La agricultura moderna, especialmente en invernaderos, busca optimizar la producción y proteger los cultivos de diversas amenazas. A primera vista, estas estructuras de plástico parecen escudos impenetrables, ofreciendo un microclima ideal y una aparente libertad de plagas. Sin embargo, la realidad para los agricultores es mucho más compleja: las finas capas de plástico no son una barrera suficiente contra los insectos, que entran y salen siguiendo patrones invisibles. Esta problemática, bien conocida en el sector, ha impulsado la búsqueda de soluciones innovadoras, como la red de alerta temprana de plagas AdapGreenAI, que amplía el foco de acción más allá de las paredes del invernadero.

La realidad de las plagas en invernaderos: más allá de las paredes
Esta realidad es muy conocida en el sector agrícola, pero apenas se ha actuado al respecto. La mayoría de los sistemas de monitoreo y control de plagas se concentran en el interior del invernadero, allí donde el daño es inmediato y visible. Sin embargo, los espacios que rodean estas estructuras, como caminos, cultivos vecinos, solares abandonados o márgenes vegetados, juegan un papel decisivo en la aparición de brotes y en su persistencia en el tiempo.
AdapGreenAI: una red de alerta temprana con inteligencia artificial
La Universidad de Almería (UAL) ha decidido ampliar el foco de acción contra las plagas y actuar en el exterior de los invernaderos. El investigador del Departamento de Biología y Geología de la UAL, Juan Miguel Requena Mullor, coordina el proyecto AdapGreenAI para crear una red de alerta temprana de plagas en el entorno de los invernaderos basada en inteligencia artificial. Financiado por el Ministerio de Ciencia y en colaboración con el IFAPA y la empresa Agrobío, es pionero en abordar el problema más allá de las fronteras de los propios invernaderos.
El proyecto contempla una acción conjunta en todo el territorio, en la que se combina el uso de dispositivos de monitoreo de insectos dentro y fuera del invernadero con un estudio del paisaje y el uso de la vegetación como barrera natural frente al avance de las plagas. Los investigadores parten de la base de que, para anticiparse a las plagas, no basta con actuar en el interior de las instalaciones. Hay que entender el paisaje completo que rodea a las fincas y transformarlo en un aliado.
¿Cómo se dispersan las plagas agrícolas?
Las plagas agrícolas no aparecen de la nada. Suelen concentrarse en puntos concretos del territorio, aprovechando corredores de dispersión, refugios temporales o acumulaciones de materia orgánica, como las plantas de reciclaje de restos vegetales, donde encuentran alimento en abundancia. Desde ahí comienzan su lucha por entrar en los invernaderos, que actúan como auténticos imanes para estos insectos.
Para el diseño del prototipo de red de alerta temprana, el equipo de Juan Miguel Requena ha tomado como referencia a la Tuta absoluta. Este invertebrado lleva años siendo una de las principales amenazas de los cultivos de tomate. Muestra una clara preferencia por este fruto, así como por otras plantas solanáceas que abundan cerca de las fincas agrícolas. Y ahí comienza el problema.

Modelos espaciales avanzados y el efecto contagio
Antes de configurar la red, es necesario conocer los datos de los que se alimentará, cuestión que se aborda en un artículo recién publicado en la revista Ecological Informatics.
«Este artículo es un primer paso para determinar la manera óptima de recabar información sobre los patrones de abundancia de plagas fuera del invernadero, a gran escala. Con ello sentamos las bases para alimentar la red de alerta temprana», explica el investigador de la UAL.
La clave del enfoque reside en el uso de modelos espaciales avanzados que permiten introducir barreras físicas, como los propios invernaderos, en los cálculos. A diferencia de los modelos tradicionales, que asumen que el espacio es continuo y uniforme, estos reconocen que el territorio está lleno de interrupciones y discontinuidades que alteran el movimiento de los insectos.
El equipo científico parte también de la base de la existencia de un efecto de contagio: basta con que en una finca se desate una plaga para que esta llegue a las colindantes o incluso a otras más alejadas en cuestión de días. A su expansión contribuyen factores como el viento o determinados micropatrones de temperatura, aunque no son los únicos.
La vegetación como aliada y puntos críticos de plagas
La vegetación es clave. Diversos estudios han demostrado que algunas especies solanáceas son hospedadoras de la polilla del tomate. Estas plantas actúan como refugio para los insectos hasta que se dan las condiciones adecuadas para su entrada en los invernaderos. Del mismo modo, se sabe que las fincas cercanas a las plantas de reciclaje de restos vegetales soportan una mayor presión de plagas. Incluso los contenedores donde se depositan estos residuos antes de su traslado pueden atraer a los insectos.
Todos estos aspectos se tendrán en cuenta en la nueva red de alerta temprana, que ya se ha puesto en marcha a modo de prueba en una veintena de invernaderos. De este modo se supera el enfoque de los muestreos realizados hasta ahora, que no incorporaban la complejidad del paisaje. El objetivo es diseñar un prototipo operativo a gran escala.

Tecnología agrícola: sensores, IA y futuro sostenible
La red se alimentará de datos obtenidos mediante sistemas de monitoreo basados en microcomputadoras de bajo coste que actúan como sensores, capturando imágenes de trampas cromáticas. Además, contará con un algoritmo de inteligencia artificial para la detección y el conteo de insectos plaga en las fotografías. «A largo plazo, el objetivo sería disponer de diferentes puntos de captura de imágenes y procesamiento en el propio invernadero y, a través de una red inalámbrica, enviar esos datos, procesarlos automáticamente y ponerlos a disposición de los usuarios», añade Juan Miguel Requena.
En última instancia, el proyecto AdapGreenAI pretende reducir el uso de plaguicidas. La información sobre los patrones de avance de las plagas obtenida con la red permitirá actuar a una escala mayor y no solo dentro de los invernaderos. Esto facilitará el diseño de barreras naturales con setos de artos o romero, que albergan una entomofauna enemiga natural de las plagas. Este enfoque se alinea con los principios del manejo integrado de plagas, buscando soluciones más allá de los plaguicidas.
El proyecto AdapGreenAI de la Universidad de Almería marca un antes y un después en la lucha contra las plagas agrícolas en invernaderos. Al integrar la inteligencia artificial y un enfoque holístico que considera el entorno exterior, esta red de alerta temprana de plagas no solo optimiza la detección y el control, sino que también promueve un manejo integrado de plagas más sostenible.
El objetivo final es claro: reducir drásticamente la dependencia de los plaguicidas, proteger la biodiversidad y ofrecer a los agricultores herramientas innovadoras para una producción más eficiente y respetuosa con el medio ambiente, sentando las bases para una agricultura del futuro.














