«El 90% de los antibióticos que consumimos llega activo al medio ambiente y acelera la aparición de superbacterias»

La lucha contra las bacterias resistentes ya no depende únicamente de los hospitales. El medio ambiente se ha convertido en un elemento decisivo en la aparición y propagación de la resistencia a los antibióticos, un problema que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera una de las mayores amenazas para la salud pública.

Así lo sostiene Jaime Villaverde, investigador del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC) y especialista en biorremediación, quien advierte de que las aguas residuales, los suelos agrícolas y los residuos con restos de antibióticos favorecen la aparición de nuevas bacterias resistentes.

«Hasta ahora el medio ambiente no había recibido la atención suficiente en este campo», explica el investigador, director del encuentro «Adquisición y diseminación de resistencia a los antibióticos. Del ecosistema natural al microbioma humano: situación y retos actuales», celebrado en los Cursos de Verano de la Sede Tecnológica de Málaga.

El medio ambiente también impulsa la aparición de superbacterias

Villaverde señala que la pandemia de la COVID-19 supuso un punto de inflexión al demostrar que las aguas residuales podían utilizarse para monitorizar la circulación de virus en la población casi en tiempo real.

Ese mismo enfoque, conocido como Una sola salud, permite entender ahora que la salud humana depende también del estado de los ecosistemas.

«Bajo el enfoque de ‘una única salud’, se ha comprobado que la salud ambiental es básica para cuidar la salud animal y humana. En el medio ambiente existen presiones selectivas debido al mal uso de antibióticos que provocan el desarrollo de nuevas resistencias en bacterias que luego regresan a nosotros», advierte.

El 90 % de los antibióticos termina llegando al medio ambiente

Uno de los datos más llamativos expuestos por el investigador desmonta la idea de que la contaminación por antibióticos procede únicamente de hospitales o industrias farmacéuticas.

«El 90 % de los antibióticos que tomamos en nuestro día a día se mantienen como sustancias activas o no son metabolizados por nuestro cuerpo, vertiéndose directamente a la naturaleza a través de las excreciones y la orina», afirma.

Estos compuestos alcanzan las estaciones depuradoras de aguas residuales, donde ejercen una presión selectiva sobre las bacterias y favorecen la aparición y diseminación de genes de resistencia.

Agricultura, ganadería y atención primaria, puntos críticos

El investigador considera prioritario actuar sobre dos grandes ámbitos.

En el sanitario, apuesta por reforzar el uso racional de los antibióticos mediante pruebas diagnósticas que permitan diferenciar infecciones bacterianas de las víricas y evitar tratamientos innecesarios.

En el ámbito ambiental, reclama un mayor control sobre el uso de estiércoles y biosólidos como fertilizantes agrícolas.

«Deben ser tratados adecuadamente; si no lo hacemos, las resistencias y los contaminantes llegarán de forma directa a la cadena alimentaria o se filtrarán hacia las aguas subterráneas de las que dependemos», advierte.

La metagenómica permite detectar cientos de genes de resistencia

Entre las herramientas más prometedoras para combatir este problema, Villaverde destaca la metagenómica, una técnica que permite identificar simultáneamente cientos de genes de resistencia presentes en una muestra ambiental.

«Las herramientas moleculares actuales son fundamentales porque son rápidas y fiables, permitiendo detectar más de 384 genes de resistencia en una única muestra», explica.

No obstante, el investigador insiste en que estas tecnologías deben complementarse con los métodos microbiológicos tradicionales.

«No debemos olvidar las técnicas de cultivo biológico tradicionales. Es totalmente necesario verificar si existen células viables capaces de desarrollar fenotípicamente esa resistencia en un entorno real. La combinación de técnicas moleculares y cultivos bacterianos es, sin duda, la combinación perfecta», concluye.