Dormir en verano se está convirtiendo en un problema cada vez más frecuente. Las temperaturas nocturnas aumentan, las viviendas acumulan calor durante horas y el descanso se vuelve más difícil. Las conocidas como noches tropicales, aquellas en las que la temperatura no baja de 20 °C, se han convertido en uno de los efectos más visibles del cambio climático en regiones mediterráneas como Andalucía.

Su impacto va más allá del malestar térmico. Estas noches incrementan el consumo de aire acondicionado, elevan la demanda eléctrica y añaden presión sobre los sistemas energéticos.
Ahora, una investigación coliderada por Juan Miguel Requena Mullor, del grupo Sostenibilidad, Resiliencia y Gobernanza de Sistemas Socio-Ecológicos de la Universidad de Almería, junto a investigadores de la Universidad de Michigan, plantea una posible vía para afrontar el problema: utilizar recursos energéticos generados precisamente en los territorios donde el calor nocturno se intensifica.
La relación inesperada entre las noches tropicales y la biomasa
El estudio partió de una pregunta sencilla: comprobar si las áreas donde las noches tropicales aparecen antes coinciden con regiones capaces de generar una gran cantidad de residuos de biomasa.
Para responder a esta cuestión, los investigadores recurrieron a imágenes satelitales de alta resolución y modelos estadísticos avanzados que permitieron elaborar mapas detallados sobre la exposición al calor nocturno en Andalucía.
Los resultados mostraron un patrón claro. Las zonas costeras y los grandes núcleos urbanos experimentan una aparición más temprana de altas temperaturas durante la noche. Por el contrario, las áreas con mayor presencia de vegetación o masas de agua consiguen retrasar estos episodios. La principal sorpresa llegó al cruzar estos datos con la distribución territorial de los residuos aprovechables para generar energía.
Una solución energética donde más se necesita
Los investigadores encontraron una coincidencia especialmente relevante: muchas de las zonas con mayor riesgo de sufrir calor nocturno y un incremento de la demanda de refrigeración son también territorios con una elevada capacidad para producir biomasa residual.
Esta biomasa procede de restos generados por actividades agrícolas, forestales, ganaderas, urbanas o industriales y puede transformarse en una fuente de energía renovable.
La idea era conectar directamente el problema con la solución. Si las zonas que necesitarán más energía para refrigerarse son también las que generan recursos aprovechables, sería posible desarrollar estrategias energéticas locales capaces de reducir la dependencia de combustibles fósiles.
Más árboles, más agua y nuevas estrategias urbanas
Los resultados ofrecen también información útil para la planificación urbana y la adaptación al cambio climático. A corto plazo, el trabajo puede ayudar a identificar qué municipios presentan una mayor exposición a una aparición temprana de noches tropicales, permitiendo adoptar medidas como la creación de espacios verdes, la protección de zonas con agua o el rediseño de determinados espacios urbanos para reducir el impacto térmico.
A medio y largo plazo, los investigadores consideran que este tipo de análisis permitirá anticipar aumentos en la demanda eléctrica y promover soluciones basadas en recursos locales.
Además de ampliar las opciones de energías renovables, este enfoque podría reducir parte de la presión que actualmente soportan otros sistemas energéticos en el sur de España.
En un escenario marcado por temperaturas cada vez más elevadas, la investigación plantea una idea sencilla: quizá algunas de las soluciones para adaptarnos al calor extremo ya se encuentran en el propio territorio.














