Cabo de Gata contamina casi como un coche

Cabo de Gata contamina casi como un coche

Equipo para medir la emisión de gases de efecto invernadero en Cabo de Gata.
Equipo para medir la emisión de gases de efecto invernadero en Cabo de Gata.

Los ecosistemas áridos como los del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar emiten más dióxido de carbono del que son capaces de atrapar. Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Granada ha detectado que el entorno funciona como fuente de gases de efecto invernadero, debido al proceso de ventilación subterránea y afecta al cambio global

Hasta ahora, los investigadores estaban seguros del papel que ecosistemas como la tundra, los bosques, los humedales o los desiertos se encargaban de atrapar CO2 y liberar oxígeno.

Sin embargo, no se conocía muy bien cómo era el intercambio de gases de efecto invernadero en los entornos áridos. Pues se acaba de demostrar que el estrés hídrico al que se ven sometidos y el efecto del viento los convierte en una fuente emisora de CO2.

Este fenómeno se debe a la actividad biológica que se desarrolla en el subsuelo, que libera aire cargado de CO2 en épocas en las que el suelo está muy seco y es azotado por el viento.

Cabo de Gata, fuente de gases de efecto invernadero

El sitio experimental del trabajo es un espartal semiárido situado en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar (Almería) en el que los investigadores han registrado datos de CO2 durante seis años mediante una técnica usada internacionalmente (técnica eddy covariance o covarianza de remolinos), junto con sensores subterráneos de CO@ y medidas micrometeorológicas.

La creencia mayoritaria en la comunidad científica era que el balance de gases de efecto invernadero de los ecosistemas semiáridos es neutro, es decir, que la cantidad de CO2 que es absorbido mediante la fotosíntesis que realizan las plantas es compensado con la cantidad emitida a través de la respiración de animales, microorganismos y plantas.

Sin embargo, este estudio demuestra que hay grandes cantidades de CO2 acumulados en el subsuelo y que en determinados momentos pasan a la atmósfera por el proceso de ventilación, lo que provoca emisiones adicionales de gases de efecto invernadero, especialmente CO2.

Un kilo de CO2 por metro cuadrado

Concretamente, los resultados de esta investigación confirman que durante los últimos seis años (2009-2015) este “espartal” ha emitido en torno a 1 kg de C por metro cuadrado. Según los investigadores, esta gran emisión de CO2 no puede ser debida a la actividad biológica del ecosistema, dado que nos encontramos en una zona donde hay un gran estrés hídrico y una limitación de nutrientes, lo que hace que la actividad biológica de microorganismos, animales y plantas sea muy baja. La hipótesis es que el C se transporta subterráneamente desde otros sitios con mayor actividad biológica.

Aunque se necesitan más investigaciones para conocer mejor los procesos que componen el ciclo del C en los ecosistemas áridos, los investigadores que han realizado el estudio concluyen que “los resultados obtenidos constituyen un gran avance en el conocimiento del ciclo de C de las regiones áridas, señalando su gran complejidad y su posible relación con el movimiento subterráneo de agua y de aire”.

“En un contexto de cambio climático, esta situación afectaría negativamente al calentamiento global, dado que una parte de los ecosistemas naturales, en lugar de absorber el CO2 emitido a través de la quema de combustibles fósiles, estarían añadiendo CO2 a una atmosfera donde los GEI no paran de aumentar” concluye el investigador Francisco Domingo Poveda, de la Estación Experimental de Zonas Áridas.

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