Los Milanes, el enclave en Almería que pugna con Los Millares por el título de la primera ciudad europea

En el corazón del pasillo de Fiñana, entre las montañas que separan Granada y Almería, un equipo de arqueólogos ha devuelto la vida a un pasado de más de cinco mil años. Sus hallazgos, fruto de las excavaciones realizadas entre 2023 y 2024, han sacado a la luz uno de los conjuntos arqueológicos más notables del sureste peninsular: el poblado calcolítico del Peñón de las Juntas y la necrópolis de sepulturas tipo tholos de Los Milanes, en el municipio de Abla.

El trabajo, publicado recientemente en la revista Trabajos de Prehistoria por un grupo de investigadores de la Universidad de Granada y la Universidad de Málaga, revela un capítulo fascinante de la Edad del Cobre, cuando las primeras comunidades complejas comenzaron a fortificar sus aldeas y a construir monumentales tumbas colectivas. El estudio, liderado por Gonzalo Aranda Jiménez, describe un paisaje humano donde la vida, la muerte y la memoria se entrelazaban de una forma profundamente simbólica.

Un proyecto que revive el pasado

El descubrimiento se enmarca en un amplio proyecto de investigación sobre las sociedades megalíticas del sureste ibérico, que desde 2012 busca reinterpretar los antiguos hallazgos de arqueólogos pioneros como Luis Siret. Tal y como explican los investigadores den su artículo, el objetivo del proyecto era ir más allá de los viejos informes del siglo XIX y aplicar las tecnologías más avanzadas para entender cómo vivían y morían aquellas comunidades.

Durante dos campañas de campo, el equipo realizó prospecciones exhaustivas con drones, modelados 3D del terreno y excavaciones selectivas que permitieron redibujar con precisión el mapa de este enclave milenario. El resultado: un poblado fortificado de unas dos hectáreas y una necrópolis con 18 tumbas monumentales de tipo tholos, es decir, sepulturas con cámaras circulares cubiertas por falsas bóvedas de piedra.

El Peñón de las Juntas: una fortaleza de hace 5.000 años

El Peñón de las Juntas domina el paisaje desde un espolón rocoso que se levanta justo en la confluencia del río Nacimiento y la rambla de Los Santos. Allí, las imágenes aéreas obtenidas con drones revelaron una estructura urbana sorprendentemente planificada. El asentamiento se organiza en tres recintos concéntricos delimitados por murallas de piedra seca, reforzadas con torres rectangulares y muros de más de un metro de grosor.

Estas construcciones recuerdan al célebre poblado de Los Millares, situado apenas treinta kilómetros al sureste, considerado el paradigma de las sociedades fortificadas de la Edad del Cobre. Pero lo que hace especial al Peñón de las Juntas es su excelente estado de conservación y el hecho de que sus torres son macizas y no huecas, una característica que, según los autores, podría situarlas en una fase más avanzada del III milenio antes de Cristo.

Ortofotografía y plano topográfico del poblado del Peñón de las Juntas con la localización de las estructuras murarias identificadas.

El lugar fue habitado durante siglos y, más tarde, reutilizado. Los arqueólogos han identificado restos de ocupación romana y medieval, incluso los vestigios de una fortaleza islámica conocida como Mont Ruwi, destruida en el siglo X por Abd al-Rahman III. Esa superposición de historias convierte al Peñón de las Juntas en un punto estratégico que ha sido testigo de milenios de vida y conflicto.

La necrópolis de Los Milanes: la ciudad de los muertos

Frente al poblado, al otro lado del río, se alza el cerro de Los Milanes, donde se extiende una necrópolis que quita el aliento. Desde la distancia, apenas se perciben las formas circulares de las tumbas, pero bajo la superficie se esconde un complejo sistema de cámaras funerarias, corredores y vestíbulos tallados en la roca.

