El ejercicio físico mejora los tratamientos de cáncer infantil

Practicar ejercicio físico no solo es seguro para los niños y los adolescentes con cáncer, sino que puede aportar beneficios importantes durante su tratamiento y también una vez que este finaliza. Así lo ha confirmado una última revisión liderada por la Universidad de Almería y publicada en British Journal of Sports Medicine, la revista científica más prestigiosa del mundo en el ámbito de la medicina del deporte.

El estudio ha sido realizado por el grupo de investigación ‘SPORT Research Group’ (CTS-1024) de la UAL, con la participación de varios investigadores de la propia universidad y colaboradores externos. El objetivo ha sido sintetizar de forma rigurosa toda la evidencia científica disponible sobre el papel del ejercicio en el cáncer infantil, centrándose exclusivamente en revisiones sistemáticas con meta-análisis y evaluando su calidad metodológica.

Un análisis exhaustivo de la evidencia científica disponible

La investigación ha analizado 19 revisiones sistemáticas con meta-análisis, que incluyen 53 estudios primarios y un total de 2.361 participantes. Además, incorpora la evaluación del grado de certeza de la evidencia mediante el sistema GRADE, lo que permite determinar no solo si el ejercicio funciona, sino con qué nivel de confianza pueden interpretarse sus efectos.

Los resultados muestran que el ejercicio físico mejora la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza muscular, la movilidad funcional, la fatiga asociada al cáncer y algunos parámetros cognitivos. Sin embargo, no se han observado efectos significativos sobre variables como la depresión, la densidad mineral ósea, la calidad de vida, la composición corporal o el riesgo de recaída y mortalidad.

Un aspecto clave del estudio es que la mayoría de los resultados se basan en evidencia de baja calidad, lo que indica la necesidad de realizar investigaciones más sólidas para confirmar estos efectos con mayor certeza.

El ejercicio como tratamiento complementario en oncología pediátrica

Los investigadores señalan que en los últimos años ha crecido el interés por el ejercicio físico como tratamiento coadyuvante en niños y adolescentes con cáncer. Sin embargo, hasta ahora los estudios presentaban limitaciones importantes y resultados heterogéneos, sin una evaluación sistemática del nivel de calidad de la evidencia.

En este sentido, el trabajo aporta una visión más clara sobre qué se sabe realmente y con qué grado de confianza puede afirmarse. A corto plazo, los resultados refuerzan la idea de que el ejercicio debe integrarse como un componente relevante del abordaje integral del cáncer pediátrico, siempre adaptado y supervisado por profesionales cualificados.

Base para futuros tratamientos y protocolos clínicos

A medio plazo, los autores destacan que este estudio puede servir como base para la incorporación de programas de ejercicio en los protocolos asistenciales de oncología pediátrica. Además, al identificar lagunas en la investigación, se abren nuevas líneas de estudio orientadas a fortalecer las recomendaciones clínicas en este ámbito.

En conjunto, la investigación consolida el papel del ejercicio físico como una herramienta complementaria prometedora para mejorar los tratamientos del cáncer infantil y la recuperación de los pacientes, contribuyendo a un abordaje más integral y personalizado de la enfermedad.