Los gigantescos dinosaurios del yacimiento de Lo Hueco, en Cuenca, no fueron enterrados de forma inmediata tras su muerte, como se creía hasta ahora. Un nuevo estudio ha revelado que sus cadáveres permanecieron expuestos durante semanas o incluso meses antes de quedar sepultados, tiempo suficiente para que insectos carroñeros colonizaran sus cuerpos y dejaran una huella que ha permanecido fosilizada durante 70 millones de años.

El hallazgo, publicado en la revista científica Earth-Science Reviews, cambia la interpretación de uno de los yacimientos del Cretácico Superior más importantes de Europa y aporta una nueva visión sobre los procesos que condujeron a la fosilización de estos enormes titanosaurios.
Las marcas de insectos que cambiaron la historia del yacimiento
La investigación ha identificado pequeñas perforaciones conservadas en la superficie de los huesos de los dinosaurios. Estas cavidades, de forma elíptica, son muy similares a las que producen actualmente las larvas de determinados escarabajos cuando se alimentan de cadáveres en descomposición.
Gracias al excepcional estado de conservación de los fósiles, los investigadores han podido caracterizar con precisión estas huellas, clasificadas dentro del icnogénero Cubiculum.
La presencia de estas marcas demuestra que los restos permanecieron expuestos durante un periodo prolongado antes de ser enterrados, desmontando la hipótesis tradicional según la cual un episodio repentino de acumulación de sedimentos habría sepultado rápidamente a los animales.
Un descubrimiento que reescribe el escenario de Lo Hueco
El estudio ha sido coordinado por el Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y liderado por Zain Belaústegui, investigador de la Universidad de Barcelona, en colaboración con paleontólogos de la UNED y especialistas en entomología forense de la Universidad de Alcalá de Henares.
Los resultados obligan a replantear el escenario paleoambiental de este enclave conquense, donde hace unos 70 millones de años existía una llanura costera habitada por algunos de los mayores dinosaurios de Europa.
Según los investigadores, los cadáveres no desaparecieron rápidamente bajo los sedimentos, sino que permanecieron durante un tiempo considerable en la superficie, convirtiéndose en un recurso para toda una comunidad de organismos carroñeros.
Cómo unos escarabajos actuales ayudaron a resolver el misterio
Para estimar cuánto tiempo estuvieron expuestos los cadáveres, los investigadores recurrieron a una comparación con especies actuales.
El equipo analizó el comportamiento de las larvas del escarabajo Dermestes frischii, capaz de generar perforaciones muy similares a las observadas en los fósiles cuando coloniza cadáveres de cocodrilos y avestruces.
Los experimentos mostraron que la formación de estas estructuras requiere al menos 240 horas, es decir, diez días, aunque en condiciones naturales el proceso suele prolongarse mucho más.
Esta evidencia sugiere que los restos de los dinosaurios de Lo Hueco permanecieron accesibles para los insectos durante semanas e incluso meses antes de iniciar el proceso definitivo de fosilización.
Una ventana única al proceso de fosilización
Para Francisco Ortega, catedrático de Paleontología de la UNED y coautor del estudio, este tipo de evidencias resultan fundamentales para comprender mejor el pasado.
«Cuanta más información sobre el proceso de fosilización se pueda obtener, más precisa será la reconstrucción del ambiente en el que vivieron y murieron estos dinosaurios».
Por su parte, Zain Belaústegui destaca que el análisis de las huellas de insectos permite reconstruir acontecimientos que normalmente desaparecen del registro fósil.
«El estudio de la bioerosión producida por insectos en diferentes estructuras esqueléticas es muy útil para descifrar el proceso de fosilización. En este caso, nos indica que los restos estuvieron expuestos el tiempo suficiente para que insectos necrófagos pudieran perforar estas estructuras».
El gran cementerio de dinosaurios de Cuenca
El yacimiento de Lo Hueco está considerado uno de los enclaves paleontológicos más importantes del Cretácico Superior europeo.
Durante años ha proporcionado miles de restos fósiles, incluyendo esqueletos relativamente completos de grandes saurópodos titanosaurios que vivieron poco antes de la extinción de los dinosaurios.
Todo este material se conserva actualmente en el Museo de Paleontología de Castilla-La Mancha (MUPA), en Cuenca, donde continúa siendo objeto de estudio.
Un campo todavía poco explorado
La investigación incluye además una revisión de más de 140 trabajos científicos sobre bioerosión producida por insectos en huesos fósiles, desde el Triásico Medio hasta épocas recientes.
Los autores destacan que únicamente una referencia previa correspondía a la península ibérica, lo que convierte a Lo Hueco en un caso especialmente relevante para comprender cómo los insectos participaron en los ecosistemas del pasado y cómo contribuyeron, indirectamente, a dejar registrada la historia de algunos de los últimos dinosaurios que habitaron Europa.
Más allá de los propios fósiles, las pequeñas perforaciones conservadas en los huesos han demostrado que incluso los insectos pueden convertirse en testigos privilegiados de acontecimientos ocurridos hace 70 millones de años.