Los arqueólogos identificaron 18 sepulturas, cinco de ellas intactas, alineadas casi con precisión matemática a lo largo de la cresta del cerro. Todas comparten una orientación hacia el este, hacia el lugar donde nace el sol, una elección que probablemente simbolizaba el renacer de los difuntos y su conexión con el ciclo solar. No es casual que desde cada tumba se vea el poblado del Peñón de las Juntas. Era una forma de mantener el vínculo entre los vivos y los muertos.

Vestíbulo, corredor y detalle de diferentes restos arqueológicos asociados a la sepultura 12 de la necrópolis de Los Milanes.

Las excavaciones más reveladoras se realizaron en las sepulturas 8 y 12. La primera, de planta ovalada, ofreció una sorpresa excepcional: un depósito funerario formado exclusivamente por restos humanos cremados. En total, se recuperaron más de 28.000 fragmentos óseos y más de mil piezas dentales pertenecientes al menos a 21 individuos. Todo indica que los cuerpos fueron incinerados fuera de la tumba y que los huesos se depositaron más tarde con sumo cuidado, acompañados de ajuares rituales: ídolos tallados en falange, puntas de sílex, cerámicas de borde engrosado, punzones de hueso y collares de piedra.

La sepultura 12, en cambio, albergaba inhumaciones primarias, es decir, cuerpos enterrados sin cremación. Su arquitectura conserva todos los elementos clásicos del tholos: cámara circular, falsa bóveda de mampostería, corredor orientado al amanecer y un vestíbulo trapezoidal que servía de espacio ritual. En su interior apareció un cuenco cerámico completo, quizá una ofrenda depositada al despedir al difunto.

Las fechas que reescriben la historia del sureste peninsular

Los investigadores obtuvieron nueve dataciones por radiocarbono (AMS) a partir de restos humanos de ambas tumbas. El análisis, realizado en el Scottish Universities Environmental Research Centre, permitió establecer una cronología precisa. Las primeras actividades funerarias se produjeron entre 3180 y 2765 a.C., mientras que las últimas se sitúan hacia 2200 a.C.. Esto significa que la necrópolis estuvo en uso durante más de seis siglos, coincidiendo plenamente con el esplendor de otras grandes comunidades calcolíticas del sur peninsular.

El estudio muestra dos momentos de especial intensidad ritual: uno en torno al año 2800 a.C., cuando se realizaron las cremaciones de la sepultura 8, y otro hacia el 2200 a.C., asociado a las inhumaciones de la sepultura 12. Esa dualidad podría reflejar cambios culturales o ideológicos dentro de la comunidad, una transición entre el uso de la cremación y el entierro directo.

Mapa con la localización de los principales yacimientos arqueológicos mencionados en el texto. Base cartográfica: DERA (Datos Espaciales de Referencia de Andalucía). Instituto de Cartografía y Estadística de Andalucía.

Un espejo de Los Millares, con identidad propia

El trabajo comparativo realizado por el equipo de la Universidad de Granada demuestra que el modelo de asentamiento fortificado con necrópolis asociada no fue exclusivo de Los Millares. El Peñón de las Juntas y Los Milanes reproducen ese mismo esquema, con un poblado defensivo y una ciudad de los muertos situada frente a él, ambos estratégicamente conectados visualmente.

Sin embargo, hay diferencias importantes. Mientras que la necrópolis de Los Millares reúne unas 80 tumbas agrupadas por clanes, la de Los Milanes presenta solo 18, dispuestas en línea sobre las cotas más altas del cerro. Esa alineación podría simbolizar una forma distinta de expresar la pertenencia al grupo o de organizar el espacio sagrado. En cualquier caso, ambas comparten una cronología casi idéntica y un mismo trasfondo cultural dentro de la Edad del Cobre en el sureste de la Península Ibérica.

Una ventana abierta al pasado de Almería

Este hallazgo, además de su valor científico, tiene un enorme potencial para la divulgación arqueológica y el turismo cultural en Almería. Los autores insisten en la necesidad de conservar y poner en valor este patrimonio, que complementa a otros grandes enclaves calcolíticos de la región como Los Millares, El Barranquete o Mojácar.