La Península Ibérica fue el «motor simbólico de la prehistoria europea»

La Península Ibérica atesora un importante legado de pinturas y figuras prehistóricas. Desde pintadas simples en cuevas hasta formas humanas que representan la fertilidad, las culturas más alejadas en el tiempo construyeron un conjunto de símbolos que no tiene parangón en el continente europeo. Así lo defendió la catedrática de Prehistoria de la Universidad de Alcalá, Primitiva Bueno, en el curso de verano de la UNIA sobre la Atlántida y el megalitismo, celebrado en la sede onubense de La Rábida.

Dolmen de Soto, en Trigueros (Huelva).

Esta especialista en megalitismo dijo que «las pinturas y los ídolos ibéricos demuestran que fuimos el motor simbólico de la prehistoria europea». Además, añadió que el Dolmen de Soto (Trigueros, Huelva) se erige como una de las ventanas más nítidas hacia ese pasado. Un monumento clave cuyos grabados e historias materiales actúan como un canal de divulgación fundamental para aproximar la ciencia prehistórica al público general. Con cuatro exposiciones museísticas recientes en España y Portugal y una intensa producción científica, el reto actual reside en consolidar este cambio de paradigma en la memoria colectiva europea.

Una riqueza artística prehistórica inusual

A través de la aplicación de modernos protocolos científicos para identificar y caracterizar pigmentos prehistóricos, el equipo liderado por la investigadora ha logrado transformar por completo el relato histórico tradicional.

El análisis de monumentos emblemáticos, con especial protagonismo de los menhires y estelas, revela una riqueza artística y conceptual insospechada hasta hace apenas unas décadas.

«Los resultados obtenidos en las últimas investigaciones cambian radicalmente la imagen clásica del papel de Iberia», explica la catedrática.

Símbolos que se extendieron por toda Europa

Asimismo, detalla que la documentación de grafías pintadas y grabadas en el interior de las grandes arquitecturas de piedra demuestra que las sociedades del suroeste europeo contaban con códigos de comunicación visual muy desarrollados que terminaron expandiéndose hacia el resto de Europa.

Dentro de este complejo universo simbólico, Bueno destaca el valor de las pequeñas figuras conocidas popularmente como ‘ídolos’, objetos que acompañaban de manera constante a los constructores de megalitos tanto en sus actividades cotidianas como en sus rituales funerarios. Estas piezas, lejos de ser simples adornos, constituyen auténticos retratos con una fuerte carga identitaria.

Primitiva Bueno.

«Estas producciones de la prehistoria ibérica son imágenes de un fortísimo contenido social e identitario», afirma Bueno, quien señala que sus investigaciones más recientes han permitido definir la existencia de talleres específicos y áreas de distribución muy concretas para estas figuras, lo que demuestra la presencia de redes de intercambio y una organización social mucho más cohesionada e interconectada de lo que se creía.