Los árboles grandes reducen hasta 5 grados la temperatura durante las olas de calor

No todos los parques protegen igual frente al calor extremo. Una investigación liderada por la Universidad de Granada (UGR) demuestra que los árboles de gran porte y copa densa son el elemento más eficaz para reducir la temperatura en las ciudades, mientras que las zonas verdes con poco arbolado pierden buena parte de su capacidad para actuar como refugios climáticos.

Parque en Granada. Foto: Francisco Molina.

Los primeros resultados del proyecto ACTERCA revelan que los parques con abundante cobertura arbórea pueden registrar temperaturas entre 3 y 5 grados centígrados inferiores a las de aquellos donde predominan el albero, los pavimentos impermeables o las superficies con escasa vegetación.

El tamaño del parque importa menos que la cantidad de árboles

Las olas de calor, cada vez más frecuentes e intensas como consecuencia del cambio climático, se han convertido en uno de los principales riesgos ambientales en Andalucía.

Ante esta situación, las zonas verdes desempeñan un papel esencial para mejorar el confort térmico de la población. Sin embargo, el estudio demuestra que no basta con aumentar la superficie verde: la eficacia de un parque depende sobre todo de cómo está diseñado y de la presencia de árboles capaces de proporcionar sombra y refrigeración natural.

El proyecto ACTERCA analiza los refugios climáticos de las ocho capitales andaluzas

Con este objetivo nació ACTERCA (Análisis espacio-temporal del confort térmico de las zonas verdes en Andalucía. Evaluación, resiliencia y estrategias de mitigación ante las olas de calor), un proyecto liderado por la Universidad de Granada y financiado por la Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda de la Junta de Andalucía.

Dirigido por David Hidalgo, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación de la UGR, el proyecto reúne a especialistas internacionales en climatología urbana, ingeniería, análisis espacial y modelización ambiental.

Para elaborar el primer diagnóstico regional sobre el confort térmico de las zonas verdes andaluzas, los investigadores combinan imágenes de los satélites Landsat y Sentinel, modelos climáticos, inteligencia artificial, cámaras térmicas y sensores de temperatura y humedad instalados sobre el terreno.

La sombra y la evapotranspiración explican el efecto refrigerante

Los investigadores concluyen que el principal mecanismo que permite reducir la temperatura urbana es la combinación entre la sombra generada por las copas y la evapotranspiración de los árboles.

Gracias a estos procesos, los parques con abundante arbolado consiguen disminuir notablemente la temperatura ambiental y mejorar el confort térmico de quienes los utilizan.

Por el contrario, las zonas verdes con escasa cobertura arbórea pierden gran parte de su capacidad para amortiguar los efectos de las olas de calor.

«No basta con plantar más árboles; es necesario diseñar mejor nuestras zonas verdes. Los árboles de gran porte y copa densa generan sombra, incrementan la evapotranspiración y reducen la temperatura ambiental, convirtiendo estos espacios en auténticos refugios climáticos durante las olas de calor», explica David Hidalgo.

Cada ciudad necesita una estrategia distinta para combatir el calor

El proyecto también está demostrando que no existe una solución universal para reducir las temperaturas urbanas. Los primeros trabajos muestran que cada ciudad responde de manera diferente en función de su morfología, los materiales empleados en la construcción y la configuración de sus calles.

En Sevilla y Málaga, el principal factor responsable del calentamiento urbano es el albedo de los materiales, es decir, su capacidad para reflejar la radiación solar.

En Córdoba, el aumento de temperatura está relacionado principalmente con la elevada densidad edificatoria y la impermeabilización del suelo.

Por su parte, Granada presenta un comportamiento singular, donde la geometría urbana y el denominado Sky View Factor, que mide el grado de apertura de calles y espacios urbanos hacia el cielo, determinan buena parte de la distribución del calor. De hecho, el estudio revela que algunos barrios históricos muestran una mayor resiliencia térmica que desarrollos urbanísticos mucho más recientes.

Un mapa para diseñar ciudades más frescas

Los resultados de ACTERCA servirán para elaborar recomendaciones específicas para cada una de las ocho capitales andaluzas.

Además, el proyecto desarrollará cartografía térmica de alta resolución y una plataforma web de acceso abierto destinada a administraciones públicas, urbanistas y ciudadanía, con el objetivo de facilitar la planificación de ciudades más resilientes frente al aumento de las olas de calor.

«Si cada ciudad presenta unas características morfológicas, constructivas y climáticas propias, resulta evidente que no existe una solución universal para mitigar el calor urbano y que las estrategias de adaptación y resiliencia deben diseñarse de forma específica para cada caso. Solo así será posible desarrollar ciudades realmente preparadas frente al aumento de las olas de calor», concluye David Hidalgo.