Una investigadora de la UNED estudia el uso de la termografía como complemento a los análisis convencionales de detección del cáncer de mama. Aparte de su bajo coste y de que no deja huella radiactiva, mejora la detección de algunos tumores en mujeres más jóvenes que pasan desapercibidos.

Al cumplir los 50 años, las mujeres incorporan un término más a su historial médico: la mamografía. Realizada cada dos años, esta prueba de cribado para la detección precoz del cáncer de mama ha servido para salvar la vida a miles de mujeres, sin embargo, aunque se trata de un estudio bastante efectivo, todavía puede mejorarse con la incorporación de otras técnicas complementarias.
La investigadora de la UNED, Ane Goñi, ha analizado las posibilidades de la termografía como complemento para la detección del cáncer de mama. Y no solo eso, sino que también desarrolla una aplicación basada en inteligencia artificial, para el análisis automático de las imágenes térmicas obtenidas con esta técnica, que faciliten el trabajo de los facultativos y mejoren los procesos de cribado de esta enfermedad.
Qué es la termografía, una técnica complementaria para detectar el cáncer de mama
La termografía es una práctica empleada desde los años 50 y 60 del siglo pasado. En ella se emplean cámaras infrarrojas, que construyen una imagen donde se puede observar la temperatura corporal de manera muy detallada. Esta precisión es la que permite identificar los tumores, incluso en fases muy tempranas.
Esta técnica se dejó de lado porque, a pesar de que sus resultados eran buenos, no ofrecía la precisión que las mamografías y también porque cada una de las imágenes tenían que ser analizadas de manera manual, lo que inducía a muchos errores a la hora de identificar los posibles tumores.
Sin embargo, el avance de la tecnología de imágenes térmicas y, sobre todo, las posibilidades de análisis de imágenes que ofrecen los sistemas de inteligencia artificial, están revitalizando esta técnica.
Ane Goñi ha examinado el potencial de la termografía en la detección de tumores de mama. Para ello ha realizado una revisión sistemática y un análisis de la literatura científica, que le permite afirmar que la termografía podría convertirse una gran aliada para la detección precoz del cáncer de mama. Es más, afirma que incluso podría cambiar la manera en la que se hacen los cribados, porque permitiría reducir el tiempo entre revisión y revisión, así como iniciar con seguridad el cribado antes de los 50 años, como ya se plantea en algunos foros médicos.
Ventajas de complementar la detección del cáncer de mama con termografía
La termografía se presenta como un herramienta adicional para la detección de tumores, que además plantea una serie de ventajas con respecto a las mamografías actuales. La termografía es una técnica de bajo coste, que se realiza con un equipo relativamente barato; no es nada invasiva, ya que bastaría con la toma de una imagen de las mamas, que vendría a ser casi como hacerse una imagen con el móvil; y un aspecto muy a tener en cuenta es que en las termografías no se utiliza radiación ionizante como sí ocurre en las mamografías, de manera que presenta ningún riesgo adicional para las mujeres que se realizan estas pruebas; además, es apta incluso también para mujeres embarazadas y las mujeres con prótesis mamarias.
Otra ventaja que hace de la termografía una técnica complementaria muy interesante radica en que sus resultados no se ven afectados por la densidad mamaria, un factor que limita la eficacia de las mamografías en mujeres jóvenes.
Cómo se detectan los tumores con termografía
Los procesos cancerosos se caracterizan por un crecimiento del número de células descontrolado, mucho más elevado de lo normal. Se trata de un metabolismo que genera calor. Y además, para que se pueda llevar a cabo esa división de células tan acelerada, se necesitan un riego sanguíneo mayor, así como la creación de vasos sanguíneos nuevos. «Todos estos procesos metabólicos generan calor, que queda reflejado en la imagen térmica, y nos permite identificar el tumor», explica Ane Goñi.
Por contra, los mamógrafos actuales analizan la densidad de los tejidos, y los tumores se identifican porque presentan una densidad mayor. Sin embargo, esta técnica pierde precisión cuando la paciente es una mujer joven y presenta unas mamas más densas, que dificultan la identificación de un posible caso de cáncer.
Un técnica con potencial para el precribado
El verdadero potencial de la termografía viene de la mano de las aplicaciones basadas en inteligencia artificial. Esta tecnología permite el análisis de estas imágenes en cuestión de segundos y con un margen de error realmente reducido. Y da pie al desarrollo de aplicaciones de precribado, que clasifiquen las imágenes en tres grupos: la de mujeres que claramente no tienen tumor; las que claramente sí lo tienen; y las que generan ciertas dudas, que pasarían a ser estudiadas por los facultativos, a fin de determinar si realmente existe o no un cáncer de mama.
«Los algoritmos de aprendizaje automático permiten procesar grandes volúmenes de datos térmicos de manera rápida y precisa, identificando patrones anormales que podrían pasar desapercibidos para los observadores humanos. Esto no solo mejora la eficiencia en el diagnóstico, sino que también podría facilitar el acceso a la tecnología en regiones con escasez de personal especializado», explica Ane Goñi.
Por el momento, esta investigadora de la UNED ultima el desarrollo de su aplicación para el procesado de imágenes térmicas. Entrena su algoritmo con imágenes de bases de datos médicas disponibles para la comunidad y también de pacientes reales facilitadas con centros hospitalarios que colaboran en su investigación. Todo con el objetivo de depurar su eficacia y poner a disposición de la comunidad médica una herramienta que ponga en valor todo el potencial de la termografía para detectar casos de cáncer.














