Durante décadas, buena parte de la historia cultural e intelectual se ha contado dejando fuera a muchas de las personas que también la construyeron. Recuperar sus nombres ha sido un primer paso. Pero la investigación feminista plantea ahora una cuestión más profunda: ¿qué ocurre si, además de incorporar nuevas voces, cambiamos la forma en que producimos conocimiento?

Esa es una de las ideas que ha recorrido el congreso internacional “Humanismos y nuevas epistemologías”, dirigido por las profesoras de Literatura Brígida Manuela Pastor, de la UNED, y Alexandra Santos Pinheiro, de la Universidad Federal de Grande Dourados (Brasil).
El encuentro ha defendido la necesidad de incorporar nuevas miradas para comprender la realidad social y construir modelos de conocimiento más democráticos e inclusivos. Y en ese proceso la crítica feminista ocupa un lugar central, no solo como herramienta para revisar la historia de la cultura, sino también como una vía para cuestionar los marcos desde los que se investiga, se enseña y se interpreta la realidad.
“La crítica feminista constituye hoy una herramienta imprescindible para comprender la cultura y la producción del conocimiento desde una perspectiva más plural”, explica Brígida Pastor. La directora del congreso considera que “la autoría de las mujeres debe entenderse como una parte esencial del patrimonio intelectual y cultural” y que los nuevos humanismos solo pueden construirse incorporando voces y experiencias que durante décadas permanecieron invisibilizadas.
De recuperar mujeres olvidadas a cambiar la forma de investigar
Uno de los principales mensajes del encuentro es que incorporar mujeres al relato histórico no es suficiente. Durante años, una parte de la investigación feminista se ha ocupado de recuperar escritoras, artistas, científicas e intelectuales cuya obra había quedado fuera de los relatos dominantes. Esa tarea continúa siendo importante, pero el debate actual va más allá: plantea revisar los propios instrumentos con los que se construye el conocimiento.
“No basta con incorporar nombres femeninos a la historia de la cultura”, sostiene Pastor. “Es necesario transformar los marcos teóricos, los métodos de investigación y las políticas científicas para que la igualdad sea un principio estructural y no una excepción”.
La idea conecta directamente la crítica feminista con el debate sobre las nuevas epistemologías. No se trata únicamente de ampliar el canon cultural para que aparezcan más mujeres, sino de preguntarse por qué determinadas obras, experiencias y formas de conocimiento han quedado históricamente fuera de él.
Desde esta perspectiva, la investigación feminista puede actuar como una herramienta para revisar conceptos aparentemente asentados sobre la cultura, la memoria, la identidad o el poder.
Los nuevos humanismos necesitan más voces
Bajo el lema “Humanismos y nuevas epistemologías”, el congreso ha reunido investigaciones procedentes de distintos ámbitos y territorios. El programa ha incluido presentaciones culturales, mesas redondas y encuentros con escritoras, además de 35 simposios temáticos dedicados a la creación literaria y artística de mujeres en Iberoamérica y Europa.
Los temas abordados reflejan precisamente esa ampliación de perspectivas. La memoria, la interseccionalidad, las identidades indígenas y afrodescendientes, las resistencias culturales y las narrativas sobre violencia, migración e identidad han compartido espacio con cuestiones emergentes como la inteligencia artificial en contextos rurales y la creación digital.
La diversidad temática también refleja una idea central de los estudios feministas contemporáneos: las desigualdades de género no existen de manera aislada.
Para Pastor, deben analizarse en relación con otros factores como la clase social, la etnicidad, las migraciones o la memoria histórica. Esta perspectiva permite abordar la realidad desde una mirada interseccional, capaz de observar cómo diferentes formas de desigualdad pueden combinarse y afectar de manera distinta a las personas y las comunidades. “El conocimiento avanza cuando incorpora la pluralidad de voces y reconoce la riqueza de distintas tradiciones intelectuales”, afirma.

Una mirada internacional y decolonial sobre la cultura
El carácter internacional del encuentro resulta especialmente relevante para esa transformación. La participación de especialistas procedentes de Hispanoamérica, junto a investigadoras de universidades europeas, estadounidenses y españolas, permite poner en común experiencias y tradiciones intelectuales diferentes.
Ese diálogo incorpora además perspectivas decoloniales, interculturales y comunitarias, que cuestionan la idea de que exista una única forma legítima de producir o transmitir conocimiento.
La literatura y la creación artística se convierten así en espacios desde los que estudiar cuestiones que afectan directamente a las sociedades contemporáneas: quién tiene capacidad para contar la historia, qué voces son escuchadas, qué memorias se conservan y cuáles quedan relegadas. La investigación feminista se sitúa en este contexto como una de las herramientas para formular esas preguntas.
Las Humanidades ante un nuevo escenario
El debate adquiere una dimensión especialmente significativa en un momento en el que las Humanidades afrontan también la transformación provocada por las tecnologías digitales y la inteligencia artificial.
La presencia en el congreso de investigaciones sobre creación digital e inteligencia artificial en contextos rurales muestra que la renovación de las Humanidades no consiste únicamente en revisar el pasado. También implica analizar cómo se construirá el conocimiento en sociedades cada vez más atravesadas por nuevas tecnologías, migraciones, transformaciones culturales y diferentes formas de identidad.
En este escenario, incorporar perspectivas históricamente ausentes puede modificar las preguntas que se formulan y, por tanto, también las respuestas que ofrece la investigación.
El encuentro se ha consolidado así como un espacio internacional de cooperación dedicado al estudio de la crítica feminista y la autoría de mujeres, pero también como un foro en el que historiadoras, juristas, filósofas, antropólogas, sociólogas, especialistas en educación y estudios culturales comparten investigaciones.
El objetivo común es comprender cómo la memoria, el poder y la identidad participan en la construcción de sociedades más democráticas e inclusivas.
La investigación feminista como punto de partida de nuevos humanismos
La conclusión que emerge del congreso es que la investigación feminista puede desempeñar un papel que va mucho más allá de recuperar nombres y obras olvidadas.
“La investigación feminista no solo recupera autoras y revisa discursos del pasado, sino que también contribuye a imaginar nuevas formas de producir conocimiento y de comprender la sociedad”, señala Brígida Pastor.
La clave está, a su juicio, en ampliar la mirada: “escuchar la diversidad de voces que habitan nuestras sociedades”.
Ese planteamiento convierte la investigación feminista en algo más que una corriente especializada dentro de las Humanidades. La presenta como una forma de revisar quién produce conocimiento, desde dónde se produce y qué experiencias quedan reflejadas en él.
Y ahí puede encontrarse uno de los grandes debates de los nuevos humanismos: no solo añadir nuevas voces al relato que ya conocemos, sino preguntarnos si el propio relato necesita ser construido de otra manera.













