
La resistencia a los antibióticos ya no depende únicamente del uso de estos medicamentos en hospitales o explotaciones ganaderas. Los ecosistemas naturales, la fauna silvestre y el cambio climático desempeñan un papel cada vez más importante en la propagación de bacterias resistentes y en la aparición de nuevas enfermedades infecciosas.
Así lo ha explicado Jordi Figerola, investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), durante el encuentro Adquisición y diseminación de resistencia a los antibióticos. Del ecosistema natural al microbioma humano: situación y retos actuales, celebrado en la Sede Tecnológica de Málaga de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), dentro de los Cursos de Verano.
Las aves pueden transportar bacterias resistentes a miles de kilómetros
Según el epidemiólogo, las aves migratorias se han convertido en uno de los principales vehículos para la dispersión de bacterias resistentes por todo el planeta. «Se está encontrando una presencia elevada de bacterias resistentes a antibióticos en las aves, lo que permite que las dispersen durante sus movimientos», advierte Jordi Figerola.
El investigador explica que este fenómeno ya alcanza lugares muy alejados de la actividad humana. «Se han hallado estas bacterias incluso en aves que se reproducen en la Antártida; probablemente entran en contacto con ellas al visitar zonas tropicales durante el invierno austral y luego las transportan de vuelta. Del mismo modo, las aves de nuestro entorno también están expuestas y las desplazan en sus trayectos».
El cambio climático favorece la transmisión de enfermedades
Además de la expansión de las superbacterias, el experto alerta de que el calentamiento global está modificando el comportamiento de los insectos transmisores de enfermedades.
Los inviernos cada vez más suaves permiten que los mosquitos permanezcan activos durante más tiempo, ampliando los periodos en los que pueden transmitir virus y otros patógenos.
«Debido a un clima cada vez más suave, por ejemplo, en invierno, las poblaciones de mosquitos están activas durante periodos más largos: empiezan a reproducirse antes en invierno y terminan más tarde en otoño, lo que alarga los periodos de transmisión de enfermedades», explica Figerola.
El mosquito tigre facilita la llegada del dengue y el chikungunya
El investigador también destaca que la expansión del mosquito tigre está cambiando el mapa de las enfermedades infecciosas en Europa. «La introducción del mosquito tigre ha permitido que enfermedades que antes no tenían mecanismos de transmisión en Europa, como el Dengue o el Chikungunya, ahora sí puedan transmitirse localmente si llega gente infectada de viajes internacionales», apunta.
La combinación entre cambio climático, movilidad internacional y expansión de especies invasoras incrementa el riesgo de aparición de brotes autóctonos de enfermedades que hasta hace pocos años eran prácticamente inexistentes en Europa.

La estrategia de una salud apuesta por integrar la salud humana, animal y ambiental
Para Figerola, uno de los principales problemas actuales es que la vigilancia epidemiológica continúa abordándose desde ámbitos separados.
El investigador defiende el enfoque de una sola salud, que propone coordinar la salud humana, la salud animal y la salud ambiental para prevenir mejor las amenazas biológicas.
«Aunque está mejorando, uno de los puntos más desatendidos es la integración necesaria entre salud ambiental, salud animal y salud humana», relata.
«Los problemas que afectan al medio ambiente acaban afectando a los animales y a las personas, por lo que la estrategia más efectiva es abordar todos estos problemas de manera simultánea».
Más investigación para anticipar futuras crisis sanitarias
El especialista concluye que comprender cómo interactúan el clima, los ecosistemas y los microorganismos será clave para anticiparse a futuras amenazas para la salud pública.
«Es complicado, pero está claro que nos hace falta más investigación. En muchos casos desconocemos los mecanismos por los cuales se producen estos cambios; sin conocerlos, es muy difícil comprender cómo responderá el sistema a las variaciones del clima y el ambiente provocadas por la actividad humana», concluye.













