Multitud de estudios han advertido de las consecuencias de la contaminación para la salud, sin embargo, muy pocos han investigado el impacto de la polución en áreas como la energía solar. Un estudio de la universidades de Granada, Almería y el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) acaba de demostrar el impacto negativo de los aerosoles presentes en el ambiente sobre la producción de energía termosolar.

La investigación, cuyos resultados han sido publicados en la revista Journal of Electrical Power & Energy Systems, se basa en datos tomados en las instalaciones termosolares de la Plataforma Solar de Almería durante más de seis años, y demuestra que los aerosoles atmosféricos provocan pérdidas de rendimiento a través de tres mecanismos principales, un fenómeno que se agudiza en verano.
Junto a la identificación del problema, este estudio ofrece una herramienta clave para la planificación de futuras instalaciones de esta modalidad renovable.
Cómo la contaminación reduce la producción energética en plantas termosolares
La investigación identifica tres vías principales por las que los aerosoles (pequeñas partículas sólidas y líquidas suspendidas en el aire) merman el rendimiento de las plantas. El efecto más significativo es el ensuciamiento, que se produce cuando estas partículas se depositan sobre la superficie de los espejos (heliostatos), reduciendo su capacidad de reflejar la luz solar hacia la torre receptora.
El trabajo propone la utilización de un indicador sencillo y universal, la Profundidad Óptica de Aerosoles (AOD), para evaluar las pérdidas esperadas en cualquier ubicación del mundo. Esta medición, que puede obtenerse a partir de redes globales de monitorización como AERONET o mediante satélites, se convierte en una herramienta práctica para ingenieros y empresas energéticas a la hora de seleccionar el emplazamiento óptimo para una nueva planta, evitando así zonas con alta concentración de aerosoles.
Mayor coste en verano
Aunque los aerosoles están presentes todo el año, el estudio concluye que su impacto es máximo durante los meses de verano. Es en esta época cuando la combinación de los tres efectos (ensuciamiento, aumento del tamaño aparente del sol y extinción de la radiación) puede llegar a incrementar el Coste Nivelado de la Energía (LCOE) hasta en un 50%, encareciendo significativamente la electricidad producida.
Este hallazgo permite disponer de una importante referencia para el diseño y la operación de la energía termosolar, una tecnología fundamental por su capacidad de almacenamiento en la transición hacia un sistema eléctrico 100% renovable. «La investigación ha permitido unificar por primera vez estas variables en una función común, lo que facilitará evaluar de forma sencilla la idoneidad de un emplazamiento para nuevas instalaciones termosolares», explica Jesús Ballestrín, investigador principal del CIEMAT-PSA.
La aplicación de estos resultados permitirá optimizar el mantenimiento preventivo de las instalaciones, reducir costes operativos y mejorar la competitividad de esta fuente de energía limpia.













