aguas que formaron los depósitos de yeso en la Cuenca de Sorbas. La información obtenida ha sido clave para entender el papel de las oscilaciones en la órbita terrestre y los cambios climáticos provocados por estas desviaciones terrestres en la crisis salina del Mediterráneo.

Los resultados de este estudio están publicados en la revista The Depositional Record y no solo ponen en cuestión algunos conceptos sobre la formación de estos yesos, sino también lo que se conocía sobre el origen de este episodio ocurrido al final del Mioceno.

Cambios climáticos y desecación del Mediterráneo

La cuenca de Sorbas, hoy un terreno semidesértico y cuevas de yeso, fue hace millones de años un pequeño mar interior conectado de forma intermitente con el Mediterráneo. En sus estratos, los geólogos pueden leer una historia escrita en capas alternas de yeso y margas, conocidas como los ciclos del Yesares. Cada uno de ellas representa un episodio de cambio climático, evaporación y recarga de una mezcla de agua dulce y marina.

El estudio analizó 16 de esos ciclos, datados entre 5,97 y 5,60 millones de años. Los investigadores midieron las proporciones de isótopos de oxígeno, hidrógeno, azufre, calcio y estroncio en cristales de yeso y carbonatos intercalados. Además, examinaron la salinidad de las inclusiones fluidas, pequeñas burbujas de agua atrapadas en el interior del mineral desde el momento de su formación.

«Nuestros resultados sugieren que la cuenca de Sorbas se desconectó parcialmente del Mediterráneo cuando se formaron los yesos debido a múltiples causas», explica el investigador del grupo de Recursos Hídricos y Geología Ambiental de la Universidad de Almería y primer autor del artículo, Fernando Gázquez.

Toma de muestras en el entorno de yesos de Sorbas.

Hasta 16 periodos climáticos diferentes

Los 16 periodos alternos de unos 100.000 años cada uno, coincidentes con las oscilaciones orbitales, pueden identificarse de forma clara en el terreno de Sorbas. Tal y como detalla Fernando Gázquez, durante las fases de mayor insolación, coincidentes con una mayor cercanía de la Tierra al Sol, se dio un clima más cálido y seco. Estas condiciones facilitaron la formación de yesos. Por contra, cuando la Tierra estaba más alejada y recibía menos insolación, el clima se tornaba más húmedo y frío, y se dio lugar a la formación de margas.

Uno de los resultados más sorprendentes de esta investigación está relacionado con la génesis de los yesos que abundan en la zona y de que se trata de la primera vez que se estudian los isótopos de calcio presentes en el yeso.

Hasta ahora se pensaba que los yesos se habían formado por la acción del agua salada del Mediterráneo, sin embargo, se crearon por la acción de una salmuera híbrida, resultado de la mezcla entre agua marina y otras continentales. Según se ha descubierto con los estudios isotópicos, la cuenca de Sorbas recibía un gran aporte de agua dulce, procedente de ríos o lluvias.

A todos estos fenómenos, que no son pocos, se les sumó la subida del terreno debido a la actividad tectónica por la colisión de las placas tectónicas africana y euroasiática, un fenómeno que también ha quedado registrado en los yesos del terreno.

Hace más de cinco millones de años, cuando se produjo la crisis salina, el Mediterráneo no era un lago de sal estancado, sino más bien un sistema dinámico, con entradas de agua dulce y episodios de evaporación que seguían un ritmo determinado por el clima y la órbita terrestre. Dicho de otra manera, se secaba y se recargaba en función de los ritmos orbitales de la Tierra.

Cantera de yesos en Sorbas donde se han estudiado los registros de los cambios climáticos dejados en el terreno.

Un nuevo factor que explica la desecación del Mediterráneo

La principal aportación de este estudio está relacionada con el origen de la desecación del Mediterráneo. Hasta ahora, la tesis más aceptada achacaba el proceso al cese de la conexión entre el Atlántico y el Mediterráneo, que interrumpió la entrada de agua. Sin embargo, los investigadores consideran que esta interrupción no fue la causa única. Fernando Gázquez entiende que al ‘cierre’ de la comunicación con el Atlántico se unieron factores como los cambios climáticos cíclicos relacionados con variaciones en la órbita terrestre y las grandes oscilaciones del nivel del mar global durante periodos glaciares jugaron un papel clave.

Durante los periodos más fríos y secos, asociados a glaciaciones y descensos del nivel del mar, el Mediterráneo quedaba más restringido, con una menor conexión con el Atlántico. En esos momentos predominaban los aportes continentales, y los depósitos muestran señales de aguas más dulces. En cambio, en fases más cálidas e interglaciares, el nivel del mar subía y se reanudaba el intercambio marino, restaurando temporalmente las condiciones salinas.

«Sorbas es uno de los mejores lugares para observar los estratos en el yeso, debido a su clima árido, pero no el único. Esta misma secuencia de alternancia de yesos y margas se repite en Italia, Grecia, Chipre, Turquía…», afirma Fernando Gázquez.

Estos descubrimientos ayudan a comprender mejor el fenómeno geológico que cambió el aspecto del Mediterráneo y de las tierras que baña; pero sobre todo, muestran el valor del yeso como un testigo inigualable para entender la geología cambiante de un planeta que todavía esconde muchos secretos.