Casi la mitad de los niños de las sociedades agrícolas prehispánicas americanas no sobrevivía a las enfermedades, la desnutrición o los parásitos

Entre el 30 % y el 50 % de los niños no superaban los primeros años de vida en comunidades del sur del valle del río Cauca de la actual Colombia entre el 1200 a. C. y el 1500 d. C. Defectos en dientes, lesiones óseas y señales de estrés muestran que desnutrición, infecciones, alta humedad, parásitos y destete temprano marcaron su desarrollo y supervivencia

A la izquierda cráneo de El Cerrito, Valle del Cauca, de entre 3 y 4 años, aproximadamente. A la derecha columna vertebral de un individuo de primera infancia, ubicada en el Laboratorio de Antropología Física de la UNAL en la Sede Bogotá, donde reposan miles de restos óseos de diferentes regiones de Colombia. Fotos: Daniel Castaño Fajardo, magíster en Antropología de la UNAL.

La investigación de Daniel Humberto Castaño Fajardo, magíster en Antropología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), realizada a partir de restos provenientes de antiguos cementerios en municipios como Cali, Palmira, Buga, Yumbo y El Cerrito, permite reconstruir cómo vivían, enfermaban y morían los niños en sociedades agrícolas prehispánicas que ocuparon distintos ecosistemas del valle del río Cauca, desde las zonas bajas del valle hasta áreas de montaña.

El estudio se desarrolló en el Laboratorio de Antropología Física de la UNAL, donde se analizaron restos óseos de 134 individuos —desde etapa fetal hasta aproximadamente los 6 años de edad—. Allí se revisaron dientes, cráneos y otros huesos para identificar señales de enfermedad, desnutrición y episodios de estrés durante el crecimiento.

A partir de estos hallazgos, realizaron un análisis estadístico que permitió establecer patrones de mortalidad por edad, comparar diferencias entre periodos históricos y relacionar las condiciones de vida con la frecuencia de enfermedades y fallecimientos en la infancia.

«A veces un solo diente podía representar a un individuo. Los dientes son clave porque permiten estimar la edad y registrar momentos en los que el crecimiento se vio afectado», explica el investigador.

Los restos corresponden a dos periodos: el Temprano (1200 a. C. – 700 d. C.) y el Tardío (700 – 1500 d. C.), etapas en las que estas sociedades agrícolas experimentaron cambios en su organización social, crecimiento poblacional y formas de relacionarse con el entorno.

En el periodo Temprano ya existían comunidades agrícolas con estructuras sociales marcadas por liderazgos de tipo ritual o chamánico, y los entierros infantiles solían ser sencillos.

En contraste, en el periodo Tardío se observa una organización política más consolidada, un aumento poblacional y la aparición de tumbas más complejas para algunos menores, con cámaras, nichos y estructuras elaboradas.

Lo que revelan los huesos

El estudio tomó cerca de dos años de análisis detallado, en los que se examinaron señales de enfermedad y estrés en los restos. Uno de los hallazgos más contundentes es la alta mortalidad infantil, que oscilaba entre el 30 % y el 50 %, especialmente en los primeros años de vida.

Las evidencias en dientes y huesos muestran que muchos niños enfrentaban desnutrición, infecciones gastrointestinales asociadas a parásitos y enfermedades infecciosas que dejaban marcas en el cráneo y el esqueleto.

A esto se sumaban prácticas como el destete temprano —cuando los niños dejaban la lactancia a edades muy bajas—, lo que incrementaba su exposición a alimentos contaminados y a enfermedades.

Estas condiciones quedaron registradas en defectos del esmalte dental y lesiones óseas que evidencian episodios de desnutrición y enfermedad en los primeros años de vida.

«Esto es algo muy común en las sociedades preindustriales, anteriores a la era de los antibióticos. Entre los 2 y 3 años, la posibilidad de morir era mucho más alta debido a las características de estas comunidades», señala el antropólogo.

Con el tiempo, algunos factores mejoraron: la acumulación de ceniza volcánica en el valle aumentó la fertilidad de los suelos, lo que favoreció la producción de alimentos y la disponibilidad nutricional. Sin embargo, «los entornos húmedos también facilitaron la proliferación de infecciones y parásitos, lo que mantuvo elevados los riesgos para la infancia», enfatiza el antropólogo.

Según el investigador, el análisis también mostró que los asentamientos ubicados en zonas centrales tenían mejores condiciones de acceso a alimentos y recursos, mientras que las poblaciones periféricas enfrentaban mayores dificultades, lo que se reflejaba en una mayor mortalidad infantil.

Además, aunque algunos niños eran enterrados con objetos como cuentas, cerámica o elementos rituales, la mayoría no tenía ajuar funerario, lo que evidencia diferencias sociales desde edades tempranas.

Más allá del pasado, el estudio plantea que la infancia es una ventana para entender los cambios sociales y de salud en las sociedades. «Los niños permiten leer cómo se configuran las condiciones de vida de una población. Lo que ocurre en la infancia tiene efectos en toda la trayectoria de vida», concluye el investigador.

Comprender estas dinámicas en sociedades antiguas permite identificar cómo factores ambientales, sociales y culturales han influido históricamente en el desarrollo infantil, muchos de los cuales siguen presentes, aunque bajo otras formas, en las poblaciones actuales.

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