Bajan las emisiones contaminantes pero la calidad del aire no mejora: el polvo sahariano es el responsable

Europa lleva años reduciendo las emisiones procedentes del transporte, la industria y los hogares gracias a normativas ambientales cada vez más estrictas. Sin embargo, la calidad del aire no mejora al mismo ritmo. Un estudio publicado en Nature y liderado por el Paul Scherrer Institute (Suiza), con participación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), señala al polvo sahariano como uno de los principales responsables de este fenómeno.

Episodio de calima provocado por la llegada de polvo sahariano.

La investigación demuestra que la presencia de estas partículas en la atmósfera europea ha aumentado entre un 10 y un 25% durante la última década, una tendencia que los científicos relacionan con el cambio climático y que amenaza con reducir parte de los beneficios obtenidos gracias a la disminución de la contaminación de origen humano.

El trabajo combina datos de más de un centenar de estaciones distribuidas por toda Europa y revela que la concentración media de polvo del desierto alcanza los 5,3 microgramos por metro cúbico (µg/m³) en el sur del continente, más del doble que en el centro y norte durante determinados episodios. España figura entre los países más expuestos a este fenómeno. De hecho, Xavier Querol, investigador del IDAEA-CSIC y coautor del estudio, explica que «en España, aproximadamente un tercio del año tenemos episodios africanos y, en una proporción importante, se puede superar el valor límite diario de protección a la salud de partículas en suspensión».

El cambio climático está aumentando el polvo del Sáhara

Los investigadores atribuyen este incremento a la alteración de la circulación atmosférica, que favorece la llegada de masas de aire africanas hacia Europa, así como a la mayor sequedad que experimentan algunas regiones del norte de África. Esa combinación incrementa las emisiones de polvo y facilita su transporte hacia el continente europeo.

«Nuestros conocimientos actuales sugieren que el aumento del polvo del desierto se ve facilitado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero y el calentamiento global asociado. Esto provoca condiciones más secas en ciertas regiones y la expansión de los desiertos», afirma Kaspar Dällenbach, investigador del Paul Scherrer Institute y autor principal del trabajo.

Aunque el estudio analiza una tendencia continental, sus efectos son especialmente visibles en España. Según explica Querol, los vientos alisios suelen transportar el polvo africano hacia el Caribe, afectando principalmente a Canarias. Sin embargo, determinadas situaciones meteorológicas, como la presencia de un anticiclón sobre el norte de África o una baja presión cerca del cabo de San Vicente, desvían esas masas de aire hacia la Península Ibérica.

La frecuencia de estos episodios alcanza el 40% de los días del año en Canarias, alrededor del 35% en el sur peninsular y entre el 25 y el 30% en el noreste de España. Además, algunos episodios llegan a ser extraordinariamente intensos. «Hablamos de episodios que pueden ser extremadamente agudos. La Directiva Europea sugiere no superar los 50 µg/m³ diarios de partículas inferiores a los 10 micrómetros, las PM10. Sin embargo, durante episodios severos hemos llegado a registrar 3.000 µg/m³ de PM10 en Almería, y más de 1.000 µg/m³ en el centro de Iberia», señala el investigador del IDAEA-CSIC.

Un obstáculo para mejorar la calidad del aire

El aumento del polvo sahariano preocupa porque puede frenar los avances logrados tras años de reducción de emisiones contaminantes. Además, estas intrusiones no solo transportan partículas minerales procedentes del desierto. Como advierte Querol, «estas partículas de polvo no viajan solas, sino que también pueden arrastrar contaminantes de las plantas industriales del norte de África, cuyos límites, en cuanto a emisiones, son mucho más permisivos que en Europa».

Los efectos sobre la salud tampoco son nuevos. Un estudio publicado en 2008 por el IDAEA-CSIC junto con el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ya relacionó los episodios de polvo africano con un aumento de la mortalidad respecto a los días sin estas intrusiones. Aunque el origen de estas emisiones es natural, los investigadores subrayan que su incremento está favorecido por el calentamiento global provocado por la actividad humana.

Sistemas de alerta para proteger a la población

Ante esta situación, los autores consideran necesario extender a toda Europa sistemas de alerta similares a los que ya existen para los episodios de contaminación urbana, de forma que las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares puedan adoptar medidas preventivas cuando se prevean concentraciones elevadas de polvo sahariano.

España ya dispone de una herramienta de este tipo. Desde 2001, el IDAEA-CSIC y el CIEMAT mantienen, mediante un convenio con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, un sistema de alerta temprana que envía previsiones con 24 horas de antelación a más de 250 organismos, entre ellos redes de vigilancia de la calidad del aire, hospitales y sociedades de alergología.

Según concluye Querol, estas alertas también podrían servir para adoptar medidas temporales de reducción de las emisiones contaminantes de origen humano durante los episodios de polvo africano, compensando así el incremento de partículas en suspensión y limitando sus efectos sobre la salud.