Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado un sistema capaz de estimar la edad de ranas, sapos y tritones a partir de su tamaño corporal, un avance que puede ayudar a detectar poblaciones envejecidas y amenazadas antes de que desaparezcan.

El estudio, publicado en Integrative Zoology, se basa en 17 años de seguimiento de poblaciones de anfibios en la Comunidad de Madrid y abre nuevas posibilidades para anticipar los efectos del cambio climático, las sequías y la pérdida de hábitat sobre estas especies.
El gran problema: saber la edad de un anfibio era casi imposible
En muchos animales, el tamaño corporal permite calcular aproximadamente la edad. Sin embargo, en los anfibios esto resulta mucho más complicado porque individuos de la misma especie y edad pueden tener tamaños muy distintos según el ambiente, el sexo o su ritmo de crecimiento.
Eso dificultaba conocer datos fundamentales para la conservación, como cuándo alcanzan la madurez sexual, cuánto tiempo sobreviven o si las nuevas generaciones están reemplazando a las anteriores.
El equipo formado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, la Universidad Autónoma de Madrid, la Asociación Herpetológica Española y la Universidad Nacional Autónoma de México logró resolver parte de este problema combinando datos biométricos y modelos demográficos obtenidos durante casi dos décadas.
Un sistema de alerta temprana frente al cambio climático
Los científicos comprobaron que, en varias especies, es posible distinguir con bastante fiabilidad a individuos de uno y dos años únicamente a partir de su tamaño.
“Hemos comprobado que, al menos en varias especies, es posible distinguir con bastante fiabilidad a los individuos de uno y dos años de edad a partir de su tamaño”, explica Íñigo Martínez-Solano.
Esto permite conocer la estructura de edades de las poblaciones, uno de los indicadores más importantes para evaluar su estado de conservación.
Según los investigadores, una población aparentemente abundante puede estar en realidad envejeciendo y acercándose al colapso si no incorpora nuevos individuos jóvenes.
Sequías tempranas y generaciones perdidas
El trabajo revela además el impacto creciente de las sequías sobre los anfibios que dependen de charcas temporales para reproducirse.
“Las charcas temporales que sostienen núcleos reproductores de anfibios están sufriendo sequías tempranas de forma recurrente, lo que provoca el fracaso reproductivo completo en algunos años”, señala Gregorio Sánchez-Montes.
Como consecuencia, algunas poblaciones dejan de renovarse aunque todavía existan numerosos adultos visibles.
“Estudiar la estructura de edades funciona como un sistema de alerta temprana, que nos permite actuar si la población está envejeciendo, antes de que sea demasiado tarde”, añade el investigador.
Un método menos invasivo para proteger anfibios
La nueva metodología evita además recurrir a técnicas invasivas como la esqueletocronología, basada en el análisis del crecimiento óseo.
En su lugar, reutiliza datos ya obtenidos en programas de seguimiento a largo plazo mediante captura, marcaje y recaptura de individuos.
Durante 17 años, el equipo recopiló información sobre miles de ejemplares de diez especies distintas de anfibios, incluyendo ranas, sapos y tritones.
Los investigadores consideran que este enfoque permitirá mejorar las estrategias de conservación y comprender mejor cómo responden estas especies a amenazas como el cambio climático, la degradación de humedales o la pérdida de biodiversidad.













