Antes de que un equipo de rescate pueda entrar en un edificio dañado por un terremoto, un derrumbe o cualquier otra emergencia, hay una pregunta que debe responderse: ¿puede la estructura mantenerse en pie mientras los rescatadores trabajan en su interior?

La Universidad de Alicante (UA) y la Unidad Militar de Emergencias (UME) trabajan para mejorar esa seguridad mediante el estudio experimental de sistemas de apuntalamiento capaces de estabilizar muros, fachadas y otros elementos estructurales que hayan quedado en una situación de riesgo.
Los ensayos se han desarrollado en el Laboratorio de Grandes Estructuras del Departamento de Ingeniería Civil de la UA y están liderados por el Grupo de Ensayo, Simulación y Modelización de Estructuras (GRESMES), dirigido por el catedrático Salvador Ivorra. En los trabajos participan también los profesores Benjamín Torres y Luis Estevan, miembros del grupo, y efectivos de la capacidad de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR) del III Batallón de Intervención en Emergencias (BIEM III).
“Tras un terremoto o un colapso parcial, una estructura puede permanecer en pie y haber perdido parte de su seguridad. Réplicas, vibraciones o trabajos de rescate pueden alterar ese equilibrio. Los apuntalamientos crean estructuras provisionales capaces de reducir el riesgo para víctimas y rescatadores”, explica Salvador Ivorra.
Cuatro formas de apuntalar un muro en riesgo
Los ensayos realizados la pasada semana han analizado cuatro configuraciones de apuntalamiento lateral, basadas en la Guía de operaciones de apuntalamiento del cuerpo de ingenieros del Ejército de Estados Unidos, desarrollada para el Programa de Búsqueda y Rescate Urbano.
Las cuatro soluciones combinan dos alturas de inserción de la carga, 1,8 y 3 metros, con puntales inclinados a 45 y 60 grados. El objetivo es comprobar cómo responde cada configuración ante acciones horizontales cuando un muro, una fachada u otro elemento dañado amenaza con desplomarse.
“Concretamente, la investigación ha analizado cuatro configuraciones de apuntalamiento lateral, que combinan dos alturas de inserción de la carga, 1,8 y 3 metros, con puntales inclinados a 45 y 60 grados. El objetivo es conocer cómo responde cada solución frente a acciones horizontales cuando un muro, una fachada u otro elemento dañado amenaza con desplomarse”, detalla Ivorra.
Llevar estos sistemas al laboratorio permite convertir un procedimiento utilizado en operaciones de emergencia en un problema que puede medirse y estudiarse de forma controlada. Los investigadores pueden registrar fuerzas y desplazamientos y analizar cómo influyen elementos como la geometría, las uniones, los apoyos, los arriostramientos o la altura a la que se introduce la carga.
Del procedimiento de rescate al laboratorio
La investigación busca además comprobar si los sistemas desarrollados a partir de procedimientos internacionales pueden adaptarse a los materiales y soluciones constructivas habituales en España y Europa. “Los resultados han sido muy satisfactorios y permitirán profundizar en estos sistemas. Uno de los objetivos es estudiar su adecuación a los materiales disponibles en España”, afirma Ivorra.
El investigador subraya que la adaptación no consiste simplemente en trasladar las dimensiones de un sistema al sistema métrico. Es necesario comprobar su comportamiento cuando se utilizan secciones de madera, uniones y soluciones constructivas habituales en España y Europa, además de validar las cargas admisibles y los detalles necesarios para su ejecución.
En otras palabras, el laboratorio permite responder a una cuestión esencial para una intervención real: cuánto puede resistir un apuntalamiento y cómo debe construirse para que cumpla su función cuando las condiciones son especialmente peligrosas.
Una investigación ligada a la experiencia del GRESMES
Los trabajos con la UME se apoyan en la trayectoria del Grupo de Ensayo, Simulación y Modelización de Estructuras de la Universidad de Alicante, cuyas líneas de investigación incluyen el análisis numérico y experimental de estructuras, la evaluación de su capacidad resistente y su comportamiento frente a acciones estáticas y dinámicas.
El grupo también trabaja en evaluación sísmica, monitorización e instrumentación estructural, así como en el desarrollo y validación experimental de soluciones de refuerzo.
Entre sus proyectos recientes figuran investigaciones sobre estructuras de tapial reforzadas con materiales TRM y sobre el refuerzo sísmico de edificios de hormigón mediante UHPC aplicado sobre muros de mampostería, dentro de trabajos relacionados con la seguridad ante situaciones de emergencia.
Esta experiencia proporciona una base científica para los ensayos desarrollados junto a la UME, al combinar experimentación, análisis mecánico y desarrollo de soluciones destinadas a mejorar la respuesta de las estructuras frente a acciones extraordinarias.
UA y UME trabajan juntas desde 2024
Los ensayos forman parte del Protocolo general de actuación firmado en 2024 entre la UME y la Universidad de Alicante, que establece diferentes líneas de colaboración entre ambas instituciones en materia de emergencias y catástrofes.
El acuerdo contempla la colaboración en actuaciones de docencia, investigación y divulgación y pone el foco en la transferencia del conocimiento generado en la universidad para que pueda ser aplicado por otras entidades.
En este caso, esa transferencia tiene una aplicación especialmente directa: convertir los resultados de los ensayos estructurales en conocimiento útil para quienes deben intervenir en escenarios donde un edificio puede haber perdido parte de su estabilidad.
De Alicante a los rescates internacionales
La investigación también conecta con los procedimientos internacionales de búsqueda y rescate urbano. Los equipos USAR que participan en operaciones internacionales se integran en INSARAG, el Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate vinculado a Naciones Unidas.
Esta red establece estándares comunes para coordinar equipos de diferentes países cuando un Estado afectado por una gran catástrofe solicita ayuda internacional. La UME forma parte de los equipos españoles clasificados dentro de este sistema.
En ese contexto, contar con sistemas de apuntalamiento estudiados experimentalmente y compatibles con procedimientos internacionales puede ser especialmente importante.
“Disponer de soluciones de apuntalamiento estudiadas, compatibles con procedimientos internacionales y adaptadas a los materiales disponibles resulta esencial. Un sistema aparentemente sencillo puede ser decisivo si permite estabilizar un muro y facilitar el acceso de los rescatadores”, señala Salvador Ivorra.
Los ensayos de la Universidad de Alicante y la UME se sitúan así en un punto de encuentro entre ingeniería estructural y respuesta ante catástrofes. Saber cómo cambia el comportamiento de un apuntalamiento al modificar su geometría, cuánto puede resistir y cómo debe ejecutarse permite avanzar hacia un objetivo muy concreto: crear condiciones más seguras para que los equipos de rescate puedan entrar y trabajar en lugares donde, sin una estabilización previa, hacerlo podría implicar un riesgo añadido.














