El llamativo color amarillo y anaranjado que los polluelos muestran en el borde del pico no es un rasgo fijo. Un estudio publicado en la revista Animal Behaviour demuestra que las crías de herrerillo común (Cyanistes caeruleus) modifican la intensidad de esa coloración en función de la competencia que existe dentro del nido para atraer la atención de sus padres y aumentar sus posibilidades de recibir alimento.

La investigación, desarrollada por científicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), la Universidad de Granada (UGR) y el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC, UCLM, JCCM), revela que esta señal visual es mucho más flexible de lo que se pensaba y constituye una sofisticada estrategia de comunicación entre padres e hijos.
El color de la boquera ayuda a los polluelos a captar la atención de sus padres
En especies como el herrerillo común, que ponen varios huevos en cada reproducción, los polluelos deben competir constantemente entre sí para conseguir alimento.
Cuando los adultos regresan al nido con comida, las crías despliegan diferentes señales para llamar su atención. Entre ellas destaca la boquera, el borde coloreado del pico que exhiben cuando abren la boca para pedir alimento.
Hasta ahora se sabía que esta coloración, producida por carotenoides obtenidos a través de la alimentación, reflejaba el estado de salud del polluelo. Sin embargo, el nuevo estudio demuestra que también funciona como una herramienta de comunicación flexible, capaz de modificarse según las circunstancias del nido.
«La coloración amarillenta de las boqueras es una señal visual de los polluelos durante la petición de alimento, de ahí que sea tan grande respecto a su tamaño cuando son pequeños. En este trabajo hemos comprobado que la intensidad del color es flexible, es decir, cambia en función del nivel de competencia entre hermanos porque utilizan estas marcas para anunciarse y atraer la atención de sus progenitores», explica Pablo Melero-Romero, investigador del MNCN-CSIC.
Más competencia entre hermanos, señales visuales más intensas
Para comprobar cómo influye la competencia dentro del nido, los investigadores modificaron experimentalmente el número de polluelos presentes en cada nidada.
De este modo, crearon nidos con menos crías, nidos de control y nidos con un mayor número de polluelos. Posteriormente analizaron la intensidad de la coloración de las boqueras, la frecuencia con la que los padres aportaban alimento y la composición de la dieta recibida por cada nidada.
Los resultados mostraron que los polluelos criados en nidos con menor competencia tendían a presentar una coloración menos intensa que los pertenecientes a nidadas normales.

La alimentación también influye en el color del pico
El estudio revela además que la dieta desempeña un papel fundamental en esta estrategia.
Los polluelos que reciben una alimentación más abundante y rica en orugas, su principal fuente de carotenoides, muestran señales visuales menos llamativas porque necesitan invertir menos recursos en competir por la comida.
Asimismo, los ejemplares de mayor tamaño dentro de cada nido presentan una coloración más intensa que sus hermanos más pequeños, lo que indica que esta señal depende tanto de las condiciones ambientales como del estado físico de cada individuo.
Una compleja estrategia de comunicación familiar
Los investigadores concluyen que la comunicación entre padres y polluelos es mucho más sofisticada de lo que se pensaba.
«La coloración de las boqueras funciona como una señal flexible que los polluelos ajustan según el balance entre el coste y el beneficio que tiene ser el que más llama la atención de sus padres. Cuando la competencia disminuye y el alimento es relativamente abundante, los pollos reducen la inversión en la señal visual y destinan los carotenoides a otras funciones fisiológicas», explica Gregorio Moreno-Rueda, investigador de la Universidad de Granada.
Un hallazgo que ayuda a comprender cómo afectan los cambios ambientales a las aves
Más allá de explicar cómo evolucionan las señales biológicas, el estudio aporta información relevante sobre el impacto que factores como la disponibilidad de alimento o las alteraciones del hábitat pueden tener sobre la dinámica familiar de las aves.
Comprender cómo los polluelos ajustan sus estrategias de comunicación permite conocer mejor los mecanismos que determinan el éxito reproductor y cómo las especies responden a los cambios que experimentan los ecosistemas.













