Rompen un mito sobre la fatiga mental: pensar mucho antes de hacer deporte no reduce el rendimiento

Durante años, en las ciencias del deporte se ha dado por hecho que realizar una tarea mental exigente antes de entrenar o competir perjudica el rendimiento físico. Sin embargo, una serie de investigaciones dirigidas por Darías Holgado, doctor por la Universidad de Granada (UGR) e investigador de la Universidad UniDistance de Suiza, en colaboración con Daniel Sanabria, científico del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la UGR, desmontan esa idea.

Sus estudios concluyen que el esfuerzo mental previo al ejercicio no tiene un efecto negativo sobre la fisiología del esfuerzo, la percepción subjetiva del mismo ni el rendimiento deportivo, cuestionando una de las hipótesis más aceptadas en la psicología del deporte.

La fatiga mental es mucho más que sentirse cansado

El trabajo experimental más reciente aporta además un hallazgo que va más allá del rendimiento físico. Según explican los investigadores, la experiencia psicológica que acompaña a una tarea cognitivamente exigente es mucho más rica y compleja de lo que tradicionalmente se ha medido.

«Aunque los participantes del experimento sí reportan sensaciones de cansancio mental tras la tarea demandante a nivel cognitivo, la experiencia no se reduce simplemente a sentirse fatigado. Mientras se esfuerzan mentalmente, las personas muestran una mezcla cambiante de estados psicológicos como aburrimiento, concentración, esfuerzo, frustración o divagación. Dichos estados varían con el tiempo y difieren entre individuos», argumentan Darías Holgado y Daniel Sanabria.

Este resultado cuestiona décadas de investigaciones centradas casi exclusivamente en medir el nivel de fatiga tras realizar tareas mentales intensas.

¿Y si la fatiga mental no fuera la verdadera explicación?

La literatura científica había asumido que el cansancio era la consecuencia más importante del esfuerzo cognitivo. Sin embargo, los investigadores consideran que este enfoque puede haber condicionado los propios resultados obtenidos hasta ahora.

Tal y como señalan Holgado y Sanabria, «quizás estemos ante un caso de ‘profecía autocumplida’: es decir, la hipótesis es que el esfuerzo mental produce cansancio; al preguntarle por su nivel de agotamiento tras realizar la tarea demandante, la persona me dice que está fatigada mentalmente; ergo, cualquier efecto posterior que mida se debe a ese desgaste mental».

En otras palabras, si únicamente se pregunta por la fatiga, es probable que se esté dejando fuera una parte importante de la experiencia psicológica que acompaña al esfuerzo mental.

Aburrimiento, motivación o frustración también influyen

Los científicos sostienen que reducir toda la experiencia al cansancio impide comprender qué ocurre realmente cuando una persona realiza una tarea cognitivamente exigente.

«Sin embargo, el rendimiento también puede verse influido por otros factores como la motivación, el aburrimiento o el hartazgo. En otras palabras, realizar un desempeño mental induce múltiples estados psicológicos que influyen, más allá del posible efecto de la fatiga», exponen Darías Holgado y Daniel Sanabria.

Estos estados aparecen de forma dinámica, cambian durante la realización de la tarea y no afectan por igual a todas las personas, lo que abre nuevas líneas de investigación sobre la relación entre cognición, deporte y rendimiento humano.

Un cambio de enfoque para estudiar el rendimiento deportivo

A la luz de estos resultados, los investigadores proponen replantear la forma en la que se estudia el impacto del esfuerzo mental sobre el rendimiento.

En lugar de centrar toda la atención en el cansancio mental, sugieren analizar de manera conjunta las diferentes experiencias psicológicas que aparecen durante este tipo de actividades. Este enfoque permitiría comprender con mayor precisión cómo interactúan variables como la concentración, la motivación, la frustración o el aburrimiento y cuál es su verdadero papel sobre el rendimiento físico.

Para los autores, este cambio de perspectiva podría tener importantes implicaciones para futuras investigaciones en psicología, ciencias del deporte y rendimiento humano.

«Después de todo, la mente rara vez funciona de forma tan simple como pensamos», concluyen los científicos de la Universidad de Granada.