Las niñas que presentan niveles más elevados de bisfenol A (BPA) y benzofenonas en la orina tienen más probabilidades de desarrollar pubertad precoz o experimentar un desarrollo mamario temprano. Así lo revela una investigación de la Universidad de Granada publicada en la revista científica European Journal of Pediatrics, que identifica una asociación significativa entre estos compuestos químicos de uso cotidiano y la alteración del desarrollo puberal femenino.

El estudio concluye que el riesgo de presentar signos de adelanto puberal aumenta un 44% por cada duplicación de los niveles de BPA, mientras que las concentraciones más elevadas de benzofenonas se asocian con un riesgo aproximadamente tres veces mayor de sufrir pubertad precoz.
El estudio analizó a más de 300 niñas de hospitales españoles
La investigación ha sido liderada por Carmen Freire, profesora del Departamento de Medicina Legal, Toxicología y Antropología Física de la Universidad de Granada, y ha contado con la participación de especialistas en endocrinología pediátrica de seis hospitales españoles, entre ellos el Hospital Clínico San Cecilio de Granada.
Los investigadores analizaron muestras de orina de 182 niñas de entre 4 y 8 años diagnosticadas con pubertad precoz, telarquia prematura —desarrollo mamario temprano— u otras alteraciones del desarrollo puberal. Los resultados se compararon con los de 128 niñas sin estos trastornos, que actuaron como grupo de control. El trabajo ha sido financiado por el Instituto de Salud Carlos III.
Qué son el bisfenol A y las benzofenonas
El bisfenol A (BPA) es una sustancia utilizada en determinados plásticos y resinas presentes en numerosos productos de consumo. Las benzofenonas, por su parte, se emplean habitualmente como filtros ultravioleta en cosméticos, protectores solares y productos de cuidado personal.
Ambos compuestos forman parte del grupo de los llamados disruptores endocrinos, sustancias químicas capaces de alterar el funcionamiento normal del sistema hormonal.
Estos contaminantes están presentes en numerosos objetos cotidianos, desde envases alimentarios hasta productos cosméticos, y su exposición es prácticamente generalizada en la población.
Los contaminantes hormonales pueden alterar el desarrollo puberal
Los científicos cuantificaron en las muestras de orina distintos compuestos fenólicos, entre ellos bisfenoles, parabenos y benzofenonas, además de varios metales.
Los resultados muestran que el BPA es uno de los factores con una asociación más consistente. Cada incremento del doble en sus niveles urinarios se relaciona con un 44% más de riesgo de presentar signos de adelanto puberal.
Cuando se analizan específicamente los casos de pubertad precoz, el incremento del riesgo alcanza el 69%, mientras que en la telarquia prematura se sitúa en el 29%.
Las benzofenonas mostraron una relación aún más intensa con la pubertad precoz, ya que las niñas con concentraciones más elevadas presentaban aproximadamente el triple de riesgo.
Además, cuando los investigadores analizaron conjuntamente la exposición a diferentes fenoles y metales, observaron un aumento global del riesgo del 20%, siendo el BPA el compuesto con mayor peso en ese efecto combinado.

La pubertad precoz puede tener consecuencias para la salud futura
Los expertos recuerdan que la pubertad precoz no solo altera el ritmo natural del desarrollo infantil.
Diversas investigaciones han asociado este fenómeno con una mayor probabilidad de sufrir problemas psicológicos durante la adolescencia y con un incremento del riesgo de enfermedades hormonodependientes en etapas posteriores de la vida, incluido el cáncer de mama.
Durante los últimos años, los especialistas han detectado una tendencia creciente al adelanto de la pubertad, especialmente entre las niñas, lo que ha incrementado el interés científico por identificar los factores ambientales que podrían estar contribuyendo a este fenómeno.
La prohibición del BPA no elimina completamente la exposición
Los autores del estudio recuerdan que la Unión Europea prohibió en enero de 2025 el uso de BPA en materiales destinados al contacto con alimentos, como determinados envases y recubrimientos de latas.
Sin embargo, advierten de que las fuentes de exposición siguen siendo muy diversas y que todavía existe incertidumbre sobre cuáles son los niveles realmente seguros para la población infantil.
Por ello, consideran necesario continuar investigando los efectos de los disruptores endocrinos y de las mezclas de contaminantes ambientales sobre el desarrollo infantil.

Los investigadores reclaman medidas preventivas
Ante la exposición generalizada a estas sustancias químicas, los responsables del trabajo subrayan la necesidad de reforzar las estrategias preventivas dirigidas a reducir el contacto de niños y niñas con estos contaminantes.
Entre las medidas propuestas figuran una mayor educación sanitaria, regulaciones más estrictas, el desarrollo de productos con formulaciones más seguras y una gestión ambiental más eficaz.
Los investigadores consideran que generar más evidencia científica sobre los efectos de los disruptores endocrinos será fundamental para proteger la salud infantil y comprender mejor el aumento de los casos de pubertad precoz observado en los últimos años.













