Un descenso en la humedad del aire y un fuerte sequía puso en jaque a la España romana

De la época romana quedan calzadas, el maravilloso teatro de Mérida, el acueducto de Segovia y cientos de vestigios más, que permiten reconstruir un pasado esplendoroso que vertebró el territorio. Sin embargo, de lo que no se sabe mucho es del ambiente que tuvieron en esa época, de las condiciones de humedad en el aire y sequías. Un equipo de investigadores de las universidades de Almería, Granada y Pablo de Olavide arroja luz sobre las condiciones de humedad en el aire de la Península Ibérica entre los años 650 a.C. y 500 d.C.

Fernando Gázquez y miembros de su equipo toman muestras en la Laguna Grande de Archidona.

A partir del estudio de isótopos de oxígeno e hidrógeno en yeso de los sedimentos de la Laguna Grande de Archidona, en la provincia de Málaga, han podido reconstruir el grado de evaporación del agua y la humedad atmosférica en el pasado. Y han descubierto que durante la época romana se vivieron sequías y periodos de poca humedad que golpearon con dureza a la producción de alimentos.

Los resultados muestran que los cambios en la humedad atmosférica en esta región durante la Edad del Hierro y el periodo romano estuvieron estrechamente vinculados a la Oscilación del Atlántico Norte, un patrón atmosférico a gran escala que sigue influyendo en el clima de la península ibérica en la actualidad. Además, se convierten en un elemento a tener en cuenta para mejorar las previsiones climáticas futuras en el contexto de calentamiento global.

Las sequías que golpearon a la España romana

En las marcas dejadas en los yesos, el equipo liderado por el investigador de la Universidad de Almería, Fernando Gázquez, ha identificado un cambio en el patrón climático de la Península Ibérica. A partir del siglo III antes de Cristo, justo antes de la conquista romana de la Península, la humedad estival descendió hasta valores cercanos al 50 por ciento. Nada que ver con la etapa benévola que se había tenido hasta este momento.

Durante el Imperio romano, la situación se estabiliza, pero sin volver a los niveles más altos de épocas anteriores. Ya en los siglos IV y V después de Cristo, coincidiendo con la decadencia del Imperio romano de Occidente, el estudio detecta dos episodios claramente más secos, con humedades similares o incluso inferiores a las actuales.

Muestras de sedimentos analizados en este estudio.

Los investigadores no se atreven a relacionar directamente este cambio en la humedad del ambiente con la caída del Imperio, pero apuntan que “estos descensos prolongados de humedad pudieron aumentar el estrés sobre los ecosistemas y los sistemas agrícolas”.

Este estudio enlaza con uno publicado por este mismo equipo de investigación, donde se detallaba la contribución de los romanos a la desecación de algunas zonas de la Península Ibérica.

La Edad del Hierro fue generosamente húmeda

En contraste con el periodo romano, la Península Ibérica vivió una etapa generosamente húmeda durante la Edad del Hierro. Las marcas encontradas en el yeso permiten a los investigadores dibujar un paisaje mucho más verde que el actual. La humedad estival en el sur fue hasta un 10 por ciento mayor que la actual, con unos valores que rondaban el 60 por ciento, frente al 50 por ciento típico de hoy.

Ese periodo coincide con lo que otros estudios llaman el Periodo Húmedo Íbero Romano temprano, una etapa favorable para la agricultura y el desarrollo de las comunidades ibéricas. “Nuestros datos confirman que no solo llovía más, sino que el aire era objetivamente más húmedo”, señala el equipo que firma este estudio.

Laguna Grande, en Archidona.

La Oscilación del Atlántico Norte tuvo la culpa

Uno de los hallazgos más interesantes es la conexión entre la humedad y la Oscilación del Atlántico Norte, un patrón atmosférico que todavía hoy determina si el sur de Europa será más seco o más húmedo. Cuando esta oscilación se encontraba en fase positiva, las masas de aire húmedo se desplazaban al norte y el sur de la Península se secaba. En fases negativas, ocurría lo contrario.

La relación es clara: más fuerza del anticiclón de las Azores, menos humedad en el sur ibérico”, explican los investigadores. Y lo más inquietante es que los modelos climáticos actuales apuntan a que esta configuración seca podría intensificarse en el futuro.

Este estudio no solo reconstruye el pasado, también lanza un mensaje hacia adelante. Si hace dos mil años variaciones relativamente pequeñas en la circulación atmosférica bastaron para cambiar la humedad durante décadas, el calentamiento global actual podría amplificar esos efectos.

El yeso del fondo de la Laguna Grande de Archidona se ha convertido en una cápsula del tiempo, que permite acercarse al clima del pasado, para relacionarlo con acontecimientos históricos y entender cómo se vivió en la Peninsula ibérica en tiempos de los iberos y los romanos.